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El derecho del Arte robado

Miami

Por Batia Cohen
El derecho del Arte robado | Letra Urbana

Cuando apreciamos una obra de arte solemos fascinarnos ante su belleza pero, ¿qué hay de su historia? Letra Urbana destaca los recorridos que tuvieron algunas piezas célebres y cuáles fueron los misteriosos e interesantes comienzos de famosos museos.

Miles de visitantes anuales se pasean frente a las esculturas, cuadros y monumentos resguardados por los magnánimos museos de las principales ciudades del mundo; pero pocos son los que se detienen a ver las pequeñas notas que nos hablan del autor o de la obra. La mayoría deambula por las salas tratando de encontrar las obras maestras indicadas en su guía para turistas, sin detenerse siquiera a deleitarse por unos minutos para observar lo que van encontrando a su camino. Cientos de personas visitan diariamente la sala en el Louvre donde se encuentra la Mona Lisa, pero pocos voltean a sus espaldas a ver el maravilloso cuadro de las Bodas de Cana del Veronés saqueado por las fuerzas armadas de Napoleón en su paso por Venecia y ni siquiera, los amantes del arte recuerdan el daño efectuado a la obra cuando fue cortada en pedazos para poder transportarla. Sin embargo, el interés por parte de algunos especialistas en arte de conocer el origen de las piezas ha ido incrementando últimamente.

La procedencia de los objetos artísticos y no únicamente la apreciación de los mismos como elementos de gran belleza, es una cuestión que generalmente solo concierne a los expertos. Al visitar el British Museum en Londres cientos de curiosos rodean la piedra de la Rosetta, sin la cual el desciframiento de los jeroglíficos del antiguo Egipto hubiera sido imposible y, ninguno se plantea las condiciones en la que esta llegó en 1802 a la capital de Inglaterra.

¿a quién le pertenece la pieza? ¿A Egipto donde se creó originalmente? ¿A los griegos quienes la crearon? ¿A los franceses quienes la rescataron del olvido? ¿O a Inglaterra que demostró ser la más poderosa potencia naval de su tiempo?

Lo complejo de la situación implica en realidad a varios usurpadores: en primer lugar tenemos a los macedonios, quienes impondrían el linaje Ptoloméico (de donde desciende Cleopatra) y quienes bajo sus órdenes la Rosetta fue labrada en el siglo II antes de nuestra era en el Egipto conquistado por Alejandro Magno, después, los turcos otomanos quienes imperaban en el Medio Oriente desde el siglo XVI hasta el XIX, cuando los franceses llegaron con ínfulas conquistadoras bajo el mando de Napoleón y quienes encontraron la piedra de la Rosetta en lo que hoy es el puerto de Rashid (antes llamado Rosetta) y finalmente, los ingleses que desembarcaron en las costas egipcias para contrarrestar  las fuerzas de Francia y arrebataron la obra bajo el mando del almirante Nelson quien la llevó a su destino actual. Entonces, ¿a quién le pertenece la pieza? ¿A Egipto donde se creó originalmente? ¿A los griegos quienes la crearon? ¿A los franceses quienes la rescataron del olvido? ¿O a Inglaterra que demostró ser la más poderosa potencia naval de su tiempo?

Si miramos ahora al famoso Metropolitan Museum en Manhattan donde se alberga una de las colecciones más grandes de arte chipriota, una tras otra, las obras nos hablan de una civilización casi olvidada y, no nos cuestionamos ¿cómo todas estas  antigüedades excavadas hace poco menos de 200 años llegaron a este prestigioso recinto cultural? Pero, solo basta indagar apenas un poco y la respuesta está casi en nuestras narices: no fue sino el mismísimo primer director de la institución, Luigi Palma di Cesnola quien unos años antes de la fundación del museo excavara en Chipre aprovechando su función como cónsul en el lugar. Así surge una nueva pregunta ¿Cuáles son los derechos de un museo de apropiarse de piezas arqueológicas excavadas en otros países?

¿Cuáles son los derechos de un museo de apropiarse de piezas arqueológicas excavadas en otros países?

Viajemos ahora a Paris. Cualquiera que ha visitado el Museo del Louvre reconoce a primera vista una de las obras más importantes del arte griego; la Venus de Milo ¿Quién pensaría que hoy es motivo de disputas políticas entre países y el reclamo de la misma ha creado revuelo en los ámbitos culturales? La Venus de Milo fue descubierta por un campesino en la isla de Melos o Milo, en el archipiélago de las Cicladas, durante lo que se conocería como la última etapa de la guerra de independencia de Grecia para liberarse finalmente del Imperio Otomano. Un oficial francés que se encontraban en el área, patrocinado por el embajador francés en Constantinopla, el Marqués de Riviere se apresuró a comprar la escultura de mármol antes de que los turcos se la arrebataran. La obra maestra se encontraba en dos fragmentos y no sabemos cómo perdió los brazos, sin embargo, se piensa que una de las manos llevaba una manzana haciendo obvia su identificación como Afrodita, refiriéndose a la fruta de la discordia otorgada por Adonis a la diosa más bella. La Venus de Milo salió de Grecia el 1 de marzo de 1821, apenas veinte días antes de que la Grecia moderna declarara su independencia el 25 de marzo de ese mismo año. La obra fue otorgada al rey de Francia Luis XVIII quien a su vez la entregó más adelante al museo de Louvre donde hoy se aprecia. En 1960, el gobierno de Turquía presentó ante André Malraux, en esa época ministro de cultura, una petición en la que reclamaba la devolución de la Venus de Milo, en la misiva se aseguraba conocer el destino de los brazos de la Venus. La demanda por supuesto, fue ignorada por las autoridades francesas pues declararon que la venta de la Venus había sido legal y que la solicitud no procedía.  Sin embargo, Turquía sigue en su empecinado reclamo de la obra maestra, pero ¿no debería de ser Grecia quien la reclamara?

Museo BritanicoMuseo Británico. Creditos

Debemos cuestionarnos cómo los diversos museos fueron fundados y muchos de ellos tienen comienzos interesantes y a veces misteriosos. Ya hemos mencionado el caso del Metropolitan de Nueva York,  otros como el Louvre en Paris remontan sus comienzos a ideales políticos que surgieron tras la Revolución Francesa, cuando despojaron a la realeza y a la aristocracia de inmuebles y obras de arte con las que fundaron la institución como respuesta al impulso innovador de crear el primer espacio para que las masas pudiesen disfrutar del gran arte. Sin embargo, algunos museos se han creado desde el principio como áreas resguardadas donde la gente puede aprender acerca de distintas culturas jactándose de ser instituciones de enseñanza que a la vez recrean y enaltecen el alma.  Pero debemos tomar en cuenta que tras bambalinas se juega una lucha de poderes donde la política internacional está implicada y los países más poderosos auspician indirectamente saqueos y robos de sitios arqueológicos en países menos desarrollados, donde en ocasiones a corrupción y la ambición se complementan gracias a una carrera que conspira dentro del ámbito de la posesión artística. El asunto se vuelve complejo cuando analizamos varias de las piezas en cuestión, las circunstancias de su extrapolación y la fecha del momento de descubrimiento. La legalidad de estos ejemplos está en la mesa de discusión y el mero enriquecimiento cultural muchas veces se ha visto afectado por la competencia desleal de países que participan en la competencia del coleccionismo sólo con el fin de mostrar su poder sobre los demás haciendo caso omiso de la destrucción de datos arqueológicos importantísimos para el conocimiento de las antiguas culturas.

Tras bambalinas se juega una lucha de poderes donde la política internacional está implicada y los países más poderosos auspician indirectamente saqueos y robos de sitios arqueológicos…

Nos preguntamos ¿qué hace un obelisco egipcio olvidado a las condiciones ambientales en la mitad de Central Park en Nueva York? ¿Cómo llegaron las esculturas del pedimento del Partenón a Londres? ¿En qué momento el altar de Pérgamo fue trasladado a Berlín donde se construyó un museo especifico para albergarlo? ¿Por qué el tesoro de Troya excavado por un alemán en lo que hoy es Turquía está en el museo Pushkin en Moscú? ¿Acaso nos molestamos en saber cómo llegaron al British Museum unos de los más bellos relieves mayas? La respuesta es: No.

Piezas como estas han sido puestas en discusión por distintos gobiernos, Grecia por un lado exige la devolución de los relieves y esculturas del Partenón extraídas por el conde Elgin, el gobierno turco por su parte demanda que la Venus de Milo les pertenece pues en ese momento la isla pertenecía todavía al imperio otomano y a su vez Francia argumenta que la escultura es de ellos pues la compra al campesino Yurgos fue totalmente legal. Egipto por su parte arguye que el museo Neues de Berlín debe regresarles el famoso busto de la Nefertiti y México exige el regreso del penacho de Moctezuma hoy expuesto en Viena, probablemente regalo del jefe mexica al conquistador Hernán Cortés.

¿qué hace un obelisco egipcio olvidado a las condiciones ambientales en la mitad de Central Park en Nueva York? ¿Cómo llegaron las esculturas del pedimento del Partenón a Londres?

Por otro lado, muchos son los argumentos que ejercen las instituciones para no efectuar la repatriación de las obras. El más usado es que los países en cuestión no tienen ni los fondos ni la infraestructura para poder cuidar sus propios objetos, prueba de esto es el robo efectuado en la provincia de Usak, en Turquía de algunas piezas del famoso tesoro de Lidia tres años después que el Metropolitan Museum de Nueva York las devolviera (1993); o el saqueo del museo de Irak después de la caída de Saddam Hussein (2003) y el reciente levantamiento en Egipto (2011) donde el robo de varios objetos en el museo del Cairo ha creado un perfecto pretexto para no devolver por lo pronto las piezas. La inestabilidad política de ciertos lugares además de los bajos fondos que a duras penas obtienen para la protección cultural ha inquietado a las potencias más poderosas, las cuales se han autonombrado con el título de protectoras del arte mundial adjudicándose el derecho de guardar los tesoros culturales pertenecientes a otros países sin dar más explicaciones. Sin embargo, la ley internacional creada por la UNESCO en 1970 auspicia a los países más débiles tratando de mediar la situación.

El Museo Getty en Los Angeles California devolvió 26 piezas a Italia en el 2006 después de un escándalo que incluía una red de traficantes de arte robado en todo el mundo; Alemania en mayo del 2011 se vio obligada a acceder a regresar a Turquía una escultura de una esfinge realizada por los hititas solo después de haber sido presionados al negarles la renovación de sus licencias arqueológicas para realizar excavaciones en el país. La universidad de Yale, después de ser forzada por la UNESCO finalmente está de acuerdo en devolver a Perú parte de las antigüedades excavadas en Machu Picchu por el explorador Hiram Bingham en 1911, las cuales habían sido prestadas temporalmente para su estudio a la universidad con la promesa ser devueltas a su lugar de origen después de un año. Gracias al acuerdo internacional se comprobó que 19 piezas resguardadas en el Metropolitan habían sido parte de la colección de Lord Carnarvon patrocinador de la excavación que dio lugar descubrimiento de la tumba de Tutankamon y habían sido extraídas de Egipto ilegalmente por lo que se firmó un acuerdo para repatriarlas incluyendo un perro de bronce y un ornamento lapislázuli.

El Museo Getty en Los Angeles California devolvió 26 piezas a Italia en el 2006 después de un escándalo que incluía una red de traficantes de arte robado en todo el mundo…

Como hemos visto, todas estas cuestiones nos abren un panorama con un sinfín de preguntas: ¿Cómo es posible regular la expatriación de objetos de arte para tratar de salvar el patrimonio cultural de un país? ¿Sería posible legalizarlo para controlarlo de algún modo? ¿Hasta qué punto los museos ya establecidos deben responder a las demandas de otros países para devolver piezas que ahora pertenecen a dicha institución? ¿Sería prudente pensar en vaciar las salas de Louvre o del British Museum y que el público se vea privado de entender a la cultura maya o a la civilización hitita sin tener que viajar a sitios de difícil acceso? ¿Es necesario reevaluar el contrabando de piezas artísticas en relación al acuerdo de la UNESCO? Los amantes del arte debemos dejar de lado los intereses políticos basados en la solidaridad nacional que impulsan a los distintos países a obtener tesoros artísticos o a demandarlos de regreso. ¿Qué beneficio le daría a México por ejemplo obtener el penacho llamado de Moctezuma, o a Egipto el busto de Nefertiti? ¿No es cierto que estos están impulsados por intereses nacionalistas de índole político?  Sin embargo, la gente que visita el Museo de Etnología en Viena se privaría de conocer algo de los aztecas y el público que visita el Neues en Berlín no tendría el placer de aprender acerca de la bella esposa del faraón Akhenaten, pero también es cierto que el derecho de cada pueblo de guardar sus propias creaciones es éticamente correcto.  La respuesta puede ser tan compleja como las mismas preguntas y aquí dejaré al lector a que llegue a sus propias conclusiones.

Artículo por:

Batia Cohen

Batia Cohen
México-Miami. Diseñadora Gráfica. Historiadora del arte. Doctora experta en Estudios Mesoamericanos. Ha escrito artículos en revistas especializadas e impartido cursos de arte prehispánico en Florida International University (FIU). Actualmente es profesora de arte en el instituto para adultos Osher (OLLI) en Miami. 

3 comentarios

  • fernando says:

    excelente artículo,,, lástima que a la gente parece no importarle en absoluto; pues soy el primer comentario

  • Cristina says:

    Acabo de toparme con este texto y agradezco que se ponga en cuestión el robo de piezas de la antigüedad que son exhibidas, no sé con qué derechos, en Londres, NY, París y Berlin, principalmente. Qué hace un obelisco en la place Vendome, cómo el louvre tiene la colección de arte egipcio q tiene, etc. Gracias x compartir tu punto de vista y tus fuentes.

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