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Echar raíces: desarraigo y pérdida de identidad

Buenos Aires

Por Mariela Katrin Ferrón
Echar raíces: desarraigo y pérdida de identidad | Letra Urbana

Nació en Bonn, vivió en Moscú durante la caída del Muro de Berlín, y luego en las laderas del volcán Pichincha. Valor y flexibilidad en la migración.

El olvido no es victoria
sobre el mal ni sobre nada
y si es la forma velada
de burlarse de la historia
para eso está la memoria
que se abre de par en par
en busca de algún lugar
que devuelva lo perdido
no olvida el que finge olvido
sino el que puede olvidar
 

Mario Benedetti

 

Las ciencias sociales presentan actualmente un desafío frente a las preguntas que nos hacemos ante los múltiples cambios intensificados por la globalización. El dinamismo de la revolución tecnológica e informática, la expansión de las redes sociales, los lazos afectivos que surgen de los mismos, la incesante aceleración de la integración internacional en un sistema mundial cada vez más articulado y comunicado,  las migraciones, los desplazamientos y las situaciones laborales conlleva a que las personas nos movamos constantemente, viajemos, nos informemos, nos expresemos y nos adaptemos.

 

Estas preguntas tienen sin lugar a dudas respuestas tanto en el ámbito social y cultural, como en el aspecto psicológico y Los desplazamientos, las migraciones, las empresas multinacionales, la integración, el avance de la tecnología y las comunicaciones han implicado una forma nueva de enfrentar la vida de una manera más dinámica.emocional en quienes sufren  dichos cambios; tales cuestiones podrían traducirse en conflictos de identidad, en la pérdida de la misma, en cuestiones de sentido de pertenencia, de su olvido, del enajenamiento, de los choques culturales, del aislamiento y la confusión que lleva a una persona de residir en varios lugares, con sus idiomas, sus costumbres y sus tradiciones.

 

Son diversas las actividades y cuestiones que se ven afectadas y es importante destacar la necesidad que surge de aferrarnos al hábitat, a lo autóctono, al entorno, a nuestro idioma, a la sensación de pertenecer a un lugar, es decir, el sentido de identidad. El miedo al desamparo que experimentamos al alejarnos de aquello que alguna vez fue un refugio sociocultural y de apego emocional.

 

Las ideas, las emociones y las costumbres se movilizan. Los desplazamientos, las migraciones, las empresas multinacionales, la integración, el avance de la tecnología y las comunicaciones han implicado una forma nueva de enfrentar la vida de una manera más dinámica. El ya y ahora de las relaciones humanas.

 

Mi intención en este texto es cuestionar las razones por las cuales la identidad del sujeto se ve afectada. La crisis y el conflicto de esa identidad, los sentimientos de aislamiento, la alteración psíquica y emocional  y cómo esa consolidación se ve plasmada en la persona que enfrenta ese choque socio cultural.

 

Para que la persona pueda pertenecer, y seguir sintiéndose parte de sí misma, debe contar con una serie de elementos de contención, de organización estructural tal que no permita que el entorno afecte su relación con los demás,Para que la persona pueda pertenecer, y seguir sintiéndose parte de sí misma, debe contar con una serie de elementos de contención, de organización estructural. es decir que es necesario que el sujeto consolide un grupo humano en el que se compartan aspectos comunes. La identidad se refiere a la relación de un sujeto con su entorno. Ese sentimiento se desarrolla a medida que los vínculos e interrelaciones se fortalecen y se manifiestan a través de las costumbres.

 

A lo largo de la vida los seres humanos pasamos por varios períodos de crisis y, de acuerdo con la edad en la que nos toque dichas crisis, nos sirven para ir desarrollando y plasmando nuestra personalidad, es decir que nos permite construir lo que somos. La palabra “crisis” significa cambio, es decir una coyuntura de cambio en un período de inestabilidad sujeta a veces a un proceso de evolución. La crisis de identidad, para nuestro caso, se traduce a una pérdida de conocimiento de sí mismo, la persona no sabe bien quién es, es la pérdida de las características propias que hacen únicas a las personas, que configuran nuestra propia identidad y de esa diferenciación de saber lo que realmente somos, de dónde somos, del sentido de pertenencia a una nación, a una cultura, a un idioma.

 

Los seres humanos estamos dotados de una gran identidad que nos diferencia de los demás, es nuestro sello, una marca registradora, una huella digital que nos pertenece durante toda nuestra vida y sin embargo, hay ocasiones en que la propia conciencia de identidad disminuye. En este caso quisiera aportar una experiencia propia que tuve a raíz de los diferentes destinos, países y cambios de vida que experimenté hasta la adolescencia.

 

De nacionalidad argentina y nacida en Alemania, tuve la grata experiencia de vivir en varios países por trabajo de mi padre. Mi infancia transcurrió en parte en Alemania y en parte en Rusia, en Moscú, ciudad en la que permanecí casi 8 años, en casa se hablaba español y me eduqué en un colegio internacional con alumnos de diversas nacionalidades. Tras la caída del muro de Berlín  y la unión de las dos Alemanias (BRD y DDR), los alumnos de ambos lados, de la Alemania Occidental y la Oriental, convivimos en un mismo edificio, enfrentándonos diariamente desde pequeños a ese enorme choque cultural, ya que hablando el mismo idioma, nos sentíamos muy diferentes.Allí vivencié en carne propia un trasfondo histórico de transformaciones sociales, culturales y económicas llevadas a cabo por las reformas de la Perestroika, y a su vez, estudié en un  colegio alemán en donde también se vivieron muchos cambios simultáneamente. Tras la caída del muro de Berlín  y la unión de las dos Alemanias (BRD y DDR), los alumnos de ambos lados, de la Alemania Occidental y la Oriental, convivimos en un mismo edificio, enfrentándonos diariamente desde pequeños a ese enorme choque cultural, ya que hablando el mismo idioma, nos sentíamos muy diferentes.

 

Alguna vez leí que la globalización genera pérdida de identidad. Pienso y, recordando aquello que sucedió en el colegio, creo que a pesar de la identidad cultural que teníamos los niños de un lado de la Alemania, en mi caso de la occidental, fue fundamental el apoyo de los profesores y de los padres. El fomentar una contención de aquellos valores y tradiciones lograron la integración del grupo social que formábamos mediante el desarrollo de un sentimiento de pertenencia.

 

La transformación de Moscú con la Perestroika generó en la sociedad una metamorfosis estructural, de infraestructura tan grande, y la impresión que me llevé fue tal, que al regresar a la Argentina dejaba atrás otra ciudad completamente distinta, tanto en apariencia como en costumbres.De ese momento me llevé uno de los recuerdos más insólitos de esa época: un pin, de esos que se abrochan en las camperas y las mochilas, con el sello de Mc Donald´s y la cara de Gorbachov. Aparecieron de a poco y tímidamente los carteles de coca cola, de publicidades de marcas de perfumes y cosméticos franceses, de vestimenta, hasta pude vivenciar la apertura del primer Mc Donald´s. La fila para entrar al local, custodiada por policías moscovitas de shapkas y uniformes grises, giraba dos vueltas a una plaza situada enfrente. Con una amiga de la entonces Yugoslavia nos escabullimos para poder entrar a pesar de los policías y las quejas de las personas que formaban la fila. Era extraño leer los menús de los combos de hamburguesas en ruso. Todo aquello que había vivido fuera de Rusia, de repente verlo plasmado allí, en ese idioma, me resultaba curioso y divertido.

 

De ese momento me llevé uno de los recuerdos más insólitos de esa época: un pin, de esos que se abrochan en las camperas y las mochilas, con el sello de Mc Donald´s y la cara de Gorbachov. A mi compañera de aquella hazaña jamás la volví a ver.  Quiero creer que fue por  error y equivocación en la dirección de correo postal y no por la guerra.

 

Este fue el contexto en el que me crié y al que me fui adaptando casi sin darme cuenta. Pasaron años, muchos años, hasta redescubrir lo que me pasaba  en aquel entonces y lo que pretendo transmitir en este texto; conceptos e ideas y experiencias migratorias.

 

A raíz de todas esas vivencias se alteran las emociones y las identidades, la psiquis y el sentido de pertenencia. De acuerdo con el Profesor Emil Kraepelin, en su artículo Sobre el desarraigo, “el ser humano es un animal gregario. El desplazamiento supone el duelo de la separación de lo anterior y la adaptación a lo nuevo. Aunque el motivo de dicho movimiento sea positivo, la adaptación al nuevo lugar puede ser traumática y no siempre el traslado se hace por libre elección.El desarrollo de su personalidad está fuertemente influenciado por su relación con el medio humano que le rodea. En primer lugar por la familia, inmediatamente después los seres queridos y amigos y, finalmente, por el conjunto de relaciones sociales a su alrededor”. Dentro de las definiciones de la palabra “desarraigar” de la Real Academia Española podemos destacar las siguientes: arrancar de raíz una planta, separar a alguien del lugar o medio donde se ha criado, o cortar los vínculos afectivos que tiene con ellos.

 

Las causas que llevan a una persona a desplazarse y dejar sus raíces para arraigarse en otro sitio son múltiples y diversas. Los motivos son infinitos pero en mi caso en particular fue una situación laboral familiar. Existe infinidad de motivos por los que las personas elegimos desplazarnos. Es un fenómeno que se da en nuestras sociedades y que responde al dinamismo del mundo actual.

 

El desplazamiento supone el duelo de la separación de lo anterior y la adaptación a lo nuevo. Aunque el motivo de dicho movimiento sea positivo, la adaptación al nuevo lugar puede ser traumática y no siempre el traslado se hace por libre elección.

 

Existe un nuevo trastorno mental del siglo XXI producto de las migraciones y los desplazamientos que se remonta a la mitología griega atribuida a la obra literaria de “La Ilíada” y “La Odisea” de Homero. El “Síndrome de Ulises” se atribuye al personaje de Ulises, el “viaje de Ulises” que tras la guerra con Troya emprende su retorno al hogar enfrentando peligros y dificultades. María Hernández, en su artículo “Desarraigo al vivir en otro país o el Síndrome de Ulises” destaca que los desencadenantes de este trastorno mental se pueden traducir en “la desorientación, la falta de comunicación con la población autóctona y una marcada tendencia a relacionarse con inmigrantes de su misma nacionalidad o de su mismo idioma, por miedo a sentirse rechazados, lo que les lleva a aferrarse cada vez más a su cultura y dificultar su proceso de adaptación”.

 

Para finalizar quisiera expresar que para desplazarse, dejando atrás familiares y lazos afectivos para adaptarse a un nuevo lugar con sus costumbres, se necesita mucho valor y valentía, y compartiendo la idea del texto citado anteriormente, esa persona que toma coraje para desplazarse siempre será un “valiente” y ese valiente, siempre será “alguien”.

Artículo por:

Mariela Katrin Ferrón

Mariela Katrin Ferrón
Licenciada en Relaciones Internacionales, cuenta con una especialización en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de San Francisco, Quito, Ecuador. Maestranda en Negocios Internacionales, Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales, Buenos Aires. Trabaja en el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Argentina. Su infancia y adolescencia transcurrieron en Alemania, Rusia y Ecuador. Actualmente reside en Buenos Aires. 

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