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La clínica del acompañamiento terapéutico (AT)

San Pablo

Por Prof. Dr. Maurício Castejón Hermann
La clínica del acompañamiento terapéutico (AT) | Letra Urbana

La función clínica del Acompañamiento Terapéutico (AT) aparece originalmente como una respuesta a la necesidad de encontrar nuevos dispositivos de cuidado para los pacientes con graves disturbios emocionales. Hoy esta práctica ya no se reduce a brindar asistencia para las tareas cotidianas de los enfermos sino que, se ha consolidado como un enriquecido dispositivo grupal donde los profesionales actúan con un equipo de enfoque múltiple. El AT devino un montaje clínico que alienta los recursos del sujeto.

Es de fundamental importancia que el trabajo en equipo se establezca, para que la heterogeneidad y la cooperación de los profesionales involucrados en el caso sean mantenidas, a fin de que el paciente perciba la existencia de un red de profesionales articulados.

Este artículo [2] describe los cambios ocurridos en la función del acompañamiento terapéutico (AT), desde su origen, analizándole por el bies estrictamente asistencialista e integrado a una equipo de abordaje múltiple. Consideramos, ya de antemano, que este equipo debería ser establecida, a priori, también bajo una nueva visión de la función de este agente de la salud, que viene actuando de una manera desvinculada de los equipos de los centros de salud, estableciendo colaboración con los psiquiatras para trabajaren con los pacientes que tienen graves comprometimientos emocionales.
La creación de la función clínica del AT tiene origen en una necesidad institucional, como Eduardo Kalina y colaboradores nos revelan, debido a los fracasos verificados en los tratamientos de pacientes con graves disturbios emocionales. Según Mauer y Resnizky, el AT se definió como una función específica integrada a un equipo de abordaje múltiple cuyas responsabilidades de cada dispositivo clínico son asimétricas e interdependientes. Es de fundamental importancia que el trabajo en equipo se establezca, para que la heterogeneidad y la cooperación de los profesionales involucrados en el caso sean mantenidas, a fin de que el paciente perciba la existencia de un red de profesionales articulados y con la capacidad de contención frente a la “dispersión” inherente a los fenómenos psicóticos.

El trabajo clínico del AT – debe quedar claro – no se hace de manera aislada, lo que indica la necesidad de que el profesional este inserto en un equipo, de manera a garantizar una mejor definición de su función en cada caso. Un equipo de tratamiento para los pacientes con graves compromisos emocionales debe constituirse con al menos dos profesionales ocupados con el paciente y con su entorno familiar. Es importante destacar que el equipo debe tener un buen mecanismo de cooperación y fluidez de la información [3], así como también explicitar al paciente y su familia que la comunicación entre los profesionales es necesaria y frecuente.

El origen del AT está atado a una historia institucional que es en sí mismo una marca fundamental que caracteriza la función descrita por Mauer y Resnizky. Tomemos una cita de los autores: “Al establecer un contacto cotidiano con el paciente, el Acompañante Terapéutico podrá obtener informaciones fiables sobre el comportamiento del paciente en la calle, sobre los vínculos que mantiene con los miembros de la familia sobre el tipo de personas con las que prefiere relacionarse y sobre las emociones que lo dominan. Registrará, también, conductas llamativas en la vida cotidiana en relación a la alimentación, al sueño, a la higiene personal. Todo esto ayudará, en menos tiempo, a una comprensión global del paciente por el equipo y servirá como un indicador de diagnóstico y pronóstico de un valor inestimable “(Mauer y Resnizky, p.63, 1986).

Sin embargo, defendemos la idea de que la formación psicoanalítica contribuya para la actuación del profesional y consideramos de suma importancia que el AT independiente tenga una “mirada institucional”, que comprenda las características específicas de dispositivos clínicos que compongan la arquitectura terapéutica institucional del tratamiento.

La función del AT, en la forma descrita anteriormente, se constituyó en un contexto de dependencia institucional “Su trabajo no puede lograrse de manera aislada. Se inscribe dentro de un equipo “(Mauer y Resnizky, p.64, 1986). El AT asume la responsabilidad de recopilar informaciones sobre la vida del paciente para el equipo que lo asiste. Así, la función está limitada a la necesidad de la institución de prolongarse hasta los espacios de circulación del paciente afuera del espacio institucional. Inicialmente, el AT también tenía como tarea llevar a cabo procedimientos asistenciales tales como ayudar al paciente a cuidar de su higiene personal, a realizar tareas domesticas, a ir al banco, ayudar a proporcionar documentos, entre otros.

Después de treinta años desde el establecimiento de la función, se percibe que el AT ha registrado cambios significativos. Hay una proliferación de grupos y de profesionales independientes que actúan sin vínculos institucionales con un equipo de enfoque múltiple (específicos de los centros de salud o montajes institucionales de tratamiento). Ello cambia radicalmente el papel de AT y en ese sentido se requieren nuevas teorizaciones capaces de anclar sus actividades. Más que eso, se percibe que la práctica del AT no se ha limitado a un área de conocimiento, lo que crea aún más confusión sobre la función clínica, una vez que es común ver a los estudiantes de medicina, educadores, terapeutas ocupacionales y otros profesionales de la área de la salud involucrados con esta práctica, basados en la creencia de que se trata solamente de circular con un paciente psicótico en los espacios públicos y comunitarios.

De esta manera, es de gran importancia la presentación de los conceptos específicos de este dispositivo, oriundos desde la práctica clínica, como hemos visto ocurrir hoy. No es un problema que otros profesionales elijan el Acompañamiento Terapéutico como ejercicio profesional. Sin embargo, defendemos la idea de que la formación psicoanalítica contribuya para la actuación del profesional y consideramos de suma importancia que el AT independiente tenga una “mirada institucional”, que comprenda las características específicas de dispositivos clínicos que compongan la arquitectura terapéutica institucional del tratamiento. La relación con un paciente psicótico es muy intenso y difícil de soportar, por lo que requiere de estrategias y construcciones que permitan superar situaciones de crisis. El AT independiente puede incluso hacer uso de la “mirada institucional” para tejer, en cada caso, una red de profesionales pertinentes a las singularidades en juego, lo que reafirma el aspecto institucional de la clínica autónoma. En este punto, cabe concordar con Mauer y Resnizky en lo se refiere a la dependencia del AT independiente de otros profesionales, siempre está, por lo menos, ligado a un psiquiatra.

Podríamos decir que, ahora el AT honra a la institución al actuar como un “agente articulador” de los profesionales involucrados en un caso. Este nuevo atributo depende de conocer, buscar e investigar “quien es” el sujeto psicóticos en cuestión.

Cuando hablamos de la posibilidad del AT autónomo de “tejer una red de profesionales involucrados en un caso”, tomamos a este profesional como “el idealizador del proyecto terapéutico”, lo que va mucho más allá del aspecto asistencialista dado a la función tradicionalmente. Podríamos decir que, ahora el AT honra a la institución al actuar como un “agente articulador” de los profesionales involucrados en un caso. Este nuevo atributo depende de conocer, buscar e investigar “quien es” el sujeto psicóticos en cuestión. Según Freud, un brote equivale a un intento de construcción de una realidad menos insoportable, tal como una mucho menos insoportable, como se trabajó en el caso Schreber, a partir de lo cual inaugurase una dimensión ética del psicoanálisis frente al delirio: en lugar de eliminarlo, escucharlo. De este modo, la enseñanza freudiana direcciona el AT al uso del concepto de escucha clínica psicoanalítica.

El proyecto terapéutico que se aplicará dependerá, a su vez, de la formación psicoanalítica, ya que es la escucha clínica psicoanalítica la que ofrece instrumentos pertinentes para que se conozca el sujeto psicótico. Como dicen los franceses en el juego de palabras, Queta d’un sujet, un sujet d’enquête (en la búsqueda, en la investigación de un sujeto). De qué modo Lacan nos habituó a escuchar a un psicótico? ¿Qué es que lo hice entrar en brote? ¿Cuál fue la producción en su delirio, durante el brote? ¿Qué le permitió salir del brote? ¿Cómo vive este sujeto, el borde de la locura, sin caer en el agujero de la psicosis? ¿ De qué manera el pude estabilizarse? Estas son preguntas fundamentales para reconocer los recursos disponibles al paciente en un determinado momento del proceso clínico.

…se habla de la apuesta a los recursos de un sujeto, que se ubica en la tenue frontera entre la experiencia del brote psicótico y la estabilidad.

Es evidente que el AT y el análisis individual de los psicóticos son dispositivos clínicos distintos, aunque ambas prácticas se basan en la escucha psicoanalítica. En la especificidad del AT, la escucha clínica sirve como herramienta de reconocimiento del sujeto psicótico, en un momento dado del proceso clínico. Son informaciones importantes, una vez que cualquier direccionamiento del proyecto terapéutico exige el reconocimiento de las condiciones y las posibilidades presentadas por el paciente, incluso en lo que es relativo a la construcción de un montaje institucional de tratamiento. En otras palabras, se habla de la apuesta a los recursos de un sujeto, que se ubica en la tenue frontera entre la experiencia del brote psicótico y la estabilidad.

[2] - Estas reflexiones están presentes en la tesis de doctorado titulada "Acompañamiento Terapéutico y psicosis: un Articulador del real, simbólico y imaginario", bajo la orientación de Prof. Dra. Rosa Miriam Debieux.
[3] - Según Ciacci (1998), la fluidez de un equipo de tratamiento puede ser teorizada por medio del concepto de pratique à plusieurs (práctica entre varios), lo que implica que el conocimiento de uno no exime de la necesidad del saber del otro, porque sólo así no se produce la cristalización de un miembro del equipo en la posición de líder o detentor del "saber primordial” sobre el paciente. Lo que debe estar en cuestión es el deseo de cada uno de los miembros del equipo de tratar el paciente de manera inventiva. En otras palabras, cada miembro del equipo debe ser tocado por el "no saber", que todo caso moviliza, estimulándose un hacer clínico movilizado por el deseo, bajo lo cual se centra la tensión inherente a la relación entre el tejido institucional (cuerpo técnico), los deseos singulares, los integrantes y las relaciones con la con la clínica.

Artículo por:

Prof. Dr. Maurício Castejón Hermann

Psicoanalista, AT, Doctor en Psicología Clínica por la Universidad de São Paulo (USP). 

2 comentarios

  • Laura says:

    Muy interesante!

  • magda says:

    Hola , muy claro el articulo de la función y rol del AT.
    ¿Que pasa cuando la condición mas importante de armar un red de profesionales en función al paciente no es clara? Por que no le dan espacio para que se exprese all AT , en función al paciente.
    Digo esto , por que me paso que recientemente,que trabajo con un paciente internado en una institución de adictos, donde el trato profesional hacia mi persona, fue con lenguaje verbal de manera soberbia, despectiva y agresiva. Aun así pude hacerme escuchar y expresar mi opinión ,pero al principio sentía, observaba y escuchaba
    sus argumentos , al limite de la violencia y maltrato.Donde el lenguaje entiendo de profesional a profesional por lo menos lo que a mi me consta , debe ser asertivo a modo cortes y educado.

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