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La magia. Eficacia de un arte milenario

Buenos Aires

Por Federico Ludueña

La magia. Eficacia de un arte milenario | Letra Urbana
Gearstd

Un arte que puede seguir sorprendiéndonos con los mismos efectos que asombraron al faraón Keops y al público de todos los tiempos.

Desde hace unos años, la magia teatral se ha estado trasladando con frecuencia de los escenarios a los laboratorios de neurociencia. Es cierto que éste es un hecho curioso, pero en realidad es más curioso que no haya sucedido antes.

La magia teatral es probablemente una de las disciplinas artísticas más antiguas. El papiro de Westcar, a cobijo en las salas menos iluminadas del Museo Egipcio de Berlín, fue escrito unos mil quinientos antes de Cristo y relata hechos supuestamente acaecidos unos dos mil quinientos años antes de Cristo. En ese papiro están documentadas las hazañas del mago Dedi frente al faraón Keops. Las proezas descriptas refieren la decapitación y vuelta a la vida de animales, tales como un ganso o un toro. Sabemos que la decapitación del ganso es posible con un método simple de la magia.

Para la realización de un efecto mágico pueden utilizarse elaborados artefactos y un plantel de bailarines, un accidente geográfico como un río o una montaña, la Estatua de la Libertad, una moneda, o ningún elemento en absoluto, como ocurre en el mentalismo que es la magia de la mente. Además, lo que ocurra a los elementos involucrados también varía considerablemente. El malabarismo o el origami -artes aliadas de la magia- producen admiración por el efecto de lo muy difícil. La magia produce asombro por presentar lo imposible. Los objetos pueden aparecer, desparecer, cambiar, viajar de un sitio a otro, romperse y recomponerse, levitar o suspenderse en el aire -son cosas distintas-, adoptar formas que no les corresponden, contener otros objetos más grandes que ellos mismos, etc. Todo ello con un solo objetivo: producir la ilusión de lo imposible.

El malabarismo o el origami -artes aliadas de la magia- producen admiración por el efecto de lo muy difícil. La magia produce asombro por presentar lo imposible. Un malabarista genera el aplauso equilibrando un bastón sobre su nariz, un mago logra el aplauso equilibrando un niño apoyado a noventa grados sobre el extremo de un bastón.

El mago francés Jean Eugène Robert-Houdin realizaba esta ilusión con gran éxito a mediados del siglo XIX. Nótese que no sólo el niño no tiene apoyo bajo sus piernas extendidas: tampoco la tabla inferior tiene apoyo bajo el extremo izquierdo. Ese detalle esencial se ha perdido en muchas versiones actuales de esta ilusión.

La magia no necesita la presencia física del espectador para realizarse. Hay magia por televisión, magia por radio, e incluso magia a través de un libro o un artículo de revista como éste. Aunque ustedes estén a la distancia y en otro momento del tiempo, podemos hacer desaparecer una moneda pequeña de diez centavos. Para que no tengan que buscar ningún elemento ahora, hagámoslo desde el monitor de la PC o la pantalla del teléfono celular.La magia hace constante uso de las expectativas previas de los participantes para guiar la percepción por un camino que conducirá al asombro. Observen la cruz y la estrella de abajo. Haremos desaparecer la estrella. Cierren el ojo izquierdo. Dejen el ojo derecho alineado con la cruz. Acerquen vuestra cara a unos veinte centímetros del monitor, manteniendo el ojo derecho alineado con la cruz. Ahora comiencen a alejar la cara del monitor, muy muy despacio. El ojo derecho perfectamente alineado con la cruz. Habrá un punto en que la estrella desaparecerá.

Coloquen una moneda en lugar de la estrella y habrán visto desaparecer una moneda

Aun para quienes están familiarizados con el punto ciego, es impactante ver el blanco de la página donde hace un segundo había una imagen. El fenómeno del punto ciego es objeto de estudio y debate desde hace décadas. Ramachandran, neurocientífico en UCSD, propuso una variante curiosa: en lugar de la estrella, hagan un agujero en un papel (¡no prueben eso en el monitor!). Es todavía más sorprendente.

La magia es la ilusión de lo imposible. Pero, ¿cómo sabemos que algo es imposible? Como espectadores debemos tener previamente una teoría que desafiar para que haya algo imposible.

En el caso de la “Suspensión etérea” de Robert-Houdin, tenemos alguna teoría del equilibrio y la distribución del peso en los objetos. “El niño es un teórico, no un inductivista”, tituló Annette Karmiloff-Smith su ya clásico artículo científico. En él, la investigadora describe experiencias que realizó con niños de diversas edades proponiéndoles equilibrar bloques de madera. Algunos bloques de madera tenían su centro de gravedad equidistante de los extremos, mientras que otros, mediante un peso escondido, lo tenían ubicado cerca de un extremo. Los niños de diferentes edades resolvían o no el problema de equilibrar los bloques de acuerdo a las teorías que ya traían consigo. Entonces, sólo podemos percibir la imposibilidad si tenemos una teoría que la determine. La magia hace constante uso de las expectativas previas de los participantes para guiar la percepción por un camino que conducirá al asombro.

Quizá resulte extraño que David Blaine haya ejecutado por las calles de Nueva York exactamente las mismas hazañas que su lejano antecesor Dedi realizara frente al rey Keops, dos mil quinientos años antes de Cristo en Egipto, como lo relata el papiro de Westcar. Si bien Blaine ha hecho uso de la tecnología moderna en su magia, para lograr mayor impacto no dudó en descabezar una gallina

– como Dedi- frente a una multitud que emitía risitas histéricas y huía despavorida. Luego, claro, recompuso el ave a su condición original.

La magia tiene una raíz ancestral que incluye tanto su efecto como su método. Si Dedi caminara hoy por las calles de Nueva York se sorprendería sin duda con el andar de carruajes metálicos sin caballos, con edificaciones más altas que sus pirámides, pero podría también sorprender y asombrar a los transeúntes cansados y escépticos realizando sus antiguos trucos exactamente como los realizó frente al rey Keops. Ningún otro tipo de artista del Egipto antiguo mantendría su eficacia en el mundo actual.

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Federico Ludueña
Federico Ludueña Buenos Aires. Es psicoanalista y mago. Se formó como artista del misterio en el Magic Castle, centro de la magia mundial ubicado en Los Angeles, California, donde ganó tres Medallas de Bronce en sucesivas Olimpíadas Mágicas. También fue bibliotecario del mencionado establecimiento. Creó el primer curso de magia auspiciado por la UBA, en el Centro Cultural Ricardo Rojas. Es co-autor y co-compilador del libro Ética y magia a través del cine, y suele ser disertante invitado en la Escuela de Cine Eliseo Subiela. Publicó El cerebro mágico a través de Penguin Random House en 2015. Colabora con Genii, la revista de magia de mayor difusión internacional, y con Gibecière, revista estadounidense bianual sobre teoría e historia de la magia. Fue nominado a los premios FISM 2015 (los Oscars de la magia) en la categoría “Teoría y filosofía de la magia”. Doctorando de la UNTREF, su práctica clínica y sus investigaciones académicas han influido en su modo de concebir la magia, y viceversa.Es miembro de APOLa (Apertura Para Otro Lacan), institución psicoanalítica argentina. 

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