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Historia y Kulturarbeit De Piera Aulagnier a Nathalie Zaltzman

Quebec

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Historia y Kulturarbeit De Piera Aulagnier a Nathalie Zaltzman | Letra Urbana

La historia es relato de acontecimientos verdaderos, de la singularidad del acontecimiento pero sin interesarse por las biografías de los sujetos que los protagonizan. En cambio, el psicoanálisis parece centrarse en la biografía de los individuos, en la historia de cada sujeto. Desde las perspectivas aportadas por Piera Aulagnier y Nathalie Zaltman, ¿qué piensa el psicoanálisis de la historia?

Si la historia es relato de acontecimientos verdaderos, el conocimiento histórico no es conocimiento de los acontecimientos en su singularidad, sino en lo que tienen de específico, en lo que ofrecen de inteligible. La singularidad del acontecimiento no interesa al historiador. La historia no se presenta como la recopilación de las biografías de los sujetos uno a uno. En cambio, el psicoanálisis parece centrarse en la biografía de los individuos, en la historia de cada sujeto en la medida en que se interesa y está preocupado por incluirla y apropiársela. ¿Cómo entonces el psicoanálisis piensa la historia? Para responder a estas interrogantes, partiré de las obras de Piera Aulagnier y de Nathalie Zaltzman. La noción de historia constituye uno de los pilares de la reflexión psicoanalítica de Aulagnier. Encontramos en su obra una elaboración específica y original de esta noción vinculada a las de memoria y temporalidad.

La singularidad del acontecimiento no interesa al historiador…En cambio, el psicoanálisis parece centrarse en la biografía de los individuos, en la historia de cada sujeto…

En cuanto a Nathalie Zaltzman, su interés por la historia está particularmente vinculado a lo que llama, en La résistance de l’humain[2] (La resistencia de lo humano), el acontecimiento principal colectivo e individual del Siglo XX: el derrumbe ocurrido de los criterios mismos de la civilización tras la institución de los regímenes totalitarios y de los universos de campo de concentración. Las nociones de identificación superviviente y de Kulturarbeit (trabajo de cultura o de civilización) se sitúan en el corazón de su reflexión sobre la historia. La elección de estos dos autores no es arbitraria, sino que obedece a un vínculo de continuidad, quizá incluso podría decir, a un vínculo de filiación. En De la guérison psychanalytique [3] (De la curación psicoanalítica), Zaltzman rinde homenaje a Aulagnier y reconoce su deuda hacia sus avances teóricos.

La historia en Aulagnier

…la madre, que Aulagnier designa como el portavoz, enuncia, en lugar del infans, un discurso que precede con mucho su nacimiento ; es lo que nombra la sombra hablada…

La cuestión de la historia en Aulagnier está vinculada íntimamente a la constitución del Yo [4] y a su función de historiador. Pero, en primer lugar, ¿qué entiende por Yo? Una instancia psíquica que tiene por tarea la producción de representaciones idéicas, un trabajo de puesta en sentido que no puede existir sin el lenguaje. Es una instancia constituida por el discurso que no es co-extensiva a la psique. Su advenimiento tiene lugar en una psique habitada por otras instancias y otros modos de representación. Sin embargo lo que la define específicamente es el trabajo de autohistorización por el cual realiza una construcción-reconstrucción sin fin de su pasado que le permite dar sentido a su presente y elaborar un proyecto identificatorio que hace su futuro pensable. Su aparición va precedida de un tiempo en el que sólo existe como anticipación: la madre, que Aulagnier designa como el portavoz, enuncia, en lugar del infans, un discurso que precede con mucho su nacimiento ; es lo que nombra la sombra hablada, y supuesta por la madre hablante. Está constituida por una serie de enunciados testigos del deseo materno relativo al niño [5]. Pero este antes del momento en el que el Yo adviene en la escena psíquica, el sujeto no podrá tener conocimiento de él sino a través de la versión que podrá proponerla la madre.

En la versión que le propone la madre, podrá oír un relato que cuenta el pasado de un amando-amado, él podrá oír las palabras del oráculo que le revela si hadas o brujas se inclinaron sobre su cuna.

Le pedirá prestada la información que le permitirá escribir este primer capítulo. «El discurso de la madre, al relatarle la historia de su propia relación al bebé que no es ya – historia más o menos verídica, más o menos inventada – le hará pensable ese antes que se constituye como la prueba de la espera de la madre, de su deseo. […] En la versión que le propone la madre, podrá oír un relato que cuenta el pasado de un amando-amado, él podrá oír las palabras del oráculo que le revela si hadas o brujas se inclinaron sobre su cuna. Eso no impedirá que siga siendo tributario, en este registro, de un supuesto conocimiento, de una supuesta memoria, de una supuesta verdad que pertenecen a un otro[6]»  escribe Aulagnier en L’apprenti-historien et le maître-sorcier. En esta obra, donde el aprendiz de historiador no es sino el Yo, la autora formula las dos interrogantes que aparecen entre líneas a través de todos sus escritos y que condensaré de este modo: la función del Yo es una función de historiador. Está animado por una investigación causal que, a través de la construcción o de la invención de su historia libidinal y, añadiría, identificatoria, hace sensatas y aceptables esas duras realidades que son el mundo exterior y el mundo psíquico, que, en una buena parte, le sigue siendo desconocido. ¿Cómo procede en su trabajo de construcción-reconstrucción? Si la ontogénesis psíquica, es decir, la historia libidinal e identificatoria, «trata de deseos (de las causas) que hicieron que un huevo pudo ser fecundado y de sus consecuencias a lo largo del devenir de ese ” huevo”[7] », el Yo no puede impedir interrogarse sobre esta ontogénesis ni evitar buscar a reconstruir su desarrollo por mucho que los documentos de los que dispone sean fragmentarios. Su funcionamiento depende de esta historia en la cual va a afianzarse y en la cual va a substituir a un tiempo vivido-perdido la versión que va a contarse a través de la reconstrucción de las causas que lo hicieron ser; le permitirán incluir su presente al mismo tiempo que harán pensable y catectizable su futuro. El vínculo y la casi identidad del Yo con la memoria resultan evidentes. La memoria «es ese Yo pasado al que el Yo presente hace un llamado para poder reconocerse como un existente[8]» escribe Aulagnier. Añade que puede compararse  a ese lugar de su propio espacio psíquico dónde el

La memoria «es ese Yo pasado al que el Yo presente hace un llamado para poder reconocerse como un existente…

Yo deposita, con el fin de preservarlos del desgaste, fragmentos del tiempo que pasa y se pierde, «fijando el recuerdo de las experiencias afectivas que modificaron su trayectoria identificante, ora abriéndole una nueva vía, ora extraviándole en un callejón sin salida [9] .» Mas este Yo no podría existir sin un “capital de memoria” que se constituye en la infancia, formado a partir de todos los elementos que han sido catectizados y continúan siéndolo; son puntos de sujeción estables que dan al sujeto un sentimiento de continuidad a pesar de los cambios de su deseo, de sus elecciones y procuran que lo que se modifica en él no lo vuelva extraño a sí mismo ni a lo que fue. Es, escribe Aulagnier, «el garante de la permanencia identificatoria de aquél que se deviene y que se seguirá deviniendo y por esa misma razón de la singularidad de su historia y de su deseo [10].»  Pero si es cierto que con el Yo irrumpe en la psique la categoría de la temporalidad, no se limita a la reconstrucción del pasado al que se entrega, abre sobre un tiempo futuro, sobre un saber sobre el Yo futuro y sobre el futuro del Yo. Estamos aquí en el corazón de lo que Aulagnier designa como el proyecto identificatorio. ¿Qué entiende por estos términos? «Por ese término, escribe Aulagnier, designamos los enunciados sucesivos por los cuales el sujeto define (tanto para él como para los demás) su deseo identificatorio, sea su ideal. El “proyecto” es lo que, en la escena del consciente, se manifiesta como efecto de los mecanismos inconscientes propios de la identificación; representa a cada etapa el compromiso “en acto” [11] .» Lo que el proyecto identificatorio nos da a conocer es que el Yo está condenado a pensar, a anticipar, a catectizar un espacio-tiempo futuro no sólo imprevisible sino que quizá no tendrá nunca que vivir. « En otros términos catectiza un “objeto” y una “ruta” que poseen las propiedades que más aterran al Yo: la precariedad, la imprevisibilidad, la posibilidad de faltar [12] .»

¿Qué ocurre con el acontecimiento?

…el acontecimiento no es todo lo que ocurre, en la medida en que ese todo no tiene siempre incidencia sobre la psique.

Está claro en primer lugar que el acontecimiento constituye el material con el cual el Yo construye y se apropia su historia. Sin embargo desde un punto de vista psicoanalítico, el acontecimiento no es todo lo que ocurre, en la medida en que ese todo no tiene siempre incidencia sobre la psique. El acontecimiento no es un acontecimiento fuera de la psique. Sólo adquiere su estatuto por sus efectos y como tal en el après-coup. Es decir que en psicoanálisis el acontecimiento es sólo psíquico. Como escribe Marie Moscovici : «La noción de acontecimiento psíquico […] existe en la trama del escrito inaugural del psicoanálisis, pero Freud ni la tematizó ni la sintetizó como tal (aunque la propia palabra, el acontecimiento, aparezca en un título importante: ” Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico[13]”)[14]». Marie Moscivici habla de una paciente, la Sra. M., que le anuncia con una voz grave: «Aconteció algo, Gérard [es su hijo de veintiún años] sangró de las encías cepillándose los dientes.” Y la paciente comenta: “Es terrible, siempre ocurre algo terrible.” Es el encuentro entre la ansiedad de un hijo y la obsesión de una madre – la conjunción de dos discursos, según Moscovici, lo que recorta aquí el acontecimiento. Para la Sra. M. el final  del enunciado es indispensable y hace de este acontecimiento banal y anodino un acontecimiento psíquico que va a torturarla y hacerla hablar de una enfermedad inevitable que podría afligir a su hijo. El acontecimiento psíquico sería lo que reactiva siempre y sin fin la construcción-apropiación de esa historia, la búsqueda de sentido, obra del Yo. Este trabajo del Yo se expresa en y a través de un relato que intenta evocar la singularidad de una vida.

De la curación psicoanalítica (De la guérison psychanalytique) : la identificación superviviente

«Las modificaciones que incumben al análisis se refieren a los modos de organización de las conflictualidades inconscientes en lo que tienen de más singular, de más dialécticamente propio de un Yo único,  en un cuerpo y una historia única, designada por un nombre y un patronímico que distinguen ese Yo de todos los demás » escribe Nathalie Zaltzman cuyo libro De la guérison psychanalytique [15] es, incuestionablemente, una de las obras más originales y más personales publicadas estos últimos años en el mundo psicoanalítico. Allí se reflejan a la vez el sentido clínico del autor y su capacidad especulativa.

…la patología aparece íntimamente vinculada al proceso civilizador. El mérito de Zaltzman consiste en escribir un libro donde emprende de nuevo el análisis de esa doble dimensión…

 

Esta obra reúne textos que la autora escribió durante los últimos veinte años y que son testigo de una fidelidad a algunos temas sobre los cuales no dejó de interrogarse. Mismo si la influencia de Piera Aulagnier es manifiesta en sus escritos, Zaltzman permanece muy cerca de Freud cuya obra intenta releer y trabajar de nuevo articulando dos dimensiones que los analistas contemporáneos abandonaron: la individual y la cultural. La obra de Freud no es sólo un estudio de las distintas patologías psíquicas con las cuales el ser humano puede enfrentarse durante toda su existencia. Es también una reflexión antropológica y social. Obras como Totem y tabú, Malestar en la civilización o El Hombre Moisés y la religión monoteísta articulan una reflexión en torno a la cultura donde la patología aparece íntimamente vinculada al proceso civilizador. El mérito de Zaltzman consiste en escribir un libro donde emprende de nuevo el análisis de esa doble dimensión. Si la curación psicoanalítica – y el adjetivo es indispensable para destacar su especificidad – es el tema central del libro, las vías por las cuales lo explora- la relación del Yo con los otros, para retomar la expresión de Aulagnier, las pulsiones de muerte, en particular, su notable reflexión sobre la pulsión anarquista, la Kulturarbeit – constituyen tantas cuestiones que presentan un interés independiente de la curación. No puedo, en el cuadro de este artículo, dar cuenta de toda la riqueza de sus análisis. Me limitaré a lo que puede articularse con la historia y el acontecimiento.

…el inconsciente individual no existiría sin referencia al conjunto, que a su vez no existiría sin la referencia al inconsciente individual.

La historia tal como el hombre la conocía y se la relataba deja de ser inteligible, a partir del momento en que se produce el acontecimiento del totalitarismo y de los campos de concentración. ¿Qué deviene entonces el Yo, la construcción de la historia por el Yo? En ese contexto, ¿cómo el hombre sigue viviendo y catectizando? Zaltzman habla de una identificación superviviente puesta en relieve por toda la literatura de campo de concentración: testimonia de una referencia inconsciente “de inclusión indestructible del individuo en el devenir del hombre.” Es esa referencia inconsciente que R. Antelme llama: La especie humana[16]. ¿Por qué identificación superviviente? Porque sobrevive «al derrumbe ocurrido de la civilización occidental en su función de defensa del individuo contra el reino del asesinato [17]. » Para dar cuenta del origen psíquico de esta identificación, Zaltzman recurre a la herencia filogenética que, según ella, sobreviviría en la historia individual, concepto que los sucesores de Freud habían abandonado completamente [18]. Es además uno de los méritos de su libro. Esa herencia filogenética significa que el inconsciente conservaría huella de lo que la especie humana depositó en él. En ese sentido, el inconsciente individual no existiría sin referencia al conjunto, que a su vez no existiría sin la referencia al inconsciente individual. Es ese vínculo impersonal de pertenencia a la especie que los torturadores de los campos de concentración y de los regímenes totalitarios pretendieron destruir sin lograrlo. Ese mismo vínculo obligó a las víctimas y a sus descendientes a llevar esa catástrofe en su carne y en su alma, a testimoniar, haciéndola entrar en la historia e intentando hacerla inteligible. Es el nuevo orden que el hombre no sabría eludir: «de ahora en  adelante se inscribe en el orden de los posibles que el hombre pueda dejar de ser un hombre según él y respecto de un otro [19]. »

La Kulturarbeit

La Kulturarbeit es un proceso que inserta cada Yo en el conjunto humano sellando hasta cierto punto su pertenencia a este conjunto;…el conjunto, que sólo vive a través de los Yo que le constituyen, se encuentra transformado por ellos.

Sólo la obra de la Kulturarbeit puede socorrer el ataque sufrido por el hombre por el hecho del totalitarismo y de los campos de concentración. Este concepto, omnipresente en este libro y clave posible de su lectura, permite articular historia y acontecimiento, en la medida en que lo individual y lo colectivo se arraigan íntimamente en él. ¿Qué es la Kulturarbeit? Una noción que Freud utiliza al final de la XXXIa conferencia de las Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis: « Donde el Ello era, Yo debe devenir. Es un trabajo de cultura como el desecamiento del Zuiderzee [20].» Zaltzman lo retoma, calificándolo de irremplazable y de intraducible, y prefiere designarlo por el término alemán. La Kultur en la obra freudiana se refiere, según ella, a la Kulturarbeit. No la define sino que la compara con los conceptos de civilización y de cultura para delimitarla y diferenciarla. Sitúa estos conceptos dentro de ese fenómeno histórico característico del Siglo XX que se llama totalitarismo y que enfoca como el derrumbe de los intereses y de los derechos del individuo a favor de una organización de masa que niega al individuo. Ahora bien, todo cambio se produce a través del «individuo aislado, visionario y marginal [21].» Es allí donde entra en juego la Kulturarbeit. Es un proceso que el método analítico puso de relieve, revelando cómo trabaja en provecho de la evolución humana. Se realiza en la historia singular de cada Yo, a través de lo psíquico en lo individual: lo que allí se elabora no muere con el Yo sino que se transmite. Podemos comparar  la Kulturarbeit con el proceso de historización que describe Aulagnier. En efecto, «a través de cada proceso analítico, escribe Zaltzman, se modifica no sólo la historia de una vida sino la historia de los ascendientes y de los descendientes de esa vida. En la práctica, no dejamos a través de cada análisis de remontar el curso de las generaciones que preceden el analizando y observamos hic et nunc cómo su historia se encuentra retroactivamente modificada en la escena psíquica del que hace un análisis, por lo tanto en la transmisión del pasado que él hará a su vez [22]. » La Kulturarbeit es un proceso que inserta cada Yo en el conjunto humano sellando hasta cierto punto su pertenencia a este conjunto; lo modifica en función de los acervos de este conjunto, pero al mismo tiempo el conjunto, que sólo vive a través de los Yo que le constituyen, se encuentra transformado por ellos. Los vínculos entre los Yo y el conjunto humano serían vínculos dialécticos.

Para terminar, propondré dos ejemplos de la Kulturarbeit. El primero lo observamos en la relación que existe entre  la Kulturarbeit y la curación psicoanalítica: «es por medio de este proceso que pasa la curación psicoanalítica, por esta vía de ” culturación” [23]. » «En la Kulturarbeit tal como se realiza en el curso de un análisis, hay, con motivo de un paso franqueado del Ello al Yo (me refiero aquí a la fórmula condensada de: Wo es War soll Ich werden) efectos de curación indirectos por consentimiento a la condición cultural, a la condición plural de la vida psíquica [24]. » El segundo nos lo ofrece la literatura de campo de concentración que «transforma una experiencia traumática bruta, individual y colectiva, en obra interpretativa común [25].»  Esta literatura nos ofrece el ejemplo de lo que ocurre en un análisis: lo conflictual más singular, pero al mismo tiempo más común a todos, se transforma en vía interpretativa para el conjunto.

[2] La resístanse de l’humain, Préface, Paris, PUF, 1999, p.1
[3] De la guérison psychanalytique. Paris, PUF, col. Épîtres, 2e Edition, 1999, p. 106 y 155
[4] En francés le Je y no le Moi.
[5] La violencia de la interpretación, Del pictograma al enunciado, (1975 [1988]), Amorrortu editores, p. 140 ¿?
[6] L’apprenti-historien et le maître-sorcier, col. Le fil rouge, Paris, PUF, 1984, p. 205. Es mi traducción. Existe una traducción al castellano: Aprendiz de historiador y el maestro brujo, Amorrortu editores.
[7] Ibid., p.9
[8] Le temps de l’interprétation, Topique, 46, p.177
[9] Ibid., p.177
[10] (1984) Se construire un passé, Journal de psychanalyse de l’enfant, n0 7, Pianos, p, 195
[11] (1991) Un interprète en quête de sens, Paris, Payot, p.182. Es mi traducción. Existe una versión en castellano: Un interprete en busca de sentido,Siglo XXI.
[12] (1979 [1994] Los destinos del placer, Alienación, amor, pasión, Paidós, psicologia profunda, p.27
[13] Obras completas, tomo XII, Amorrortu editores, p. 217-231
[14] (1991) Il est arrivé quelque chose, Paris, Payot, p.9
[15] (1999) De la guérison psychanalytique, Paris, PUF, Épîtres, 2e Edition, p.45
[16] La especie humana, Prentice Hall S.
[17] La résístance de l’humain, p.1
[18] Benhaim, David, La filogénesis y lo transgeneracional in Psicoanálisis e intersubjetividad, n0 3, http://www.psicoanalisiseintersubjetividad.com/website/numero3.asp
[19] Ibid., p.23
[20] (1933 [1932] [1991]) Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis, tomo XXII, Amorrortu editores, p.74. Son mis bastardillas.
[21] De la guérison psychanalytique, p.16
[22] Ibid., p.45
[23] Ibid., p.44
[24] Ibid., p.46
[25] Ibid., p. 106

Artículo por:

David Benhaim

David Benhaim
Psicoanalista, Quebec, Canadá. 

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