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El amor, una herida… ¿Necesaria?

Buenos Aires

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El amor, una herida… ¿Necesaria? | Letra Urbana

Se dice que el amor, aún el más normal, es un fenómeno patológico… que puede hacernos la vida insoportable pero también la hace vivible. Estos dos extremos se juegan simultánea y alternativamente en las relaciones amorosas, pero… ¿qué podemos hacer con el sufrimiento que el amor implica?

El amor es lo primero que recibimos al nacer. Tan importante es, que un niño recién nacido que no es suficientemente hablado y amado puede sufrir serias consecuencias en su metabolismo vital. Desde rechazar el alimento, hasta no absorber ni siquiera las sustancias necesarias para crecer.

Cuando una madre no puede dar a su hijo el amor y atención necesarios, las cosas se complican, aunque lo “cuide” bien.

Ese amor que recibimos es lo que nos permitirá empezar a armar las identificaciones del sexo al que cada uno va a pertenecer. Irá determinando también ciertos patrones de conducta a los que se recurre para hacer elecciones. Esto a veces funciona bien… y otras, mal.

Cuando una madre no puede dar…
Cuando una madre no puede dar a su hijo el amor y atención necesarios, las cosas se complican, aunque lo “cuide” bien.

Las cuestiones de amor de la pareja de los padres, influyen sobre el crecimiento de los hijos de modos diversos.

Si una mamá está muy pendiente por ejemplo, de la relación con su marido que no la ama, puede ser que no esté lo suficientemente tranquila como para dar a su hijo el amor necesario.

Los cuidados maternos no son iguales al amor materno . Una madre puede amar al hijo, si y sólo si, ella misma se siente amada. El niño que está siendo muy cuidado, custodiado y abrigado , puede, sin embargo, expresar este déficit en el amor con variadas dificultades en su crecimiento.
Los problemas en la alimentación son de los más frecuentes…

El amor entonces, es condición necesaria para sobrevivir.

Cuando nos han querido poco o mal…
Así, el amor de los padres se puede convertir en la principal fuente de quejas de los seres hablantes: Se nos ha querido poco o mal.

La falta de amor, real o fantaseada, es algo que hace sufrir mucho. Abre una herida que orienta… y orienta mal, todo lo que sucede en la vida.

Entonces, buscamos que nos quieran como antes no nos han querido y suele suceder… que encontramos un fracaso.

Los cuidados maternos no son iguales al amor materno. Una madre puede amar al hijo, si y sólo si, ella misma se siente amada.

Es que el amor de los padres, casi siempre es el eje del malentendido. Los hijos interpretan cosas rarísimas: “No se me ha querido lo suficiente”, “Tal cosa que hizo mi madre es un acto de desamor”, “Viene a visitarme a mí menos que a mi hermano”, “Me regala esto y no aquello”, “Me mira cuando le hablo, me escucha ó no me escucha…”

¡Qué fijación amorosa la de los hijos con las madres…!

¿Y de las madres con los hijos? : “No me llama nunca”, “Habla mal de mí”, “Mira lo que me hace”, “La mujer de mi hijo no me quiere”… o sea: La variedad de formas que puede tomar la versión que cada uno usa para leer “falta de amor” en el otro o para depender de la atención de ese otro, al que ya podríamos nombrar Otro, así con mayúsculas… pues es de quien se depende para la estabilidad psíquica.

Entonces, el amor se recibe de otros (a veces se recibe mal incluso, pero eso es tema de otro artículo).

Casi todos conocemos la popular versión del Edipo que dice que se trata del amor de los hijos por los padres. La realidad es a la inversa, el Edipo se da porque los padres son quienes se enamoran de sus hijos, al menos un poco. Aman en los hijos alguna parte de sí mismos, es un amor que conviene que comience siendo narcisista para que las cosas funcionen. Sin embargo, es una disfunción del amor de los padres que su amor contin ú e siendo narcisista, cuando tienen edad y recursos para producir una separación.

Hay un famoso caso donde Freud relata cómo una joven adolescente elegía como objeto de amor a mujeres mayores y mundanas, para mostrarle al padre cómo es amar a una mujer. Este padre, por estar tan enamorado de su mujer -la madre de la joven- no se había enamorado lo suficiente de su hija.

Con este ejemplo vemos cómo, del paso por el Edipo, dependen las identificaciones sexuales y de ellas, el destino de las elecciones amorosas en la adultez.

Por eso, aquello de “siempre se vuelve al primer amor” se puede entender como “el de los padres”, en tanto se llevan sus marcas.

Heridas de Amor…
Si una relación atractiva, que comienza con un delicado deseo por el otro, se entreteje con ciertas marcas que han quedado grabadas de los amores infantiles… puede suceder desde lo mejor hasta… lo peor.

Sin embargo, es una disfunción del amor de los padres que su amor continúe siendo narcisista, cuando tienen edad y recursos para producir una separación.

En primer lugar se siente algo fuerte en el cuerpo. Conmoción: El corazón salta del pecho, la sangre quema, los músculos tironean… Ah! Ahí sí, sabemos concretamente que estamos enamorados… las famosas “campanitas” o “mariposas” de la fascinación amorosa.

Esas sensaciones generan adicción. Una vez que las probamos, no podemos renunciar a ellas; perdón, no queremos renunciar a ellas… Y ahí está el problema.

Hay algo de ese exceso al que conviene renunciar porque empieza a doler… Se abren “heridas de amor” que necesitan alivio. Amor esperado, amor herido, amor ilusorio, amor real, amor imposible…

Esa es la patología del amor.

¿Se puede esperar el alivio o la curación de esta enfermedad tan normal?

Artículo por:

Laura Prieto

Psicoanalista. 

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