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Intersexo, Una clínica de la ambigüedad sexual

Diversidad y diferencia Reflexiones sobre la cuestión intersex
Buenos Aires

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Intersexo, Una clínica de la ambigüedad sexual | Letra Urbana

"Hermafroditismo", un término proveniente de la mitología griega, acostumbraba a nombrar la falta de correspondencia entre los genitales internos y externos. Lo que antes era llamado "Hermafrodita" en la post modernidad toma un giro semántico: el Intersexo o Transgénero. Sin variar la reacción de repudio que genera, el intersexo soporta la existencia de una ambigüedad que se mantiene rechazada porque implica lo no semejante.

Un modo de arréglaselas con la diferencia que plantea la ambigüedad sexual, es la práctica quirúrgica sin que haya un pedido, y quizás tampoco, el consentimiento informado del paciente. Las voces de los que han sido victimas de esa solución aportada por algunas especialidades de la medicina, se empezaron a levantar pidiendo que se consideren otros paradigmas que se apartan del discurso médico y jurídico. Tal como lo revela uno de los testimonios: “la intersexualidad como posición identitaria se sostiene de una diferencia que es ética antes que corporal”.
“El sexo es una trampa de la naturaleza para no extinguirse”
F. Nietzsche
“Trabajar un concepto es hacer variar su extensión y su comprensión, generalizarlo por la incorpora-ción de rasgos de excepción, exportarlo fuera de su región de origen…. Conferirle progresivamente por transformaciones regladas la función de una forma”
G. Canguilhem
El mito del hermafrodita

Confirma su tesis fundamental: el hermafroditismo resulta insoportable pues nos obliga a reconocer que en el origen, la Naturaleza era dual y que hay una bisexualidad primaria en todas las cosas.

En un documental alemán titulado Diesseits von Eden y realizado por Thomas Schmitt, cuenta Jean Libis, filósofo y escritor contemporáneo, que la escultura de un hermafrodita expuesta en el Louvre es objeto regularmente de agresiones e insultos. Confirma su tesis fundamental: el hermafroditismo resulta insoportable pues nos obliga a reconocer que en el origen, la Naturaleza era dual y que hay una bisexualidad primaria en todas las cosas.

El mito narra las peripecias de Hermafrodita, hijo de Hermes y Afrodita, un joven de belleza impactante. La ninfa Samalcis lo ve desnudarse para tomar un baño y presa de una atracción irresistible, toma la iniciativa “de la palabra, del deseo y la oración”.

El joven, ignorante de las cosas del amor, se resiste al abrazo. Como resultado de la lucha los cuerpos se funden y la metamorfosis se produce.

Recordamos las palabras de Freud respecto de la bisexualidad humana y la metamorfosis de la pubertad:

En el capitulo dos, El problema de la excitación sexual, dice con tono profético: “Es muy posible que investigaciones subsiguientes (se refiere al experimento de E. Steinach con animales vertebrados), descubran que la glándula de la pubertad posee una disposición hermafrodita, con la cual quedaría fundamentada automáticamente la teoría de la bisexualidad de los animales superiores…”.

Para J. Libis la bisexualidad es más que eso, es una obsesión de toda cultura, más allá de sus manifestaciones. Según indica su interpretación la bisexualidad satisface un deseo profundo del ser humano. Se apoya en el Génesis, para sugerir la androginia de Adán y cita el texto: “Y Dios los creó hombre y mujer”, frase que se presta a la equivocidad.

Hacia el Medioevo el mito conocido re-actualiza el muy conocido de Aristófanes narrado por Platón, cuando la ira divina separa las dos mitades sexuales de una esfera completa, especie de paraíso perdido que justifica el mal de amores en la búsqueda de la imposible completud.

Pero son varios los restos de culto a una Afrodita barbuda o especies monstruosas provistas de genitalia bisexuada cuando no, constituían el ideal de un matrimonio perfecto.

El mito es un intento de restauración de un estado anterior a la vida, en la que la sexualidad es solo una etapa transitoria. Hay diferencias históricas entre el andrógino y el hermafrodita. El andrógino puede adoptar la figura asexuada y angelical. El hermafrodita, una monstruosidad que linda con lo demoníaco.

Para Libis es importante registrar esta doble actitud frente a los diferentes planos, el mitológico y el real, y que lamentablemente persiste en la actualidad. Son muchas las personas de sexo ambiguo que se vieron forzadas a soportar la injuria o el escarnio debido a esta condición.

Sin embargo toda esta adoración se revierte cuando el mito se baja a la vida o se da a ver como en la escultura del Louvre. Sobran registros de que los andróginos reales de carne y hueso fueron por lo general sacrificados al nacer, como si fueran de mal augurio.

Para Libis es importante registrar esta doble actitud frente a los diferentes planos, el mitológico y el real, y que lamentablemente persiste en la actualidad.

Son muchas las personas de sexo ambiguo que se vieron forzadas a soportar la injuria o el escarnio debido a esta condición.

Diversidad y diferencia
Hoy resuena y se hace escuchar el término diversidad. Su uso no es nuevo, pero lo es en sus numerosas aplicaciones que hoy agregan amplitud a su espectro semántico.

¿Como definimos diversidad? Es toda alteridad, diferencia, desemejanza. Puede indicar cualquiera de estos tres o todos en conjunto, o la simple distinción numérica. La diversidad es la pura y simple negación de la identidad.

¿Como definimos diversidad?

Es toda alteridad, diferencia, desemejanza. Puede indicar cualquiera de estos tres o todos en conjunto, o la simple distinción numérica.

La diversidad es la pura y simple negación de la identidad.

Christian Wolff, en su Ontología (1930), la definía diciendo que dos cosas son diferentes cuando no pueden sustituirse las unas a las otras, quedando sólidos los predicados que se atribuyen a una de ellas, absolutamente o en determinada condición.

Es una forma de pensarla, que en cierta medida se puede poner en tensión con la definición estructuralista del signo, que lo piensa en su diferencia con los otros, con la mínima oposición del par inicial, diacrítico y opositivo, para lo cual alcanza con un solo rasgo que se sostenga de modo permanente.

Vemos que diversidad y diferencia no se recubren totalmente. La primera refuta la noción de a=a , la segunda plantea que a /=a.

En este sentido subrayamos que el psicoanálisis se desmarca de la noción de identidad y sostiene que para el ser hablante rige la identificación. Este implica necesariamente al Otro. Por eso Lacan toma la frase del poeta cuando concluye “Je est un autre”. Estas identificaciones no son rígidas, se desplazan, cambian, se sustituyen unas por otras.

El punto de fijeza no está en el yo, del cual Lacan dice en 1977 que no hay nada que garantice que el yo no delire sino en la marca singular y única que dejó el significante al horadar el cuerpo.

Lo cual por cierto no fue suficiente para impedir que la diferencia, indicada por el Otro social, impulse en su nombre los genocidios mas horrorosos y los clasismos más denodados. Por eso en sus albores la noción de diversidad fue la bandera de las razas dominadas, esclavizadas, victimizadas, abolidas, cuando las ansias expansivas del poderoso de turno así lo requirieron.

La diferencia, sobre todo la pequeña diferencia sucumbe, al decir de Freud, frente al imperio del narcisismo, que eleva su propia imagen al rango de objeto amable.

Y pese al inveterado romanticismo de algunos pocos, la historia de las civilizaciones demuestra que la justicia es todo menos distributiva y que el Padre es solo una tumba vacía recubierta por semblantes que intentan en vano garantizarla.

Lo cual por cierto no fue suficiente para impedir que la diferencia, indicada por el Otro social, impulse en su nombre los genocidios mas horrorosos y los clasismos más denodados.

Sin embargo – quizás por una oleada general de expresionismo, como señaló hace poco un periodista – las voces se hacen oír, siendo así que hasta hace poco prevalecía “el rechazo de su voz y visibilidad por parte de los medios o editores de libros, incrementando exponencialmente la ignorancia social que la gente intersexual experimenta en relación a sus experiencias cotidianas” (esta cita está tomada de un escrito de Antke Engel).

Como señala Engel la “diversidad” se asocia casi siempre con “violencia” o “abuso”, dando lugar a una serie de reivindicaciones más o menos justificadas desde cualquier discurso democrático.

¿Dónde se origina esta violencia, este abuso de los cuerpos diversos?

Antes de las fórmulas de la sexuación: sexo y género
En la década de los cincuenta un pediatra y psicoendocrinólogo, John Money, popularizó una teoría: la neutralidad de la identidad de género en el momento del nacimiento y en la infancia, y la determinación posterior por los genitales asignados en casos quirúrgicos, la crianza y la socialización como factores predominantes.

John Money definió la identidad de género como la “afinidad, unidad y persistencia de la individualidad de uno mismo como hombre o mujer, en mayor o menor grado ya que es experimentada en la conciencia y la conducta. El rol del género es todo lo que una persona dice y hace para indicar al ego que uno es masculino o femenino (o, raramente, ambivalente). Identidad y rol de género son inseparables. La identidad de género es la experiencia privada del rol de género y el rol de género es la manifestación publica de la identidad de género”.

Estas tesis pueblan su libro acerca del hermafroditismo de 1952, al que consideraba un experimento de la naturaleza y, años después a los hermafroditas como “individuos nacidos con un defecto congénito de sus órganos sexuales” cuando no “niños con una anatomía sexual impropiamente diferenciada, es decir sexualmente inacabado”.

En la misma línea de pensamiento se encuentra R. J. Stoller, cuyo Sex and Gender hizo historia, y que también trae como ejemplo un caso de intersexualidad en un trabajo titulado Investigaciones sobre la identidad sexual.

Para Stoller lo que importa es el género atribuido por el medio circundante. Afirma que cualquiera sea el sexo biológico cada uno llega a ser un integrante del sexo que le fue asignado, sin tener en cuenta ni el rechazo ni el consentimiento subjetivo. Lo que cuenta en la sexualidad es el Otro que inviste al sujeto con los ornamentos, habilidades e inclinaciones que se le suponen a un sexo o al otro.

Con motivo de la Conferencia Mundial de Pekín sobre la Mujer, de 1995, el Departamento de Traductores de la ONU tradujo la voz inglesa “gender” como “sexo”.

La indistinción, a nivel del uso de la lengua, entre sex y gender continuaba en español pese a la difusión del trabajo de Stoller.

Estos documentos fueron corregidos tiempo después para evitar una utilización incorrecta de los vocablos. Sexo describirá las diferencias biológicas entre hombres y mujeres y género deberá emplearse para describir el distinto comportamiento de hombres y mujeres en la sociedad según las distintas condiciones en que se mueven: familia, cultura, etc.

Estos documentos fueron corregidos tiempo después para evitar una utilización incorrecta de los vocablos. Sexo describirá las diferencias biológicas entre hombres y mujeres y género deberá emplearse para describir el distinto comportamiento de hombres y mujeres en la sociedad según las distintas condiciones en que se mueven: familia, cultura, etc.

La palabra gender en inglés no presenta problemas porque el gender solo existe en la gramática para separar personas, animales o cosas del sexo femenino o masculino. Pero en español existen otros usos, género como tipo literario, como trozo de tela, etc.

Ricardo Soca, del Departamento de español, cuenta que en ese año, 1995, se redactó una nota sobre el uso ajeno al español de la palabra “género” en las noticias y documentos oficiales de la Conferencia de Pekín. Y nos recuerda que unos años antes, en 1989, Alexis Marquez Rodríguez dedicaba a esta cuestión una columna del diario “El Nacional” de Caracas.

Según explica M. Rodríguez, “en castellano, una cosa es sexo y otra es género. Sexo, para los hispanohablantes, tienen las personas, los animales y algunas plantas. Género lo tienen solo las palabras y no todas. De modo que podemos decir que una persona es de sexo masculino o femenino pero de ningún modo que es de uno u otro género”.

Asimismo podemos decir que un sustantivo es de género masculino o femenino, pero no de uno u otro sexo. El sexo es una categoría biológica, el género una categoría gramatical.

Y continúa explicando que en la lengua inglesa no ocurre lo mismo “tal impropiedad es frecuente sobre todo en quienes manejan la lengua inglesa porque en ingles existen los dos vocablos (sex/gender) pero en lo que se refiere a los géneros gramaticales son sinónimos. En castellano, definitivamente, no”

¿Qué razones llevarían a Stoller a introducir en la lengua inglesa una distinción hasta entonces inexistente?

Por empezar se borra el criterio psicoanalítico diagnostico, pues se apoyó en un caso de transexualismo y, como otros médicos de su época, tomaron en serio sus enunciados olvidando la enunciación. Esta no puede sino leerse como una de las formas más sutiles de la forclusión.

En segundo lugar se fortalece la idea filosófico-religiosa del dualismo mente- cuerpo, en el que la materia anatómica es sexual y natural mientras que el ser mental y cultural se construye como género.

Por último se ignoran otras nociones analíticas como las identificaciones que constituyen la verdad del género así como el goce, que es del cuerpo y al mismo tiempo constituye lo que podemos asimilar al ser del hablanteser.

Por otra parte, a nuestro entender, pone un velo sobre otra verdad del decir de Stoller: su criterio es la norma masculina o femenina lo que debe prevalecer por sobre cualquier elemento que se aparte de ella, instituyendo una ética que margina toda diversidad.

Se puede ubicar el punto de vista que justificó las prácticas médicas más aberrantes, eco horroroso de los experimentos que se llevaban a cabo en los campos de concentración nazi.

Una política de la clasificación vaciada del caso por caso.

Frente a esas afirmaciones nos encontramos hoy con un sinnúmero de modificaciones en el abordaje de la diversidad.

En primer lugar una modalización de la clasificación de hermafrodita, al que en la actualidad se denomina intersexual o transgénero.

En esa oportunidad Cabral explicó que la intersexualidad no puede pensarse como una identidad más porque “la intersexualidad como posición identitaria se sostiene de una diferencia que es ética antes que corporal”.

Y la posición política se aclara cuando tomamos en cuenta lo que predica Mauro Cabral, activista intersexual y Dr. en Historia, a quien entrevistamos. En esa oportunidad Cabral explicó que la intersexualidad no puede pensarse como una identidad más porque “la intersexualidad como posición identitaria se sostiene de una diferencia que es ética antes que corporal”.

Y continúa, haciendo gala de un sutil uso de la lengua que lo caracteriza: “quienes nos llamamos intersex lo hacemos considerando este nombre como una marca de extranjería. En el género, que es una de las formas de la ley, somos tratados como extranjeros que son admitidos en la ciudad pero a través de medios que son abyectos, mutilantes”.

No podemos menos que subrayar la pertinencia de lo expuesto por JA Miller acerca de la extranjeridad en el inicio de su curso de este año.

El debate acerca de la normalización forzada
Un diálogo extraído del libro Mi querida señorita de Jaime de Arminian (1971) parodia lo que es cotidiano para un protocolo médico de determinación de sexo.

AC: “¿Es algo grave, Doctor?”
Dr.: “No, no, en absoluto. Aunque habrá que intervenir, desde luego”
AC: “¿Intervenir?”
Dr.: “Si, pero no se alarme, será muy sencillo”
AC: “Perdone doctor, pero yo físicamente me encuentro muy bien. No veo la relación que….
Dr.: “Pues la hay. Claro que la hay. No se puede tener la mente enferma sin que el cuerpo lo esté también. Y no se trata precisamente de una dependencia o interrelación, sino de una completa y total identidad.
AC: “Le agradeceré que me hable sin rodeos. Yo soy una mujer fuerte y valiente”
Dr.: “Ya lo se. Y tiene razón en todo, excepto en una cosa: es Ud. fuerte y valiente, pero no es Ud. una Mujer, no lo es”

La imposición de intervenir quirúrgicamente, sin que medie ni la demanda ni, muchas veces, el consentimiento informado del paciente, por mas cuestionable que ese consentimiento sea a la luz de la subjetividad del mismo. Esto es moneda corriente en el caso de niños que nacen con lo que el lenguaje médico cataloga de ambigüedad sexual.

A grandes rasgos este diálogo representa una situación que se repite. La imposición de intervenir quirúrgicamente, sin que medie ni la demanda ni, muchas veces, el consentimiento informado del paciente, por mas cuestionable que ese consentimiento sea a la luz de la subjetividad del mismo. Esto es moneda corriente en el caso de niños que nacen con lo que el lenguaje médico cataloga de ambigüedad sexual.

No es sólo en estos casos que se despliega el empuje al quirófano.

En su edición del 9-12-2006 el suplemento de Clarín llamado Ñ aparece un artículo de un psicoanalista de la SPP escandalizado porque “Francia quiere curar la neurosis por medio de la cirugía”.

Se trata de un informe que la HAS (Alta Autoridad en Salud) dirigió a los psiquiatras con el siguiente titulo: “Trastorno obsesivo compulsivo (TOC) resistente: asunción y lugar de la neurocirugía funcional”

Dice allí que la nueva colección de terapias del comportamiento presenta a los sujetos declarados TOC (que padecen Trastorno Obsesivo Compulsivo, a veces también adjetivado como resistente) y les proponen tratamientos adecuados a su condición deshumanizada de animales de laboratorio. El primer nivel es una cura medicamentosa con antidepresivos asociados a la terapia conductista intensiva y cognitiva. Con lo que logran crear en el paciente una severa adicción a las drogas prescriptas.

Pero aun si esto no funcionara, anuncian la posibilidad de operar con neurocirugía.

En lo que llama un deseo de poder ciego dice que anuncian “un florilegio de técnicas”, una más mutiladora que la siguiente. Según afirma el autor, los que prescriben la operación no saben siquiera si se debe hacer “una capsulotomía anterior o una tractotomía subcaudada o un leucotomía límbica” porque se opera a la buena de Dios.

Pese a este desconocimiento de lo que prescriben no dejan de describir las lesiones irreversibles que pueden producir las ablaciones y las califican de “complicaciones”, que omiten enumerar en las entrevistas previas, tales como hemorragias e infecciones cerebrales.

Traemos este tema a colación por la, a nuestro juicio, evidente relación entre la toma de poder cognitivista frente a lo que podría significar la búsqueda del sentido del síntoma que rige un tratamiento por la palabra.

Los sujetos victimas involuntarias de ese ejercicio de un presunto “saber” de neonatólogos, obstetras y pediatras empezaron a hacerse oír, con reivindicaciones justas si se toman en cuenta otros paradigmas que se apartan de la medicina y del discurso jurídico.

Una de las hipótesis que se barajan es que no hay mejor manera de hacer callar a un sujeto que amenazarlo in situ con el cuchillo si declara algún tipo de obsesión. Especialmente porque, como se sabe, la obsesión incluye una gama amplia de conductas tales como verificar repetidamente si uno ha cerrado bien todas las perillas de luz, gas y/o canillas de la casa o postergar indefinidamente – hasta la muerte del amo y la propia – la realización del acto que se supone una demanda del Otro. Cualquiera puede sentirse identificado.

Con esta increíble incitación al silencio nos encontramos también en el caso de los intersex. Según nos cuentan una y otra vez, un velo de misterio rodea los sucesos biológicos invariablemente considerados como desviaciones de la norma sexual; los sujetos no son ni escuchados ni informados acerca de lo que ocurre y de los planes que se van instrumentando en el proceso de normalización, y se llega, como se lee en mas de un testimonio, a la mentira flagrante.

Muchos se enteran recién en la adolescencia o en la franca juventud de su ambigüedad sexual infantil y de las operaciones a las que fueron sometidos.

Las consecuencias, como es dable concebir, no se hacen esperar en esta época tan proclive a esgrimir un derecho al goce para cada ciudadano. Nuevas comunidades y asociaciones vieron la luz, fundadas en el rechazo al abuso de poder sobre sus organismos infantiles y que con alarmante frecuencia contrariaron su convicción más íntima respecto del sexo al que pertenecen.

Los sujetos víctimas involuntarias de ese ejercicio de un presunto “saber” de neonatólogos, obstetras y pediatras empezaron a hacerse oír, con reivindicaciones justas si se toman en cuenta otros paradigmas que se apartan de la medicina y del discurso jurídico.

Una de las razones que hoy podemos esgrimir es la falta de responsabilidad de que hacen gala tanto médicos como legisladores cuando se les exige hacerse cargo de las decisiones tomadas o de los argumentos falaces con que obtuvieron en ocasiones el consentimiento parental, completamente desinformado o a lo sumo tendenciosamente informado.

Ésa es la entrada posible en el debate para una teoría del cuerpo diferente, no centrada en la forma perceptible…

Ésa es la entrada posible en el debate para una teoría del cuerpo diferente, no centrada en la forma perceptible pese a la importancia que Freud le otorgara en 1925 en su trascendente artículo acerca de las consecuencias psíquicas que puede tener la percepción de la diferencia sexual anatómica y que por cierto no ponemos en duda. Así como Freud lo explica está claro que tiene, pese a la perversión polimorfa infantil, la convicción de que hay dos sexos, el de la nena y el del varón, que no responden del mismo modo a esa diferencia. En el varón esa percepción primera no produce otros efectos iniciales más que de desinterés, repudio o atenuación. Solo se significa más adelante, bajo el efecto del discurso social, como horror o desprecio por lo femenino.

Para la niña el juicio es inmediato y por comparación, mantendrá durante años la esperanza de alcanzar el tamaño del pene masculino, compartirá el desprecio masculino a la mujer, lo utilizará para el desarrollo de su feminidad o rechazará de plano su inferioridad, lo cual para Freud implica entrar en el terreno del diagnóstico.

La importancia de la anatomía persiste aun cuando se considera al falo en su vertiente simbólica. Más aun, Lacan vuelve a ella en el seminario de la Angustia que dicta en 1962-1963.

Allí, increíblemente, después de toda su etapa estructuralista donde la supremacía es de lo simbólico, no vacila en asimilar el origen de la amenaza de castración a la deflación fálica, así como ubica lo masculino y lo femenino en el serlo y en el tenerlo.

Sin embargo el problema no es tan lineal. Si bien la presencia o ausencia del pene que sostiene las identificaciones aparece como prioritaria en la elección de sexo, ya desde el inicio, al considerar el cuerpo imaginario en la neurosis y en la perversión, el organismo tiene un estatuto particular.

Este organismo no es el organismo puro y vivo sino que una vez que el ser viviente ha quedado afectado por el lenguaje que lo nombra, el cuerpo imaginario i(a) tiene además un agregado, el órgano libidinal que se inserta en las zona erógenas. Este agregado libidinal es crucial pues es el que permite al sujeto investir libidinalmente al otro.

Este organismo no es el organismo puro y vivo sino que una vez que el ser viviente ha quedado afectado por el lenguaje que lo nombra, el cuerpo imaginario i(a) tiene además un agregado, el órgano libidinal que se inserta en las zona erógenas. Este agregado libidinal es crucial pues es el que permite al sujeto investir libidinalmente al otro.

i(a)+ libido
Este abordaje teórico resulta de importancia cuando se plantea la relación entre la posición sexuada del ser hablante y la elección de objeto.

Es por este aspecto de la sexualidad entonces que resulta necesario introducir otra vertiente del cuerpo que no responde a la imagen del mismo sino que lo concibe como sustancia gozante.

Es un cuerpo que no significa sólo como materialidad orgánica ni como un compuesto de materia y género, de naturaleza y cultura, de organismo y prácticas discursivas que delimitan sus posibilidades.

Es un cuerpo cuya matriz es informe y agujereada, que no una tiene imagen especular a la que alienarse ni que le muestre cómo debe ser.

¿Cómo se producen esos agujeros corporales?

La identidad es una articulación entre la forma, el nombre y lo real que se produce por la junción de la imagen con el sentido.

Por medio de lo simbólico, instancia a la que Lacan luego llamará nominación. Es por la nominación que el cuerpo vacío de la bolsa imaginaria es perforada y se vuelve permeable a lo exterior, mejor dicho a lo éxtimo, a lo que siendo exterior se transforma en lo mas intimo del sujeto. Pero esto implica tener en cuenta la función de otro tipo de objeto, el objeto a, que es lo que hace huecos en la bolsa.

Estos objetos a no son exteriores al sujeto ni están ausentes del objeto elegido en carne y hueso. Y funcionan agujereando, creando no la falta que caracteriza al sujeto sino el vacío que es pulsión. Como efecto se produce lo real.

Los objetos a son el resultado de los agujeros producidos por la nominación en lo imaginario que tiene valor de marca, de real.

Es esta marca, que a veces llamamos letra porque deriva de la marca en ese sentido, y no de la imagen corporal, surge el sentimiento de identidad.

La imagen corporal sola no basta, pues la forma es siempre del Otro, produce ese sentimiento de extranjeridad del que hablamos al comienzo, de alienación al Otro.

La identidad es una articulación entre la forma, el nombre y lo real que se produce por la junción de la imagen con el sentido.

Se pone en juego así lo que el cuerpo es para el psicoanálisis: un nudo de tres dimensiones, donde lo simbólico hace su marca en lo real, que ya no es el de la medicina, dándole una consistencia doble, imaginaria por un lado y pulsional por el otro. Recordemos que para el psicoanálisis el término “consistencia” significa “hacer Uno”, concebirse como “unidad”.

Cheryl Chase , fundadora y dirigente del ISNA (Intersex Society of North America ) cuestiona los criterios de asignación de sexo pero por otros motivos que los analíticos.

Propone postergar las operaciones pues los pacientes no son los padres sino los hijos y ¡no se trata de ajustarlos a ellos!

En nuestra opinión sería recomendable que no solo los padres entiendan que los cuerpos pueden adquirir contexturas diversas aunque no sean las más comunes. Como veremos mas adelante la lógica de lo continuo puede ser más apropiada que la clasificatoria al menos en un ámbito donde a la forma del cuerpo se suman complejos procesos de sexuación.
Su idea es que la identidad de género no es frágil y que la decisión debe ser dejada a cada uno. Además sostiene que las operaciones parten de un punto de vista erróneo y falaz pues buscan una normalización, con N mayúscula, pero imposible. Los intersexuales jamás serán “normales” desde la óptica anatómica, los genitales nunca serán los de los demás. Pero asegura que un alto porcentaje de intersexuales operados desearía volver a tener aquellos de su nacimiento, sobretodo en el caso de las hiperplasias suprarrenales congénitas. A esas niñas se les fabrica una vagina porque el criterio es la fertilidad. Pero la mayoría opta por el funcionamiento sexual.

El ya citado Dr. Devore, de Hopkins University, se manifiesta contrario a la idea de la normalización . Además considera que son los padres los que deben ser tratados en primer lugar pero no por sus angustias probables sino por su posición ideológica respecto de lo normal y lo patológico en lo que hace al género y a la sexualidad.

En nuestra opinión sería recomendable que no solo los padres entiendan que los cuerpos pueden adquirir contexturas diversas aunque no sean las más comunes. Como veremos mas adelante la lógica de lo continuo puede ser más apropiada que la clasificatoria al menos en un ámbito donde a la forma del cuerpo se suman complejos procesos de sexuación.

En un breve relato Ariel Rojman , activista intersexual actualmente residente en Israel, relata que pese a haber nacido como un varoncito “normal” pronto los médicos afirmaron la necesidad de corregir su cuerpo porque tenía “problemas”. Esta corrección revestía cierta urgencia social.

Ariel tenía hipospadias. Este tipo de conformación peniana impide orinar de pie porque el final de la uretra no está en la punta del órgano. Y orinar parado parece ser un signo inequívoco de virilidad. Por lo tanto las correcciones apuntaban a evitar que Ariel fuera avergonzado por los amigos y compañeros de colegio.

…a las nociones de inclasificable y de síntoma que orientan nuestra clínica actual, que deja un poco de lado la clasificación psiquiatrita clásica y aun las más actuales, que se caracterizan por largas listas de lo que llamamos síntomas sociales. Creemos que es por la herramienta teórica que nos ofrece el síntoma como nombre de goce singular que podemos echar una mirada al sesgo sobe la cuestión intersex.

Sin embargo el resultado no fue el esperado. Nueve operaciones realizadas sólo lograron que tuviera una apariencia mucho menos “normal” que la inicial y con una importante pérdida de sensibilidad Dice A. Rojman: ” …imaginen …..yo lo siento como si estuviera tocándome a través de muchas capas de algodón”.

Su opinión es interesante pues hace mención de un fantasma generalizado de desviación según el cual la corrección de la desviación evitaría desviaciones en la sexualidad.

Lo que debemos entonces definir es el campo de la elección de sexo y de la política que implica.

Para ello revisaremos primero algunos testimonios, para luego intentar algunas definiciones que nos permitan precisar de qué hablamos cuando decimos ambigüedades sexuales.

Por otra parte intentaremos un debate, desde el psicoanálisis lacaniano con las teorías que subyacen la política intersex, como J. Butler, M. Foucault, etc.

Para ello recurriremos a las nociones de inclasificable y de síntoma que orientan nuestra clínica actual, que deja un poco de lado la clasificación psiquiatrita clásica y aun las más actuales, que se caracterizan por largas listas de lo que llamamos síntomas sociales.

Creemos que es por la herramienta teórica que nos ofrece el síntoma como nombre de goce singular que podemos echar una mirada al sesgo sobe la cuestión intersex.

Artículo por:

Vera Gorali

Psicoanalista, analista miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP), responsable del Departamento de Estudios sobre el cuerpo (DEC) del CICBA. 

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