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Efectos de la reducción de lo simbólico en la cultura actual

Buenos Aires

Por Mirta Berkoff
Efectos de la reducción de lo simbólico en la cultura actual | Letra Urbana

Los sujetos contemporáneos están especialmente desorientados. Ya no cuentan con aquellos ideales, como el padre y la familia, que guiaban para organizar el estilo de vida de cada uno. ¿De qué se vale el sujeto que no cuenta con esas marcas simbólicas? La tiranía de las marcas comerciales, la moda de la auto mutilación que practican los adolescentes y los nuevas formas de familia, son algunos de los recursos que se inventan para suplir esa falta de Ideales.

Mi interés, es plantear la incidencia de los fenómenos de la cultura actual sobre la subjetividad.

Los ideales son una guía, un surco, lo que se podría llamar un punto de almohadillado donde se detiene la deriva del sujeto, es un punto de arribo. Lo que observamos en la actualidad no es al sujeto sufriendo por el peso del ideal, quizás propio de los análisis freudianos, de la época victoriana. Lo que vemos es al sujeto padeciendo de vivir en una cultura en la que han caído los ideales.

Lo que se observa en la cultura actual es una reducción de lo simbólico que acentúa la desorientación y la soledad propias del ser parlante.

En el ser hablante hay una desorientación estructural porque al estar tomado por la palabra y no por el instinto como el animal, ha perdido la fijeza orientada que éste tiene. Hay un saber del instinto que está perdido para el ser que habla.

Decimos que a partir de este quiebre fundamental que es la pérdida de lo viviente propio de lo animal, por tomar la palabra, el sujeto va a tientas en su propio mundo.

Tomar la palabra y perder la cosa, a eso los analistas llamamos castración.

La castración es un nombre que damos al agujero estructural que deja esta pérdida. Es por su castración que el sujeto es un desorientado en su goce, ha perdido el saber propio del instinto.

Pero hay aún para él algunas vías de orientación una de ellas es el ideal, y otra es el objeto.

Tomaré hoy la vía del ideal.

El ideal es una marca simbólica, es una marca del Otro de la que se apropia el sujeto. Con estas marcas uno va armando sus mojones. Los ideales son una guía, un surco, lo que se podría llamar un punto de almohadillado donde se detiene la deriva del sujeto, es un punto de arribo.

Lo que observamos en la actualidad no es al sujeto sufriendo por el peso del ideal, quizás propio de los análisis freudianos, de la época victoriana. Lo que vemos es al sujeto padeciendo de vivir en una cultura en la que han caído los ideales.

Los ideales que organizaban la vida de los sujetos ya no tienen el valor ni la fuerza que solían tener.

Lo simbólico , entonces, se encuentra reducido. Ha caído el semblante que sostenía el padre en la cultura.

Lo que se observa es la caída del significante amo que ordenaba eficazmente el goce en épocas antiguas.

En la época de la esclavitud o la división de las sociedades en castas estaba muy claro quién era quién. Siguiendo el Ideal el sujeto se aseguraba una organización de su estilo de vida. El significante del padre, el significante amo, distribuía el goce.

Este referente simbólico del Nombre del padre está en decadencia, ha caído el semblante del padre amo, nos encontramos desamparados del amo. ¿Cómo afecta esta caída de lo simbólico al sujeto? ¿Cómo afecta el hecho de que lo simbólico se encuentre reducido? Vemos cierto empobrecimiento del lazo, del lazo del uno y el Otro, lazo Lazoque implica también la articulación significante. Vemos la aparición de lo que llamamos síntomas mudos en los que cuesta hacer pasar el sufrimiento a la palabra.

Es desde esta perspectiva que podemos hoy pensar esta mueva clínica que se nos plantea.

Nos hemos encontrado lidiando en nuestra práctica con cantidad de manifestaciones sintomáticas que rechazan ponerse al trabajo del inconsciente, obstaculizado el paso al significante del saber, obstaculizando obsataculizado también el paso a la transferencia.

Los fenómenos propios de la impulsión, anorexia, bulimia, la drogadicción, se han presentado con una violencia devastadora en los últimos tiempos. El empobrecimiento de lo simbólico favorece el paso a la acción, a la conducta impulsiva.

Nos encontramos con sujetos que parecen en su discurso pretender alejarse de cualquier implicancia subjetiva; sujeto irresponsable, aquel al que Lacan dio en llamar el niño generalizado, aquel que no es capaz de aceptar las consecuencias de haber tomado la palabra, y de haber hecho una particular elección con relación al goce.

Nos encontramos con sujetos que parecen en su discurso pretender alejarse de cualquier implicancia subjetiva; sujeto irresponsable, aquel al que Lacan dio en llamar el niño generalizado, aquel que no es capaz de aceptar las consecuencias de haber tomado la palabra, y de haber hecho una particular elección con relación al goce.

Entonces el sujeto desorientado, desamparado no puede servirse de esas marcas simbólicas. Vemos cómo la marca del ideal que falla en lo simbólico se intenta restituir en lo imaginario. El sujeto busca marcas. Vemos la pregnancia que tienen las marcas comerciales. Nos encontramos con que la falta de pluralización de los significantes del Ideal transformatransforman al sentido único en una fórmula que manda a gozar a veces de formas mortíferas.forma mortífera.

Conocemos la tiranía de las marcas, sobre todo en los adolescentes.

Incluso la marca muchas veces se intenta restituir en la carne misma , los jóvenes se cortan el cuerpo ya no sólo se tatúan. . Podemos pensar el tatuaje como un intento de ponerle marcas al cuerpo que ya es parte del estilo de corporización de la cultura actual. Están también aquellos que por fuera del discurso social marcan su cuerpo con cuchillos o guillete , lo que nos pone en evidencia hasta dónde el sujeto busca surcos cuando han caído los referentes simbólicos.

Podemos llamar a estas presentaciones sintomáticas enfermedades del lazo. La característica actual del síntoma conlleva una reducción de su cara simbólica y un acento de su veta de goce.

El síntoma hoy se caracteriza por un goce encerrado en sí mismo que no se engancha al sentido, no es un mensaje al Otro, son modos de gozar donde se prescinde del Otro, goza sólo de su goce autista. Nuestro problema como analistas es cómo poner a hablar esos síntomas hoy.

O sea que encontramos a un sujeto no sólo desorientado en su goce sino también solitario en su modo de gozar contemporáneo. Los sujetos parecen eludir la contingencia del encuentro. Solos y solas parecen proliferar y sus reuniones intentan restituir un lazo que se encuentra dificultado.

Desorientación y soledad marcan también la dificultad actual en la elección de partenaire. Es innegable que hay nuevos modos de hacer pareja. El matrimonio en su forma clásica está en decadencia. Incluso en la actualidad lo que se observa es la caída del semblante de familia tal cual lo conocemos.

La familia es lazo, sin embargo nos encontramos ahora que de entrada puede haber falta de partenaire. Hombre o mujer pueden decidir encargarle un hijo a la ciencia Es la nueva forma de familia, la del Uno sólo.

Se observa a lo largo de la historia que la familia se halla reducida en su estructura, reducción en principio de los grandes clanes a la familia conyugal; la reducción actual va hacia lo monoparental o lo que se da en llamar lo homoparental, parejas de dos personas del mismo sexo.

Y, ¿cómo se transmite entonces el malentendido entre los goces en parejas que parecen por su forma rechazarlo, parejas de homosexuales parejas del Uno sólo, donde parece estar excluido lo que es del orden de lo hétero? hétero?

Como analistas desplazamos el acento puesto en la vertiente de la familia que funciona acorde con el discurso del amo, aquella que pretende ser “para todos”, para pensarla sin una forma “a priori”.

Pensamos la función del Padre no sólo desde el semblante sino desde el goce que se garantiza en la transmisión de su castración, es decir poder a-vivar con un deseo. Diremos que caído el semblante que hasta ahora ha servido para enganchar el goce será cuestión de inventar nuevos.

Pensamos la función del Padre no sólo desde el semblante sino desde el goce que se garantiza en la transmisión de su castración, es decir poder a-vivar con un deseo. Diremos que caído el semblante que hasta ahora ha servido para enganchar el goce será cuestión de inventar nuevos. 

Pensar la familia como lazo que abrocha los goces, el del Uno y el del Otro, es lo que nos permite hoy como analistas no dar por sentado qué es una familia .

Habrá habido familia allí allidónde un (des)encuentro malentendido de goces (pues dos siempre se malentienden) dé como resultado la transmisión de una constitución subjetiva.

Será nuestra clínica la que nos enseñe cuál ha sido el tratamiento de goce efectivo Qué ha hecho en cada caso, familia.

Así es posible un broche más allá de la decadencia paterna de la que padece la cultura actual, no se trata del fin de la historia, sino de un momento de invención de nuevas formas de hacer con el goce.

Artículo por:

Mirta Berkoff

Psicoanalista, Buenos Aires. 

1 comentario

  • robespierre says:

    Es verdad, la sociedad esta enferma y los sintomas se agravan cada dia. Pero es más que eso: la cultura occodental ha muerto y asistimos a su putrefacción, no es que aparezcan cosas nuevas, esto ya le ha pasado a 8 civilizaciones antes que a esta. Asi el psicoanalista solo debe procurarse dinero para evitar el deshaucio mientras dure su vida en la tierra. La civilizacion apestara cada dia mas, los humanos involucionaran como lo han venido haciendo desde el renacimiento, claro esta que con excepciones notabilismas, pero las personas superiores siempre son excepciones.

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