Incluido en: Edicion:

El Agite Teatral. Conversación con Anahí Gadda

Buenos Aires

Por
El Agite Teatral. Conversación con Anahí Gadda | Letra Urbana

Una propuesta que tiene por objetivo primordial acompañar a los jóvenes en su proceso de construcción identitaria.

Me propuso ir al teatro ese sábado a la noche a ver la puesta en escena de la obra de Ricardo Monti en El Centro Cultural Haroldo Conti, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). Yo ya había escuchado hablar en los últimos años de la existencia de este grupo que se presentaba en escena como El Agite Teatral- Elenco Público, sobre todo sabía de la experiencia vocacional que despertaba en estos jóvenes actores en etapa de formación. Sin embargo, una vez sentada en la sala no tuve dudas que la representación teatral era, simplemente, lo visible para el público de un proyecto amplio y sólido, con objetivos y contenidos claros, perfectamente ejecutados.

Entonces quise indagar más. Me dije: lo que esta propuesta está desarrollando en Argentina, tiene la posibilidad de expandirse y replicarse, adaptándolo a otros contextos culturales. Una perla pedagógica en el veloz, cambiante y complejo mundo actual. Para entender mejor cómo funcionaba esto que me atraía, conversé con Anahí Gadda -actriz y dramaturga de sólida formación -, quién es la creadora y directora, desde el año 2009, del proyecto “el teatro en la construcción identitaria”, que fuera declarado de interés cultural en dos oportunidades por el Ministerio de Cultura de la CABA mediante la Ley de Mecenazgo y que a su vez, contó con el apoyo del Ministerio de Cultura de la Nación Argentina para financiar y gestionar la gira nacional de estos púberes artistas.

Se trata de repensar la educación y a partir de ahí revalorizamos el arte y su función social…

Supe entonces que el objetivo de estos talleres y presentaciones era, y es, revalorizar la centralidad del arte y la cultura en la construcción identitaria de los jóvenes, fomentando el crecimiento individual y colectivo; incentivando el reconocimiento del otro, pero también el de uno mismo; buscando con los elencos públicos y a través de la puesta en práctica de giras por el interior del país, la integración entre adolescentes de realidades socio-económicas diversas. Se trata de una propuesta inclusiva que apuesta a retener y movilizar a los chicos de entre 13 y a19 años que se acercan, involucrándolos como gestores culturales tanto de sus escuelas como en sus entornos de pertenencia, fomentando la representación de obras teatrales de autores nacionales, trabajando en la construcción y diseño de una agenda cultural que fomente un corredor de difusión entre actividades artísticas y educativas para jóvenes en etapa de formación.

¿Qué te motivó a armar este proyecto?

Uno de mis motores en todo esto surge cuando yo empecé trabajando en escuelas públicas rurales inicialmente y luego en escuelas públicas y privadas de la Capital y de la provincia de Buenos Aires, eso me permitió tener un panorama, una mirada en relación a la educación en líneas generales. Al respecto creo que hay una cuestión donde la educación escolar está muy desanclada del mundo en general, y especialmente del mundo adulto. ¡Porque los cambios culturales han arrasado con toda una generación! Los chicos en la escuela además de aburrirse no encuentran cosas significativas, no tienen eso de irse a sus casas con algo que realmente los haya despertado al mundo. Entonces es como que no hay espacios de comunicación o de reflexión, ni de pensamiento conjunto con otro. Así entiendo que hay que acudir a otro tipo de herramientas, como lo es la artística, para despertarlos de esa inercia en la que la escuela y el mundo los introduce, porque persisten modelos escolares que son absolutamente caducos –dicho esto por educadores más especializados que yo, que llego a esto viniendo desde “otro palo”- que repiten cosas que a los chicos hoy no les interesan y que no los forman como personas en el contexto de este mundo… Se trata de repensar la educación y a partir de ahí revalorizamos el arte y su función social: ¿Qué nos interesa que lleguen a hacer los sujetos que se están formando en la Argentina? ¿Qué reproduzcan obras y autores de una cultura extranjera? ¿Qué hagan algo simplemente comercial y para pasar el tiempo? Yo elijo que hagan algo de un autor nacional que les permita entender nuestras raíces e identificarse con nuestro país, desde donde al hablar metafóricamente de las clases sociales y los modelos posibles de intervenir, ellos puedan buscar su lugar en el mundo. 

iba más allá de un taller de teatro, que de alguna manera les daba herramientas para pensar y estar en el mundo, con y a través de la actividad artística, sabiendo que no es lo mismo cualquier arte, cualquier libro, cualquier literatura.

Ustedes presentan y proponen, desde el ámbito del arte, ciertos temas y contenidos que habitualmente se desarrollan en la escuela de manera académica. Así los jóvenes los trabajan y los hacen suyos. ¿Cuál es la estrategia para que esto les resulte significativo?

¡Esto es con mecanismos propios de lo artístico! Y eso es debido a mi formación de base, desde donde vengo. Yo estudié en el Conservatorio, en la Escuela Metropolitana de Arte Dramático (EMAD) y después me formé con muchos de los grandes y lo sigo haciendo. Pero en general la gente que viene sólo desde el ámbito de la educación está como muy desamparada y sin herramientas nuevas –te lo digo por mi propia experiencia y conocimiento de la escuela pública en líneas generales-. Muchas veces los adultos desde la formación tradicional no encuentran las herramientas para actuar en un mundo que cambió tanto en tan poco tiempo, no entienden al alumno, se desesperan y no logra una manera efectiva de comunicarse, incluso le produce rechazo y no ocurre una transferencia real y simbólica de conocimientos ni emocional, ni de ningún tipo. Y el proyecto viene entonces a anclar como en esas cuestiones.

¿Quién está fallando en estos procesos de formación de las identidades?

No creo que solo debemos cargar la falla en la institución escuela, la sociedad en su conjunto no da las respuestas necesarias… el discurso global genera que los seres estén vacíos de ciertos contenidos y se vean exigidos por una cantidad de formatos que impiden el pensamiento y la conexión con el silencio y con la reflexión, con toda una serie de cosas que no son valores en el mundo actual y que yo trato de reivindicarlo desde lo artístico y desde lo humano también.

¿Y ves los resultados? 

¡Claro! Me resulta gratificante ver cómo se han ido transformando las vidas de tantos jóvenes, hablando de la historia de su país de manera simbólica, metafórica y poética, leyendo a un autor nacional, repensando los hechos que lo conformaron, sus actores políticos… ¡Y que hayan estudiado y memorizado sus textos y los hayan trabajado con otros en escena… ya eso es revolucionario para nuestros días! En comparación a lo que se repite en otro tipo de talleres donde se propone: “Que lindo que los chicos jueguen” … Bueno, acá hay una apuesta al pensamiento, a la lectura entre líneas, a una cosa más crítica de la realidad sin tratar a los chicos como solo niños, tratándolos como personas capaces y de su edad, ver que ellos están formando su identidad y pertenencia también.

En los encuentros con los adolescentes y en los espacios que trabajan: ¿Los problemas de la realidad cotidiana, la sociedad y el mundo, hacen ruido? ¿Aparecen en una interacción? 

No, no diría que hacen ruido porque al dialogo incorporamos todo. El año pasado, por ejemplo, lo que hicimos fue replicar una experiencia que yo ya había hecho en una escuela pública con objetos, con libros específicamente. Hicimos una especie de fogata de libros con una dinámica actoral y de juego donde los chicos tenían que elegir un libro o un poema y memorizarlo con el objetivo de compartirlo con otro y desde allí poder conectarse con la literatura. A partir de allí, lo que surge es de lo más tradicional: ¿Cómo hacer para que un chico se acerque a la literatura, a un libro? Y lo primero es leérselo, generarle interés y hablarle de un tema desde un lugar que le produzca curiosidad, que le produzca intriga y que sienta que algo le ha pasado con aquello que el otro hizo. Eso es como el eje de aquello que trato que ocurra en nuestros encuentros, de que los chicos se vayan entusiasmados y con la necesidad de brindarles a otros pares ese mismo entusiasmo.

¿Cuán conscientes son los chicos de que no sólo están haciendo teatro y que están adquiriendo otras cosas? 

En realidad, el grupo fue muy heterogéneo. ¡Debemos pensar que cuando yo empecé lo hice con chicos habitantes de la Villa [Miseria] #31! Lo que sucede en el contacto con el arte al principio está en el orden de las transformaciones de índole personal, una transformación identitaria, pero a nivel de la personalidad, porque siguiendo ciertas técnicas actorales uno trabaja sobre el eje de la persona y ahí aparecen las cuestiones de cada uno, las vidas íntimas entrelazadas con los demás, las preguntas, aquellas que van desde las más espirituales a las más profundas. Y en ese ámbito uno va acompañando el proceso para que cada joven lo aproveche y canalice esas transformaciones en acciones concretas en el mundo con ellos y con los demás. Yo trato de que siempre haya una actitud participativa y de compromiso con el otro y con lo que cada uno vivió, con la transformación que cada uno logra hacer, que en algunos casos se logra y en otros no. ¡Profundizar igual no es posible para todos!

Tengamos en cuenta que, al iniciar estos cambios no sabría decir cuan disociado está el ámbito del cambio en lo personal con la posibilidad de actuar en el mundo. Por eso decía que vienen transformaciones en lo que es la pertenencia y lo identitario. Hay una mutua influencia donde aquello que me sucede en un espacio íntimo también modifica luego mi contacto y mi juego con los otros, todo se va modificando. Tengo historias de vida de chicos que han tomado decisiones de cambio drásticas, de irse de las casas: chicas que vivían con un padre golpeador y, a partir de dramatizar y sistematizar algunas cosas, lograron ser pro activas con algunos cambios. Y también situaciones de chicos de clase media que se encontraban muy exigidos y encontraban allí, en los talleres, un espacio de comunicación y contacto, de expresión, y que iba más allá de un taller de teatro, que de alguna manera les daba herramientas para pensar y estar en el mundo, con y a través de la actividad artística, sabiendo que no es lo mismo cualquier arte, cualquier libro, cualquier literatura. Es una oportunidad de acercarse a través de una forma diferente y adquirir eso que, justamente, no les enseña la escuela.

En ese contexto, el arte viene a decirnos que la búsqueda colectiva sobrevive en el naufragio de los destinos individuales.

¿Han logrado llevar algunas de sus elencos y obras teatrales a giras nacionales, por el interior del país? Ello ayuda a los jóvenes a ver y enfrentarse a situaciones de alteridad, ver realidades muy distintas.

Si, hemos hecho una gira en las provincias de San Juan y Mendoza y fue muy lindo porque si bien, por un lado, había muchos chicos que no conocían el interior del país o esas provincias, además eran ámbitos diferentes y podíamos ver a jóvenes arriesgándose a hacer personajes tan complicados, en el contexto de una obra compleja, con temáticas sociales fuertes y, sobre todo, pudimos lograr que conozcan y se vinculen con realidades muy diversas del interior del país. Fuimos a una escuela en San Juan donde los alumnos allí no tenían clases de arte y el contraste, las diferencias, les generaban muchas preguntas. Eso resultó interesante. Por eso y para poder repetir este tipo de experiencias buscamos ahora distintas alternativas para poder financiarnos.

¿Cómo juegan hoy las nuevas tecnologías y los contactos globales en el proceso de formación identitaria de los jóvenes?

Este proyecto tiene el sentido de aspirar a la formación de seres humanos sensibles y críticos, capaces de reconocer contenidos y emociones en este mundo “liquido” donde sobreviven informaciones dispersas, aparentemente desvinculadas y carentes de sentido. En ese contexto, el arte viene a decirnos que la búsqueda colectiva sobrevive en el naufragio de los destinos individuales. La realidad, como una construcción discursiva, en un mundo donde abundan los discursos carentes de profundidad y se mediatizan, en esa realidad, en ese mundo el arte y la cultura son un refugio donde encontrarse, pensarse con serenidad y verdad, y empezar a llamar las cosas con una identidad única, la que construimos en nuestro interior y en comunión con los otros, la naturaleza, el mundo que nos circunda. La vida que nos propone la globalización esconde una iluminación enturbiada, filtrada por intenciones que responden a lógicas de mercado, no de sensibilidad artística y humanitaria. Lejos del aire contaminado de esa realidad, estos espacios vienen a recuperar la inocencia del goce del encuentro verdadero de la mirada hacia los demás y hacia el interior de los deseos de cada ser humano hacia su entorno y su vida.

 

Artículo por:

Silvina Chmiel

Silvina Chmiel
Graduada en Historia, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Se especializó en Sociología de la Cultura y Análisis Cultural. Ex Docente en la carrera de Sociología (UBA) e investigadora del Instituto Gino Germani donde, bajo el auspicio de becas UBACyT, participó de congresos y público en numerosos libros sobre problemáticas de jóvenes y ciudad, discriminación y constitución de identidades nacionales. Se trasladó a Miami en el año 2002 y allí co-dirigió la cátedra de “Análisis Cultural y Sociología de la Educación” en el ILAJ (Miami Beach) y dictó la cátedra de “Historia Universal” del San Ignacio College (Doral). Actualmente es miembro de la “Cultural Studies Asossiation”. 

Tus comentarios nos ayudan a crecer. Gracias!