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“En el mundo contemporáneo la naturaleza y la cultura son parte de un mismo lazo”. Entrevista a Carlos Fonseca

Londres

Por Isabel García Cintas

“En el mundo contemporáneo la naturaleza y la cultura son parte de un mismo lazo”. Entrevista a Carlos Fonseca | Letra Urbana

Cuando el escritor calibra la distancia de los hechos para narrar la buena historia.

Carlos Fonseca es un joven escritor que viene emergiendo con una escritura decidida. Sus dos novelas hasta ahora publicadas, Coronel Lágrimas y Museo animal, han sido muy bien recibidas en el mundo literario de habla hispana. Forma parte del grupo Bogota-39 y en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2016, la FIL celebró su trigésimo aniversario con un proyecto llamado Ochenteros. Fonseca fue incluido y elegido entre otros autores latinoamericanos jóvenes descritos como: “Escritores sin etiquetas; ni nietos del boom, ni del posboom, ni discípulos del crack, simplemente diremos que son jóvenes que experimentan, que se atreven, que están atentos a la dramática realidad de sus países, voces a descubrir de la nueva literatura latinoamericana”.

Este joven “Ochentero” además de atreverse a tratar con su pluma realidades y complejidades de una manera tan sutil como poderosa, trae en su orillo la memoria del haber pensado en ser un matemático. No sé si será porque alguna vez se interesó mucho en la abstracción y la lógica que su narrativa sabe aislar uno a uno los elementos que, sin apurarse a cobijarnos en la calma de alcanzar un significado, sencillamente son recortados, presentados y ofrecidos a una trama que se amplifica paso a paso y demora en coagular el sentido. Como lectores quedamos allí convocados, exigidos a tolerar la tensión de una lectura no lineal y algo incómoda, porque las formas se tejen y entretejen fragmentadas en varias vueltas hasta que cuajan en una historia, donde lo que era opaco comienza a resplandecer.en mis escrituras y mis novelas siempre los protagonistas cruzan fronteras y siempre viajan. Sienten cartografías más allá de las cartografías nacionales.

A raíz de su presentación de Museo animal, en Miami, entrevistamos al autor unas horas antes del evento, que se llevó a cabo en la librería Books & Books y fue auspiciado por Spanish Publishers, la revista Letra Urbana, la Feria Internacional del Libro de Miami, y la Editorial Anagrama; y contó con la participación del escritor Pablo Brescia.

¿Cómo fue tu ruta hacia la literatura? Es algo que tenías en mente desde niño, o surgió más adelante, y si es así, ¿qué te llevó a ella?

La ruta fue bastante larga. A los catorce o quince años yo quería ser matemático y me interesé por las matemáticas abstractas, pero poco a poco me fue interesando la lógica matemática, la lógica como tal, y de ahí pasé a la filosofía con autores como Ludwig Wittgenstein, Bertrand Russell y  Friedrich Nietzsche, y ahí me di cuenta de que lo que me interesaba era, más que la filosofía como búsqueda de la última verdad, era la filosofía como escritura. Entonces a los diecinueve o veinte años, cuando fui a la universidad en vez de estudiar matemáticas, cambié de carrera y entré en literatura. Ahí empecé mis primeros intentos de escribir, que no eran novelas, sino más bien fragmentos, trozos en los que uno no sabe si está escribiendo poesía, cuentos, novela o literatura como tal.

Naciste en Costa Rica, pero te criaste en Puerto Rico, para luego estudiar en Estados Unidos y en Londres. ¿Te sientes más identificado con algún lugar en especial? ¿Cómo te marcaron esas experiencias?

Soy costarricense por parte de padre, y por parte de madre soy portorriqueño. Salí de Costa Rica muy chiquito, a los siete años, y a los dieciocho fui para Estados Unidos. Creo que esa vivencia de multinacionalidad me marcó en el sentido de que en mis escrituras y mis novelas siempre los protagonistas cruzan fronteras y siempre viajan. Sienten cartografías más allá de las cartografías nacionales. De alguna manera creo que, precisamente como no me sentía ni costarricense ni portorriqueño, sino ambos, pude pensar espacios narrativos más amplios.

Podríamos decir que eres un escritor con un concepto global. Y es cierto que, en tus dos novelas, Coronel lágrimas y ahora Museo animal, tus personajes se mueven con soltura de un país a otro, como si necesitaran saltar las fronteras nacionales. Cuéntanos un poco más…

Si, es como que el espacio nacional me resulta un poco claustrofóbico.la pregunta para el narrador sería, ¿desde dónde me ubico para mirar a ese que está detrás de la ventana, y cómo lo enmarco? Entonces darle forma a la narración para mí es fundamental y eso sería el poder de la ficción. Hay grandes escritores del espacio nacional, puedo pensar en grandes autores que escriben dentro de las fronteras de su nación, pero en mi caso, me siento más libre y más a gusto con estos personajes que circulan, que viajan. Y bueno, los viajes son uno de los grandes orígenes de la narración. Siempre se piensa, siempre se dice que hay dos grandes personas que pueden ser narradores, el que viaja, o el que ya lleva muchos años de experiencia porque es muy mayor. O sea, el que ha vivido dos grandes viajes, en el tiempo o en el espacio. Y el viaje en el espacio es promotor de la narración.

¿Cuáles son los escritores que más influyeron en tu trabajo, y por qué?

Esa es una pregunta que no me suscita una contestación imediata. Podría decir que la obra de Borges, de William Faulkner, la obra de autores como Thomas Bernhard, Ítalo Calvino fueron fundamentales. Pero creo que también son fundamentales las primeras lecturas de uno. Esas lecturas que uno tiene a los quince, dieciséis o diecisiete años y que uno cree que las ha dejado atrás; pero yo sigo pensando que esas lecturas son fundamentales, son las que quedan de alguna manera muy subconsciente, muy subterráneas. Y ahí estarían autores como Clarice Lispector, Margherite Duras, las primeras lecturas apasionadas mías que fueron las de los existencialistas, autores como Albert Camus o Simone de Beauvoir, esas lecturas me interesan bastante.

Cuéntanos si tuvo algo de vértigo el hecho de que desde tu ópera prima tu trabajo fuera publicado por Anagrama, que te reconozcan dentro del proyecto Ochenteros y que te incluyan en el grupo Bogotá 39. ¿Cómo ha transformado eso tu trabajo?

Bueno, esas son cosas extra-literarias. Es decir, obviamente le dan a uno confianza en el proyecto que tiene. En mi caso, son novelas bastante idiosincráticas, no son del tipo best-selleers por ejemplo. Esos premios creo que son importantes, pero creo que el escritor lo debe ver como algo extra-literario y no definirse en relación al premio. El proyecto de escritura de cada escritor tiene que ser algo muy singular, muy personal, muy privado, y lo importante para mí es que cada escritor lleve su proyecto hasta las últimas consecuencias. Es decir, que sea fiel a él y que no importe tanto la recepción crítica. Creo que a veces es muy peligroso que el escritor se empiece a leer a sí mismo en relación a lo que dice la crítica. El tipo de novelas que uno escribe tiene uno que decirlo o sacarlo en relación a su propio trabajo.

En Respiración artificial, Ricardo Piglia dice que la Historia “Es como una línea de continuidad… que quienes le prestan atención, la escuchan y la descifran, pueden convertir este caos en algo transparente como el cristal”. En la trama de Museo animal tus personajes van hilando los datos y las memorias a partir de una vivencia en común, buscando esa línea de continuidad. ¿Podrías elaborar sobre esto?

tal vez los historiadores han creado una historia oficial, o el Estado a creado una Historia oficial, ante la cual podría uno de alguna manera resistir, creando pequeñas historias que puedan crear otro relato posible.Ricardo Piglia fue para mí uno de los grandes escritores latinoamericanos. Fue una gran influencia y lo leo muchísimo, y entre las tantas frases impresionantes que tiene Piglia, puntuales y agudas, esta es una de ellas. Y la capacidad que tiene para sugerir cómo la ficción es otra forma de reelaborar la escritura de lo histórico. Respiración artificial comienza con la frase: “¿Hay una historia?”, que te hace pensar, bueno, ¿hay una historia con H mayúscula?, ¿o hay una historia, con minúscula, o sea, narrada? Entonces, esa lucidez que tiene Piglia para sugerir que toda narración con h minúscula reconstruye un poco la Historia, con H mayúscula, para mí, es esencial. En las dos novelas hay un intento de llevar la historia global, mundial, universal, y tratar de hilvanarla, a través de narraciones mínimas, en personajes un poco de trama policial, en homenaje a Ricardo Piglia. En particular, en Museo animal, tratan de entender ese sentido oculto de la historia, ese secreto que murmura el archivo que recibe el protagonista al comienzo de la novela.

El personaje que narra dice que siempre ignoramos que alguien puede estar mirándonos por una ventana. Detrás de esa posibilidad se esconde el origen de la ficción. ¿Cómo piensas la ficción?

Esa cita un poco lo que sugiere es que cada ficción implica un marco. Es decir, hay una ventana bajo la cual alguien nos está mirando desde una posición. Entonces, cuando pienso en las ficciones y en mis novelas, siempre pienso en los marcos narrativos desde los que voy a narrar. En el Coronel lágrimas hay un marco, una forma, una estructura narrativa muy particular, que tiene algo de mosaico, de caleidoscopio. En Museo animal también está ese marco narrativo, con cinco partes distintas, cada una narrada con un estilo un poco diferente. Entonces, la pregunta para el narrador sería, ¿desde dónde me ubico para mirar a ese que está detrás de la ventana, y cómo lo enmarco? Entonces darle forma a la narración para mí es fundamental y eso sería el poder de la ficción.

Mucho de la historia gira alrededor de las intervenciones dentro del arte y el aventurar definiciones de qué es una obra de arte. Citas los “happenings”, los eventos mediáticos ficcionales sobre la realidad. ¿Cuándo la política crea noticias de ficción para distraer u obtener ciertos resultados, estaría haciendo una forma oblicua de arte?

La referencia que hago del arte es ese grupo de artistas que surgen en la Argentina a fines de la década de 1960 y principio de los 70s, que es el grupo de Roberto Jacoby, Eduardo Costa y Raúl Escari, en particular el Manifiesto sobre el arte de los medios. La famosa “noticia falsa” sobre un evento que nunca existió, en el que ellos convencen a los medios de difusión que en realidad sí existió. A mí lo que me interesaba era cómo estos artistas ya estaban muy conscientes de que en el mundo en que vivimos los medios construyen las verdades públicas. Cuando ahora surge todo este debate de disputar historias en los espacios públicos, después que yo ya había empezado a escribir la novela, a mí lo que me interesaba era cómo de alguna manera estos artistas ya estaban muy consientes.

No creo que sea arte, lo que esos artistas nos estaban diciendo con el Manifiesto es que esto podría pasar.

Dices en cierto momento: “La idea, fija y absurda, como todas las obsesiones, era que al final de la historia se encontraba el principio, de la misma manera al final del periplo político de la izquierda estaría la derecha: el punto divino en donde la violencia coincidiría consigo misma y los opuestos políticos se mirarían la cara.” ¿Cómo es este efecto circular?

Esto tiene algo que ver con la historia Latinoamericana y cómo de alguna manera los opuestos políticos pueden llegar a coincidir en los extremos radicales. Esto se relaciona al viaje que hace la familia en Museo animal, y tiene que ver mucho con lo que fue la historia del siglo XX, de utopías, que de repente no llegaron a puerto seguro, sino que se convirtieron en sus opuestos.

Sigamos por esta línea con otra reflexión de uno de los personajes, que en tu nueva novela dice:” Se me ocurrió que la historia universal era algo así: una gran mentira que los historiadores habían confabulado en contra nuestra, hilando pequeños desvíos. Una gran mentira de la que despertaríamos demasiado tarde” …

el protagonista y narrador de la novela es un insomne, que siempre en la noche anda en búsqueda de patrones, de más luz entre los laberintos de una historia que es bastante oscura y bastante enigmática.Si regresamos a aquella verdad de Piglia, de la gran historia contada, o la historia oficial, por así decirlo, y las historias y ficciones que circulan, estaría esa idea de que tal vez los historiadores han creado una historia oficial, o el Estado a creado una Historia oficial, ante la cual podría uno de alguna manera resistir, creando pequeñas historias que puedan crear otro relato posible en torno a lo que fue la Historia y a lo que podría significar el devenir histórico, o el paso del tiempo.

Que no tendría nada que ver con el revisionismo histórico…

No, no necesariamente. Y también pensando un poco en el trabajo de Piglia, sería esa idea de que uno se vuelva conciente de la parte narrativa que está en juego dentro de la construcción del relato histórico. Es decir, si uno de repente no toma la Historia como una verdad absoluta, sino que la considera una construcción narrativa, toma conciencia de los planos ideológicos que están en juego a la hora de narrar la historia.

El quincunce tiene un lugar importante en tu Museo Animal, y lo tomas como el cruce entre naturaleza y cultura. ¿Qué experiencias, qué pensadores o qué lecturas te llevaron a ocuparte de la relación entre la cultura y la naturaleza?

Para mí hay un momento fundamental en que esa división entre cultura y naturaleza, que es una división que surge en forma reciente. En el siglo XIX, cuando los antropólogos comienzan a pensar en el asunto, dividen la naturaleza y la cultura en dos partes distintas, al igual que Domingo Faustino Sarmiento divide entre Civilización y Barbarie. Yo creo que vivimos en un momento donde precisamente esta división colapsa, donde necesariamente tenemos que pensar en el calentamiento global, o en la crisis climática como si fuera algo cultural, o algo relacionado a la producción humana y al hombre. Hasta ahora lo vimos como algo ajeno, pero ya nos tenemos que ver en un nudo, y relacionados con lo natural.me gusta más la sensación de crear espacios, ambientes en el bosque donde puedan ocurrir acontecimientos, un mundo más que una historia en particular. Y a partir de ahí, dejar que la escritura sugiera las historias.

Entonces en estas novelas, como Museo animal, ya desde el título me interesaba acentuar ese lazo. La figura del quincunce surge de una lectura que yo hice de uno de mis escritores favoritos, W. G. Sebald, donde menciona una figura en relación a la obra de Thomas Brown, un filósofo inglés. Ahí, en relación a Brown se habla en su obra de la imagen del quincunce como una de esas figuras entre la naturaleza y la cultura. Entonces pensé que eso podía ser un muy buen punto de partida para una trama policial que tratase de pensar cómo en el mundo contemporáneo la naturaleza y la cultura no son dos entes separados, sino que son parte de un mismo lazo.

El insomnio juega un papel importante en la novela. También el despertar. ¿Por qué te has centrado en esto?

Hay figuras retóricas o metáforas que lo atrapan a uno, sin saber por qué, pero después uno empieza a crear retrospectivamente explicaciones, pero yo diría que para mí el insomnio es una figura para la lucidez extrema, es decir, el que no puede cerrar los ojos. El que necesariamente tiene que ver hasta el puro final de los días. Y por otra parte es una figura para el que realmente no puede ver. El que no puede dormir está eternamente cansado, y a partir de ahí es que el protagonista y narrador de la novela es un insomne, que siempre en la noche anda en búsqueda de patrones, de más luz entre los laberintos de una historia que es bastante oscura y bastante enigmática. Esa coincidencia en el insomnio de querer ver más y no poder ver me parece interesante.

Una afirmación del personaje es que la cercanía es insoportable. ¿Qué tiene de insoportable lo cercano?

No lo había pensado, pero sí, yo tengo una obsesión con la distancia. Si regresamos a aquellas citas sobre que el origen de la ficción es que alguien puede estar mirándonos desde atrás de una ventana, podríamos decir que el que narra es el que logra ubicarse a la distancia adecuada para poder ver. Tal vez el que está demasiado cerca de los hechos puede tener la imposibilidad de ver, demasiado cercano para tener la perspectiva. Yo de alguna manera siento, al igual que el Sargento Burgos, que en la vida uno toma proyectos que tal vez para el resto de las personas no tienen sentido, pero que son los proyectos que a uno le llenan la vida. De alguna forma le dan sentido a la existencia.En ese sentido la cercanía sería insorportable. Para ver los eventos históricos hay que ubicarse o hay que poner una ventana en el medio. En ese sentido, la distancia adecuada es lo que busca cada narrador.

En alguna oportunidad dijiste que todo libro debe aspirar a crear, más que una trama, una sensación de lugar. ¿Cómo es eso?

Creo que esto tiene que ver con las poéticas de cada persona. Hay personas que crean una poética a través de una trama, a través de ambientes, de atmósferas o lugares. En mis libros, nada más por razones particulares de cada uno, me gusta más la sensación de crear espacios, ambientes en el bosque donde puedan ocurrir acontecimientos, un mundo más que una historia en particular. Y a partir de ahí, dejar que la escritura sugiera las historias. Entonces, en novelas como Coronel lágrimas o Museo animal, me interesa más que la narración y los eventos se sugieran a sí mismos, a partir del lugar en que se crean, en vez de que una historia que sea contada linealmente, o de manera más convencional.

En Museo animal, del Sargento Burgos señalas: ” (él) se dijo que todo era así: que la vida era un proyecto que los hombres tomaban para gastar el tiempo, para esconder el hecho de que los trabajos de los hombres son inútiles, magníficos pero inútiles como las bellas plumas de un faisán.” ¿Cuánto hay de lo que piensa Carlos Fonseca en esta reflexión?

Creo que muchísimo. Una de las cosas que más me interesan en mis dos novelas es el tedio, el espacio vacío. Eso, por una parte. Por otra, tengo una obsesión con las obsesiones, con las ides fijas, con personajes que se obsesionan con un proyecto que es aparentemente inútil, pero es lo que les da sentido a sus vidas.

Yo de alguna manera siento que, al igual que el Sargento Burgos, que en la vida uno toma proyectos que tal vez para el resto de las personas no tienen sentido, pero que son los proyectos que a uno le llenan la vida. De alguna forma le dan sentido a la existencia, permiten batallar contra el hastío, contra el tedio, contra el sinsentido. Y creo que ahí sí hay una reflexión un poco existencialista, regresando a las primeras lecturas, donde uno, un poco como Sísifo carga la piedra, aunque la piedra no tenga sentido, no tenga final absoluto en el sentido más claro de la palabra.

Esta es una reflexión en tu libro que me interesó mucho: “La herencia es así, una carta escrita desde el pasado que nunca llega al presente.”

Museo animal es una novela sobre la herencia, sobre el paso de los padres a los hijos, y de cómo entender precisamente el legado. En el caso del protagonista recibe un legado póstumo, es una caja con papeles; en el caso de la diseñadora de modas, que de alguna manera es el legado de sus padres. Lo que me interesa ahí es la idea de una carta, que se escribe y alguien envía, que tal vez no llega, o que si llega uno no tiene la forma de descifrarlo. De la forma en que uno recibe el legado de sus padres que tal vez tenían otras reglas, o veían al mundo de otra manera, o tenían otro idioma para entender el mundo y han escrito una carta que tal vez llega o tal vez no, pero es nuestra responsabilidad intentar leer el legado para para descifrarlo.

¿Estás trabajando en una próxima novela? Tengo entendido que también tienes material para un libro de cuentos. 

Si, sigo escribiendo algunos cuentos que ojalá sean un libro, no estoy seguro. Sería un libro de cuentos sobre las ideas fijas, las obsesiones, sobre lo que hablábamos antes, sobre estos proyectos que tal vez no tienen sentido para los demás pero que nos llenan de sentido la vida. También estoy trabajando en una novela, pero creo que tal vez es demasiado temprano para hablar de ella.

Artículo por:

Isabel García Cintas

Isabel García Cintas
Escritora independiente. Hizo sus estudios de periodismo y fotografia en Buenos Aires. Después de residir tres años en Melbourne, Australia, trabajó por una década en San Carlos de Bariloche para El Diario, dirigido por Carlos Fontanarosa y colaboró en LRA30 Radio Nacional y El Rio Negro. Fue co-fundadora del Fotoclub Bariloche y de la Asociación Contra la Violencia a la Mujer. Reside en los Estados Unidos desde 1987. Ha participado en numerosos talleres literarios tanto en inglés como en castellano y ha recibido menciones y premios en diversos concursos.Tiene tres libros publicados, Incidente en la Patagonia, Del Mediterráneo al Plata y La casa vieja y otros relatos. Sus trabajos figuran en dos antologías. 

3 comentarios

  • Florencia says:

    Hermosa entrevista, dan ganas de leer sus dos novelas!

  • Hebe Nilda Perugini says:

    Isabel entrevista con mucho nivel literario y logra que Carlos Fonseca confiese su cambio de carrera, nos cuente el aporte que los viajes hacen a su obra, y relate datos interesantes de sus novelas, así como sus futuros proyectos. En resumen, tenemos una completa información del escritor a quien yo, personalmente, no conocía y aprendí a conocer.

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