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“La ciencia occidental se ahorraría incongruencias si aceptara el criterio oriental de que el universo es un proceso cíclico”. Entrevista a Oscar Antonio Di Marco

La Plata

Por Dra. Cristina Bulacio
“La ciencia occidental se ahorraría incongruencias si aceptara el criterio oriental de que el universo es un proceso cíclico”. Entrevista a Oscar Antonio Di Marco | Letra Urbana

Borges anticipó los universos paralelos que hoy son confirmados por los hallazgos cuánticos.

Cómo se forma la realidad que conocemos es una pregunta que atravesó a la ciencia y a la filosofía desde siempre. Hoy los avances de las neurocientíficos y la física cuántica subrayan el valor de la interacción del cerebro con el medio circundante para que la realidad advenga. Estos hallazgos nos acercan a considerar que las múltiples interacciones posibles del cerebro con el medio abren a la creación de múltiples realidades, una idea consonante con los universos paralelos anticipados por Borges.

Oscar Antonio Di Marco[1],autor del ensayo Borges, teoría cuántica y universos paralelos, agrega a la metáfora borgeana La metáfora del sintonizador, para ayudar a entender nuestra limitada capacidad de percibir el Todo.

Podría explicar para nuestros lectores ¿qué es la indeterminación cuántica y la metáfora del Sintonizador?

La Física Cuántica es el estudio del comportamiento de las ondas/partículas elementales que presentan claras diferencias, aún no del todo dilucidadas, de la Física Clásica o Newtoniana. En líneas generales se acepta que en el estudio del movimiento de una onda/partícula elemental -subatómica-, es imposible establecer exacta y simultáneamente su velocidad y dirección tal como podríamos hacer con las partículas u objetos de nuestra realidad cotidiana, o sea, en todo aquello que tiene un tamaño mayor al nivel atómico y donde los efectos cuánticos son prácticamente despreciables. Diciéndolo de otra manera, la física cuántica se aplica solo al estudio del extraño comportamiento de la materia y energía al nivel de las ondas/ partículas elementales subatómicas.

La metáfora del sintonizador es lo más apropiado que se me ocurrió como ingeniero, para intentar explicar cómo nuestro cerebro capta solo parte de la realidad circundante creando nuestra realidad.Se acepta como expresión de este fenómeno la imposibilidad de establecer simultáneamente dos variables de la misma onda /partícula. La explicación racional de este hecho se basa en la circunstancia de que cuando en Física Cuántica estamos estudiando comportamiento de ondas/partículas de tamaño tan pequeño, el instrumento o método más fino de medida que se dispone es la luz, cuyo bisturí o elemento de medida más pequeño son los fotones – también ondas/partículas -, que en última instancia tienen dimensiones similares a las ondas/partículas que pretenden medir. Esto hace que la propia medición produzca una alteración en el comportamiento -velocidad y dirección- de la onda /partícula medida, desvirtuando los resultados. Por esto, y teniendo en cuenta que en algunas aplicaciones tecnológicas de la ciencia se necesitan datos lo más exactos posible, se recurre a ciertos trucos para obtener resultados, por lo general estadísticos o probabilísticos, que permiten superar o acotar esas limitaciones.

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Oscar Antonio Di Marco

La metáfora del sintonizador es lo más apropiado que se me ocurrió como ingeniero, para intentar explicar cómo nuestro cerebro capta solo parte de la realidad circundante creando nuestra realidad, que obviamente no es todo lo que nos rodea, de la misma manera que no podemos pretender captar una señal de TV con un aparato de radio.

Nuestro cerebro interactúa con el medio ambiente – el Todo – solo en aquellos casos o circunstancias en que la señal entrante excite alguna parte de nuestros sentidos; según sea el tipo de input que llegue a nuestro Sistema Nervioso Central, se activarán entonces diferentes redes neuronales que a su vez activaran determinados circuitos del cerebro con funciones específicas y coordinadas. Según la intensidad del estímulo externo como así también nuestro estado de salud, desarrollo, vigilia y atención en ese momento, esa identificación podrá llegar a nuestra consciencia o permanecer por un tiempo a nivel inconsciente y quizás desaparecer de nuestros registros de memoria.

Luego de los estudios que realizó el prestigioso medico neurocirujano Wilder Graves Penfield, creo firmemente que cada experiencia de la vida queda grabada para siempre en nuestro cerebro, tipo Funes el memorioso, de J.L.Borges; pero con el transcurrir de otras experiencias relacionadas, se agrega información y deformación a la memoria original, incluidos los recuerdos inconscientes. Algo similar ocurre con otros inputs o señales, olores, ruidos, etc, que ingresan desde el exterior, a centros cerebrales donde se producen increíbles prodigios de interpretación de la información entrante.

Estos mecanismos cerebrales mencionados, me recuerdan la forma en cómo funciona un sintonizador electromecánico. Tanto la captación de las señales específicas, su transmisión y procesamiento en un centro demodulador adecuado y posterior emisión en un formato diferente que hasta se puede almacenar y En cuanto a si hay un primer principio, creo que la Ciencia Occidental se ahorraría un montón de incongruencias si olvidara de alguna forma esa idea y aceptara, con los debidos razonamientos, el criterio oriental de que el universo es un proceso cíclico o bucle.guardar en una memoria particular, me lleva a pensar inexorablemente en un sintonizador que recibe una determinada señal electromecánica para producir luego de su procesamiento adecuado, una imagen, una palabra, una canción y hasta permitir la grabación de las mismas para su posterior recuerdo.

Al igual que sus primos orgánicos, tampoco los sintonizadores electromecánicos captan toda la realidad – el Todo-, y por el momento también a ellos se le escapa la posibilidad de detectar algo que parece constituir nada menos que el 95% del universo: la materia y la energía oscura, que elude hasta ahora los sistemáticos esfuerzos de Físicos, astrónomos y neurocientíficos para detectar esa interacción que la mantiene fuera de nuestra realidad.

¿Podremos entender mejor la realidad que percibimos –nuestra realidad– a partir del  novedoso modelo del Todo que usted propone?

El Todo es todo lo que existe, esto es tanto lo que podemos como lo que no podemos imaginar; comprende tanto las cosas concretas como las abstractas: desde los mosquitos, los planetas, los monos, las ideas, emociones, comportamientos, etc., y obviamente cada una con sus características específicas debidamente categorizadas.
En la antigüedad se consideraba que en la naturaleza había sólo los elementos básicos: tierra, aire, fuego y agua y de la combinación de ellos surgía todo lo demás. Hoy sabemos, o creemos saber a ciencia cierta, que hay más de un centenar de elementos básicos diferentes (átomos) y de la combinación de ellos se llegan a formar casi una infinidad de otros compuestos con características particulares. Del mayor y mejor conocimiento de la naturaleza de las cosas entendemos mejor nuestra realidad.

¿A su criterio, la ciencia, la física cuántica, se aproxima a la Metafísica tradicional, o al menos a las clásicas preguntas de Heidegger y Leibniz? O, al menos, ¿Aceptaría que ese Todo =Nada tiene fuertes rasgos metafísicos?

Particularmente entiendo la Filosofía, el amor al conocimiento, como la madre de todas las ciencias, y la Metafísica que trata del Ser, de sus principios, de sus propiedades y de sus causas primeras, como una disciplina derivada del desconocimiento de cómo funciona nuestro cerebro. Heidegger, como muchos otros pensadores en el pasado, hablan del Ser como el fundamento ontológico de la realidad y antes todavía Leibniz se preguntaba: ¿Por qué es el Ser y no más bien la Nada? Hoy las neurociencias nos responden con un nuevo concepto: el Yocon coherentes explicaciones sobre su formación filogenética según el esquema evolutivo desarrollado por Darwin, y la formación ontológica de cada individuo humano y sapiens-sapiens en particular.
Mentiría si dijera que la Física Cuántica o la ciencia en general no tienen nada en común con la Metafísica tradicional o con sus clásicas preguntas; creo sí, que son una continuación de los razonamientos humanos que como siempre, y como dijo ya un gran pensador, están parados sobre los hombros de insignes predecesores.

El Modelo Estándar del Big Bang es la extrapolación hacia el pasado de los conocimientos actuales.En cuanto a si hay un primer principio, creo que la Ciencia Occidental se ahorraría un montón de incongruencias si olvidara de alguna forma esa idea y aceptara, con los debidos razonamientos, el criterio oriental de que el universo es un proceso cíclico o bucle, como plantean, aún sin definirlo claramente, algunos autores como Douglas Hofstadter en su libro Gödel, Escher, Bach, un eterno y grácil bucle, o también: Matthieu Ricard y Trinh Xuan Thuan en El Infinito en la Palma de la Mano.

¿La necesidad de buscar un punto de partida en el retroceso causal del universo, no se debe a una estructura propia de la evolución de nuestro cerebro de homo sapiens sapiens –más que a la verdad de la realidad?

No estimo necesario ni conveniente recurrir a la búsqueda de un punto de partida en el retroceso causal del universo.  Discrepo con la explicación del Modelo Estándar establecido en la ciencia occidental y sus incongruencias. Por supuesto esa explicación le viene como anillo al dedo sobre todo a las religiones, sectas y otras asociaciones, por lo general ocultistas, donde siempre aparece el milagro de la creación o algo similar que lo explique todo.

El Modelo Estándar del Big Bang es la extrapolación hacia el pasado de los conocimientos actuales y como en la mayoría de las explicaciones fundamentales, se llega inexorablemente a un punto donde la razón se pierde y se apela entonces a la milagrosa singularidad, que no es más que una expresión de nuestra ignorancia sobre el punto en cuestión. Prefiero pensar en un ciclo o bucle permanente como lo hacen también científicos de primera línea como Douglas Hofstadter, científico, filósofo y académico estadounidense y muchos otros que piensan como él, en la verdad de la realidad en lugar de la verdad de nuestra realidad, acomodada a lo político y socialmente correcto.

Apelar al regreso ad infinitum, por más que así lo permita la manipulación matemática, no tiene ningún correlato conocido y justificado en nuestro universo. Por eso, existe el Principio de Incompletitud de Kurt Gödel.

Un párrafo de Borges en La escritura del Dios muestra la diferencia entre la mente divina y la humana; mientras el hombre, ser temporal, necesita un punto de apoyo en el retroceso causal, Dios no, por no estar en el devenir. Dice:

“Pero en el curso de los siglos las montañas se allanan y el camino de un río suele desviarse y los imperios conocen mutaciones y estragos y la figura de los astros varía. En el firmamento hay mudanza. La montaña y la estrella son individuos, y los individuos caducan. Busqué algo más tenaz, más invulnerable” […]Y Pregunta luego T´zinacan:

“¿Qué tipo de sentencia construirá una mente absoluta? Consideré que aun en los lenguajes humanos no hay proposición que no implique el universo entero; decir el tigre es decir los tigres que lo engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que se alimentaron los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio luz a la tierra. Consideré que en el lenguaje de un dios toda palabra enunciaría esa infinita concatenación de los hechos, y no de un modo implícito, sino explícito, y no de un modo progresivo, sino inmediato”.

¿Consideraría que ese gesto de buscar un punto inicial en el Todo –que usted propone desde la física cuántica– es semejante a la “concatenación de los hechos” de la que habla Borges? 

En ambos párrafos citados creo ver la confirmación de la evolución permanente de las cosas: lo único realmente perenne es el cambio; el motor de todo ello es el movimiento perpetuo en que se encuentran todos los elementos de la naturaleza, desde las ondas/partículas más elementales a las mayores galaxias.

Hasta los cúmulos de la Galaxia se encuentran en continuo movimiento y como lo mencionan claramente Borges y T’zinacar, de ese movimiento estimo derivan las interacciones que dan lugar a la aparición de nuevos conceptos, compuestos y a veces, hasta comportamientos  inesperados.lo único realmente perenne es el cambio; el motor de todo ello es el movimiento perpetuo en que se encuentran todos los elementos de la naturaleza, desde las ondas/partículas más elementales a las mayores galaxias.

En mi ensayo describo, solo a modo de ejemplo, la producción de vidrio artístico, donde el agregado de pequeñas impurezas en el fundido de unas tristes y grises arenas, produce increíbles, inesperados e inexplicables reflejos iridiscentes en el espectacular vidrio en formación. Y es justamente este tipo de fenómeno de lo que en cierta forma se queja Borges en su búsqueda de lo perenne, pero es inútil. Y reconoce finalmente que nada es para siempre, todo cambia, hasta el conocimiento: “…No hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil. Una doctrina es al principio una descripción verosímil del universo; giran los años y es un mero capítulo – cuando no un párrafo o un nombre – de la historia de la filosofía…”, dice Borges en Pierre Menard, autor del Quijote.[2]

Creo que hay una lectura equivocada de mi ensayo Borges, Teoría… , en la propuesta del Todo, o posiblemente no me expresé adecuadamente dando lugar a malas interpretaciones,  ya que a pesar de aceptar el concepto de que el hombre es un ser temporal, considero que ni su vida ni la de un universo, jamás parte de cero en un supuesto Big Bang primordial, como un punto inicial que nace de la nada; sino que más bien admite una mejor explicación tomando todo como un proceso de concatenación de hechos en continua evolución: un eterno y grácil ciclo o bucle.

Coincido en que nuestra realidad depende de los instrumentos propios del homo sapiens para captarlo. Entonces ¿cree que hay algo que no interactúa con nuestro cerebro sintonizador, al menos por ahora, y ese algo intangible e inexistente para nosotros es lo que usted llama Todo?

Nuestra realidad depende de los sentidos e instrumentos propios del homo sapiens-sapiens y de los creados por él que captan diferentes fenómenos del medio ambiente – ondas de presión del aire, radiaciones electromagnéticas de determinada longitud de onda, etc-, que actúan como señales que entran en nuestro cerebro y allí son procesados de diferente manera según su naturaleza. La realidad, todo lo que existe – El Todo-, quizás solo ha interactuado parcialmente con nuestro cerebro hasta la fecha. Hay muchas cosas de la realidad que no han interactuado aún con nuestro cerebro sintonizador y esto ha estado pasando desde el comienzo de los tiempos.

El Todo es La realidad, es todo lo que existe independientemente que lo detectemos o no.En el ensayo Borges, Teoría…, menciono el caso de las ondas electromagnéticas -luz, calor, etc.-, que nos rodeaban permanentemente desde siempre y de las cuales recién comenzamos a tener algún conocimiento serio a partir del siglo XVI en adelante; razonamiento que se consolidó a partir de que el genial inglés James Clerk Maxwell estableciera las ecuaciones que vinculaban el magnetismo con la electricidad. El Todo es La realidad, es todo lo que existe independientemente que lo detectemos o no.

Siguiendo con el eterno devenir y quizás cíclica evolución de las cosas, en los últimos meses del 2015 se ha constatado, tal cual lo requieren los más severos criterios popperianos de la ciencia, la existencia real de las ondas gravitacionales de las que Albert Einstein sospechó casi metafísicamente hablando, a comienzos del siglo pasado.

 

¿Qué circunstancia, hecho, o situación lleva el Todo a manifestase de cierta manera y no de otra? ¿Podemos decir que hay razones para que aparezca nuestro cerebro–sintonizador y no otro? El Todo originario es misterioso y el misterio es el límite de lo humano ¿lo cree así?

Todo lo que existe en la Naturaleza, se manifiesta de diferentes formas según los elementos que interactúan; si se trata de dos o más partículas u ondas, lo harán según el tipo de ondas/partículas de que se trate. Por ejemplo, si consideramos según el Modelo Estándar de la ciencia, el tipo de colisión que suponemos que ocurrió en el plasma original en los instantes posteriores al Big Bang – nanosegundos – cuando por ejemplo un electrón y un protón se acercan lo suficiente como para interactuar entre ellos, forman un átomo de hidrógeno y en los nanosegundos siguientes algunos de estos átomos de hidrógeno además de crear isótopos del mismo – hidrógeno con mayor cantidad de protones en el núcleo-, al chocar entre sí a grandes velocidades, presiones y temperaturas, forman también un nuevo átomo: el Helio, con desprendimiento de energía.
Este proceso repetido luego en masivas cantidades, lleva a la formación de las estrellas originales y es similar al que nosotros, los hombres, hemos quizás domesticado en nuestros laboratorios bajo la forma del arma más poderosa, que se conoce como la bomba de hidrógeno y mucho más destructiva que la bomba atómica, lógicamente con cantidades comparativas casi infinitesimales de  hidrogeno, respecto al existente en una estrella.

Este proceso continua en el núcleo de la estrella y seguirá así durante toda la vida de la misma, miles de millones de años, irradiando portentosas emisiones de energía al exterior y formando sucesivamente en su interior todos los restantes elementos de la Tabla Periódica hasta agotar casi todo el hidrógeno y en ese instante la estrella sufre un colapso gravitacional que según el tamaño original de la misma, producirá colosales explosiones conocidas como: novas, supernovas, hipernovas, desparramando en el cosmos todo tipo de elementos, gases, polvo y radiaciones, quedando en su reemplazo otros monstruos astronómicos conocidos como agujeros negros, o estrellas de diferentes colores, tamaño y densidades.

Con el correr del tiempo y por el mismo procedimiento, todos esos elementos conocidos como cúmulos o nebulosas de gas y polvo, formarán a su vez nuevas estrellas y nuevos sistemas planetarios con sus respectivos planetas, en un ciclo o bucle en permanente transformación, donde en algún punto del supuesto espacio/tiempo evolucionará una nueva especie de cerebro que se preguntará sobre sus orígenes y el futuro.la prototeoría del Todo tuvo en mí su primera manifestación con la lectura del libro del científico israelí David Deutsch, La estructura de la realidad, que estimo haber complementado como elemento explicativo necesario, con La Metáfora del Cerebro como un Sintonizador.

Quiero destacar que la prototeoría del Todo tuvo en mí su primera manifestación con la lectura del libro del científico israelí David Deutsch, La estructura de la realidad, que estimo haber complementado como elemento explicativo necesario, con La Metáfora del Cerebro como un Sintonizador. En el Todo considero que todo es posible, hasta lo impensable. Nuestro cerebro es el producto de la evolución en nuestro universo, es posible que existan otros diferentes en diferentes mundos o universos. El cerebro es un extraño y misterioso producto de la evolución, tal como por ejemplo es la vida y al igual que ésta tiene límites: la ignorancia, o sea el hecho de no haber interactuado adecuadamente – información consciente, educación – con todos los infinitos elementos que existen.

La existencia hipotética de ese Todo=Nada permitiría la existencia de universos paralelos, idea fascinante que usted avala.  Eso ¿nos debe alentar o asustar? ¿Esos universos tendrían la forma que le daría otro cerebro-sintonizador que los haga reales?

El motor es la evolución inexorable en el devenir de las cosas, al menos en nuestro universo conocido. La existencia de otros universos no debería asustarnos. Al respecto estimo que en principio debemos ser optimistas, después de todo la muerte de cada uno de nosotros parece algo tan natural como inexorable, existan o no alienígenas. Soy optimista respecto a que encontraremos otras formas de vida en nuestro universo y muy posiblemente esta vida podría tener un modelo diferente de intelecto con el cual convivir en forma pacífica y, si la ciencia y el tiempo lo permiten, hasta podremos interactuar con esos otros universos, aunque tampoco se puede descartar enteramente la ocurrencia previa de algún fenómeno o catástrofe natural que nos borre del mapa en cualquier momento. Sólo se trataría de la desaparición de otra especie animal, cosa que ya ha ocurrido en el curso la historia conocida.

¿Luego de sus re-conceptualizaciones, ¿cree que la conciencia sigue sin poder pensarse por fuera del lenguaje? ¿Qué relevancia tiene en sus teorizaciones la estructura del lenguaje?

En un casi cándido intento de evitar confusiones, arbitrariamente he intentado diferenciar los términos conciencia de consciencia o autoconciencia.

Con el paso del tiempo las interacciones dan lugar a la aparición de un cerebro en algunos seres, del algún perdido planeta, que al evolucionar llegan a la consciencia del sapiens-sapiens de nuestros días. Esto es lo que considero el origen de la vida, la conciencia y la consciencia.

Hay una clara diferencia entre conciencia y consciencia -en inglés diríamos consciousness and awereness- que intento establecer para evitar las confusiones que se derivan de tomar ambos vocablos como sinónimos. En el primer caso están aquellos individuos, generalmente todos los seres vivos, sanos, adultos y en estado de vigilia, quienes tienen conciencia: saben y cuanto más eficiente es su cerebro más saben, pero no saben que saben, y por otra parte tienen consciencia solo aquellos individuos como los Sapiens-Sapiens que poseen un cerebro tal que saben, saben que saben y, a veces, reconocen lo que no saben. Creo que al no contar con las desarrolladas áreas cerebrales de Broca y de Wernike, responsables del correcto empleo, aplicación e interpretación del lenguaje humano, la escritura, etc, propia y exclusiva de los sapiens-sapiens, es muy difícil que cualquier otro tipo de individuo pueda disponer de una consciencia tal como la he descripto. Pienso que la estructura cerebral es absolutamente relevante en la formación del lenguaje y la escritura; estimo que no existiría la consciencia o autoconciencia sin los atributos o áreas cerebrales mencionadas.
Al respecto estimo imprescindible la lectura de dos libros recientes del neurocientífico francés Stanislas Dehane, La Conciencia en el Cerebro y El Cerebro Lector. Allí se expone claramente el correlato existente entre la actividad neuronal y su expresión electromagnéctica, fácilmente identificable con el empleo de la tecnología moderna, electroencefalogramas, resonancia magnética funcional, usos de electrodos extra e intracraneales; etc. La riqueza referencial y detallada de los miles y miles de experimentos que realizan hoy Dehane y otros colegas suyos, en los más famosos laboratorios de todo el mundo, barre con muchos de los preconceptos intuitivos preexistentes, reconociendo además los límites actuales de los a veces controversiales procedimientos. 

¿Hay lugar para seguir pensando la existencia del inconsciente? Si es que ha indagado en el pensamiento de Freud y Lacan, ¿el inconsciente re elaborado en el Siglo XXI se mantendría cerca o se alejaría de las consideraciones de estos pensadores?

Sí, justamente en los trabajos de investigación práctica y teórica que le acabo de mencionar se aprecia la importancia del inconsciente en las funciones cerebrales con el empleo de interesantes procedimientos, que incluyen experiencias subliminales y otros inteligentes trucos por el estilo. Se reconoce en estos trabajos, el aporte pionero en este campo, de Investigadores de la talla de Freud y Lacan, destacando además y complementariamente, críticas a ciertos aspectos de sus conclusiones.



[1] Oscar Antonio Di Marco Rodríguez. La Plata, Argentina. Ingeniero químico, especializado en ingeniería de Seguridad, Higiene y Saneamiento Ambiental y en ingeniería Laboral. Docente Universitario. Conferencista sobre temas cosmológicos en universidades de su país y de Europa. Escribió artículos sobre la Prototeoría del Todo y La metáfora del sintonizador y es autor del ensayo Borges, teoría cuántica y universos paralelos (2004, re editado en 2014).

[2] Nimes, Francia, 1939