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La presencia del nagual en el sueño mexica

Miami

Por Batia Cohen
La presencia del nagual en el sueño mexica | Letra Urbana

En el magnífico mundo extrasensorial de la cultura mexica, los sabios chamanes, mediante sus experiencias oníricas, auguran el futuro, se comunican con los dioses y recrean la muerte para poder renacer.

En 1519 Hernán Cortés vislumbra por primera vez la ciudad mexica (azteca) de Tenochtitlan. Pasa por entre los volcanes por el hoy llamado Paso de Cortés, observa una metrópolis con una red de avenidas y canales de agua y planea someter y sacar provecho de estas tierras. El conquistador no imagina que los mexicas han soñado con su arribo, que los sacerdotes interpretan sueños y profetizan el encuentro con un ser extraño, y no sabe que los adivinos experimentan visiones extrasensoriales, donde se distingue claramente el futuro y la destrucción de la civilización náhuatl.

Para los mexicas la noche es un momento donde todo es posible. La oscuridad lo cubre todo con su manto misterioso. El mexica se repliega en su pequeña choza, el hombre se entumece encima de su petate, atisba el fuego en el centro del hogar y le reza a sus ídolos antes de someterse al sueño. Le teme, es un momento de incertidumbre. La tiniebla invita a los dioses y demonios a pasear en el entorno, ellos controlan el mundo de los hombres. Durante el sueño, alguno de estos seres puede arrancar la vida.  Las cihuateto, esas mujeres que han muerto durante el parto, vuelven durante la noche, jalan los pies y se roban niños.

Es un nuevo día. Amanece, el sol por fin ha salido, el dios ha vuelto a dar luz. Después de su arduo recorrido por el inframundo, el dios solar decide regresar a la tierra y calentarla. El mexica barre su pequeño jacal, el piso de tierra apisonada apenas si necesita de escoba. En la entrada, una puerta. Afuera el hombre ha divisado las huellas de un animal. Alebrestado, el súbdito del tlatoani, el gobernante mexica, sabe que por la noche lo ha visitado un nagual, un ente que lo ha poseído durante el sueño. Se lo ha llevado a andar entre los bosques, lo ha convertido en jaguar y ha recorrido inmensas extensiones de tierra. El hombre durante la oscuridad se ha transformado en felino; en su alter-ego. Durante la noche el mexica ha tenido el poder de Tezactlipoca, el dios guerrero que es el mismísimo jaguar. Ha tenido la ventaja de adquirir visión nocturna. Al acecho, pacientemente espera, captura, rasga y devora fácilmente a su presa. El instinto animal a flor de piel surge como manantial en desierto.  Un ciervo es desmenuzado en unos minutos por las garras y colmillos del jaguar. Deja las minucias para los carroñeros, los zopilotes.El mexica se siente aliviado de estar vivo, de haber tenido una experiencia extrasensorial, de haber sido elegido, de haber sido deificado durante unas horas. Pero a la vez está desconcertado, temerosos por la incertidumbre, por no recordar nada.

El mexica se siente aliviado de estar vivo, de haber tenido una experiencia extrasensorial, de haber sido elegido, de haber sido deificado durante unas horas. Pero a la vez está desconcertado, temerosos por la incertidumbre, por no recordar nada. Durante el sueño se pierde la memoria, al amanecer no recuerda lo sucedido, solo pequeños atisbos en imágenes alternas en un sueño muy vívido.

Estas creencias siguen vivas hoy. En algunos sitios de México donde todavía se habla náhuatl siguen vigentes estas costumbres ancestrales que han subsistido por distintas circunstancias. En el área de Tepoztlán, Morelos, se usa el verbo náhuatl, hualiza (ni) que quiere decir estar aquí y venir a estar aquí, se usa como sinónimo de despertar, regresar, volver a la realidad (López Austin).

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El tonal, el alma, es algo frágil, puede ser robada, poseída o destruida con facilidad. En algunas localidades los indígenas temen que al tomarles una fotografía su alma será robada y puedan enfermar. Los chamanes o brujos locales tienen el poder de restaurar el tonal, curar ese alma que ha sido dañada por un enemigo o ha ido a parar al inframundo. Estos chamanes elegidos por medios divinos, a veces tocados por un rayo (Mercedes de la Garza), son capaces de curar a base de limpias y conjuros, pero también pueden hacer daño.

El nagual puede convertirse en distintos animales. Como águila, el mexica se transforma en el ayudante del dios solar; como jaguar en el de la guerra; como liebre es asistente del dios del pulque u octli, embriagándose con la bebida extraída del maguey. El nagual puede ser un brujo que se transforma, tiene el poder de hacer conjuros, puede hacer enfermar o curar, puede traer la lluvia o la sequía, puede ser guardián, embaucador o curandero.

Cada ser tiene asignado un nagual desde el día de su nacimiento. El adivino escruta en el libro del Tonalpohualli, determina el animal que corresponde al calendario a cada recién nacido. Se establece una relación entre el hombre y su nagual que durará toda la vida. El nagual es protector, pero también determina el carácter de la persona, su profesión y su futuro. Bajo el auspicio de Tezatlipoca, el hombre será un buen guerrero, bajo el día quiahuitl (el día calendárico de lluvia) el nahual será un guajolote y tendrá una personalidad noble y  generosa.

El nagual del dios Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, patrono de la escritura y de la civilización es Xolotl, su gemelo, el perro dios que tiene la habilidad de viajar al inframundo, y como tal es el creador de la humanidad. Xolotl es un can, desentierra los huesos de las civilizaciones extintas, los recopila y los prepara con su semen y crea una nueva generación de humanos. Cuando el mexica muere, una piedra de jade se coloca en el corazón, en posición fetal una manta lo cubre y es enterrado. El hombre-muerto viaja al otro mundo, su meta es llegar al Mictlán, donde vive y reina la pareja del mundo subterráneo. Un perro se sacrifica para que le haga de acompañante.  El sabueso será su guía y protector y le ayudará a pasar los nueve niveles hasta llegar al sitio de donde Xolotl sacó los huesos de civilizaciones previas y fallidas. El muerto recrea un nacimiento en reversa, nueve niveles, nueve meses de embarazo, un viaje a la matriz original, a las entrañas de la madre tierra. Son nueve los percances que encontrará en su camino: montañas que chocan unas con otras, superficies de navajas de obsidiana, tendrá que soportar temperaturas congeladas y sobrepasar un ataque de flechas. En el misterioso viaje se le aparecerá un jaguar que querrá comer su corazón, para eso le servirá la piedra de jade que lleva, para entregarla en vez del corazón y el perro lo ayudará a cruzar el río recóndito de esos parajes del más allá. Finalmente el muerto llega al sitio eterno donde recreará una nueva vida después de la muerte.

Con ayuda de los sueños, el mexica trata de solucionar los enigmas que se le presentan, explica los fenómenos naturales como respuestas de los dioses.Con ayuda de los sueños, el mexica trata de solucionar los enigmas que se le presentan, explica los fenómenos naturales como respuestas de los dioses. Las deidades se disgustan, traen los males, desastres naturales, enfermedades y plagas. Oxomoco y Cipactonal, dioses creadores originarios han creado, antes que Freud, el arte de interpretar los sueños. Ellos son temiquiximati, los que tienen el conocimiento de los sueños, usan sus libros adivinatorios, entran en trance y entienden los sueños de otros.

Los curanderos son especialistas en revivir los sueños, usan plantas psicotrópicas y hongos alucinógenos que les permiten “soñar” e interpretar el futuro. Vuelan en el mundo divino, se comunican con los dioses, buscan respuestas para los males y curan a los enfermos. Los sacerdotes se introducen en una calma divina, inducen un sueño profundo y recrean la muerte para poder renacer. Proponen regresar a este mundo regenerados como hombres sagrados. Conversan con deidades y ancestros muertos hace siglos, éstos les instruyen y les comunican el futuro. Los misioneros católicos que llegaron a México durante el siglo XVI registran testimonios de personas que experimentaron estos trances. Una señora que se dice estuvo muerta por tres días, habló con sus antepasados quienes le otorgaron los instrumentos para la adivinación: una aguja para autosacrificio y una jícara, el recipiente de calabaza que le sirve para las libaciones. Después de esta experiencia la mujer se dedicó a ser curandera en el México colonial.

Los sueños para el mexica son realidades, premoniciones, profecías. Con ayuda de los sueños se puede vislumbrar el futuro, prevenirlo, aceptarlo. Un padre sueña que se le caen los dientes, mal agüero… sus hijos pronto morirán.  Otro sueña  que vuela… significa que él va a morir.

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Huitzilopochtli, el dios patrono de los mexicas, se comunicó con sus seguidores a través del sueño, les ordenó que salgan de su antigua y legendaria Aztlán en busca de otras tierras. Tenoch, el líder de ellos, lo escuchó durante la noche mientras duerme, siguió las instrucciones del dios y dirigió a su gente en una peregrinación que tardó años, hasta llegar al sitio donde está la señal, la famosa águila devorando una serpiente, y allí se asentaron y fundaron su ciudad, Tenochtitlan.

 

Moctezuma Xocoyotzin, el gran tlatoani (gobernante), sabe controlar a su nagual. El jefe mexica puede transfigurarse a su parecer en su alter-ego animal para tener poderes de adivinación y vaticinio. Quiere confirmar su linaje y requiere la ayuda de sesenta sacerdotes y hechiceros para que con sus poderes sobrenaturales logren encontrar Aztlán, el sitio original de donde provienen los mexicas. Estos agoreros tienen el trabajo de encontrar también las siete cuevas del origen de la humanidad, Chicomoztoc. Los sabios llevan a cuestas regalos para los dioses; mantas lujosas, piedras preciosas y cacao, en especial para la diosa madre, Coatlicue, diosa terráquea que amamanta al mundo, la madre del colibrí del sur, Huitzilopochtli. Hacia allá se encaminan los brujos, hacia una tierra desconocida, sitio de las leyendas de los viejos, lugar de origen idealizado, rememorado y honrado, el asentamiento de los ancestros. Con la ayuda de sustancias psicotrópicas, peyote, ololiuqui y carcoma emprenden un viaje mágico hacia la inmensidad. La vastedad de este mundo fantástico, el mas allá se les presenta en la forma de una gran montaña de arena donde un viejo los recibe invitándolos a subir…Los sueños para el mexica son realidades, premoniciones, profecías. Con ayuda de los sueños se puede vislumbrar el futuro, prevenirlo, aceptarlo.

Un paso, otro paso; los sacerdotes empiezan el ascenso, se hunden en la tierra. Mientras, el viejo va y viene; de pronto es joven, y de repente es viejo. En este sitio existe la inmortalidad. La diosa Coatlicue ya los espera; tardan en subir. Se presentan frente a ella. La diosa de la tierra añora a su hijo perdido, llora por él; ese Huitzilopochtli que tiempo atrás se fue para liderar a los mexicas y que nunca regresó. Coatlicue no acepta los regalos que Moctezuma ha mandado, a cambio obsequia a los nigromantes taparrabos de henequén, sencillos y ásperos para que le lleven al dios Huitizlopochtli, su hijo. Regresan los adivinos de esta travesía inconcebible, recuentan lo ocurrido, las experiencias vividas, el sueño es real. Para ellos ha sido un recorrido por la tierra de los dioses, donde han visitado un mundo donde rige la eternidad. Visitaron el Tlalocan, lugar de la abundancia. Han visto con sus ojos a Coatlicue, la madre de la humanidad. La experiencia onírica, no es un abismo intransigente, se ha convertido en un momento místico que verifica la presencia sagrada de las deidades en el universo humano y justifica el mandato divino de Moctezuma.

Los chamanes actuales recurren a las mismas técnicas para entrar en trance; dominan los aires, viajan al inframundo, frecuentan el Tlalocan, esa especie de paraíso, para regresar regenerados, hombres nuevos que renacen y adquieren el poder de curar y augurar.

Al igual que el faraón bíblico que sueña con las vacas gordas y flacas, los gobernantes en el antiguo México tenían ese poder de ver el futuro. Tezozomoc de Azcapotzalco vio, mientras dormía, que un águila le devoraba el corazón. Acto seguido soñó que un jaguar le chupaba la sangre que emanaba de su cuerpo y le desgarraba los pies. Sus súbditos interpretadores de sueños le pronosticaron que Nezahualcóyotl, el príncipe chichimeca, destruiría Azcapotzalco, que tendría la astucia del águila y la fuerza del jaguar para hacerlo. Tezozomoc antes de morir dejó instrucciones de asesinar a Nezahualcóyotl antes de que esto sucediera. La historia va más allá del simple sueño, pero muestra como las civilizaciones antiguas seguían auspicios fundados en  percepciones del subconsciente.

Muchas de las historias mexicas están basadas en apariciones y experiencias extracorporales. Lo esotérico se confunde con la historia; lo místico y religioso se politiza. Moctezuma Ilhuicamina, el último gobernante de Tenochtitlan, escucha con detenimiento los presagios: Su magnánima ciudad de Tenochtitlan será destruida y su población aniquilada. Llegan noticias de seres extraños que arriban a las costas de Veracruz, creen que estos seres son deidades, por un instante piensan que Quetzalcóatl regresa como había prometido, en la memoria colectiva había quedado la leyenda que la serpiente emplumada se había ido en una barca hacia el inmenso océano y que regresaría en el año Ce Acatl, Uno Caña, 1519.

Ese año los españoles desembarcaban en el continente y Hernán Cortés avanza hacia el centro de lo que hoy es México con el único fin de conquista. Moctezuma consulta constantemente con sus sacerdotes, ellos leen el futuro, uno advierte un cometa en el firmamento, otro vaticina que vendrán tiempos malos, uno más sueña con un río caudaloso que se desboca y a su paso arrastra todo. Tenochtitlan es devastada, no por el agua, sino por el fuego, por la única guerra que existe, llena de crueldad y  violencia. Atl tlachinolli, agua y fuego, agua que se quema, que se vuelve sangre, símbolo ancestral de la guerra sagrada. Agua y fuego… El presagio no los preparó para lo que les esperaba. El reino mexica sucumbió a la fuerza de las armas europeas en el año 1521 y con ello los sueños mexicas durmieron en el interior de la tierra.

De vez en cuando resurgen sueños mexicas; a veces se les escucha en alguna aldea lejana, un chamán cura milagrosamente a un enfermo, una curandera como María Sabina se convierte en celebridad y un mexica renace.

Artículo por:

Batia Cohen

Batia Cohen
México-Miami. Diseñadora Gráfica. Historiadora del arte. Doctora experta en Estudios Mesoamericanos. Ha escrito artículos en revistas especializadas e impartido cursos de arte prehispánico en Florida International University (FIU). Actualmente es profesora de arte en el instituto para adultos Osher (OLLI) en Miami. 

3 comentarios

  • bb says:

    Debería redactar mejor el verdadero sentido cosmogónico, algunos significados de las deidades están mal traducidos

  • Batia Cohen says:

    Las deidades a las que se refiere el artículo están mas bien descritas en un amplio sentido. Sus atributos específicos y sus distintas acepciones podrían ser tema de un estudio más minucioso. Sin embargo, la meta de este escrito es dar a conocer al público en general una idea de lo que es la cultura mexica en cuanto a los sueños se refiere. Le agradezco su comentario.

  • Alec says:

    Hola parecere mal d mi cabeza pero siempre e percibido cosas q no son d este mundo y d unos años para aca he tenido contacto con un nahual (perro negro enorm) y suele aparecer antes d situaciones d duelo o x decir va a parsar algo, m explicaron q es mi animal guia pero a veces es muy dificil confrontarlo, pues m resulta muy incomodo verlo. Alguien m puede ayudar a trabajar esto y asi poder interpretar lo q m comunique.

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