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Dejar crecer

Nueva York

Por Mónica Prandi

Dejar crecer | Letra Urbana

¿Por qué ayudar tanto a los hijos no los ayuda a crecer? Lenore Skenazy comparte sus experienias acerca de cuando hacer un poco menos no es negligente ni perezoso, sino un voto de confianza.

La infancia no siempre estuvo considerada del modo en que acostumbramos a hacerlo hoy. Largamente el lugar del niño permaneció irrelevante y fue solo a partir de cierto momento que toma un lugar central en la sociedad y la familia, para ser cuidado, protegido y considerado. Pero en el vaivén de los siglos algo ha pasado.

Hoy protección es sinónimo de impedir que los hijos se confronten con las molestias mínimas que los desafíos cotidianos pueden acarrear. Las creencias actuales no permiten confiar en la inteligencia y fortaleza del niño de este milenio, y tanto la familia como la sociedad insisten en envolverlos en una burbuja.

Una mamá, conocida como World’s Worst Mom (La peor mamá del mundo) se atrevió a confiar en su hijo y lo dejó que tomara el subterráneo para regresar a casa solo. La conocida anécdota que hace una década protagonizó Lenore Skenazy en la ciudad de Nueva York y su hijo de 9 años, sentó precedentes. Esta mamá, que logró no quedar atrapada en los fantasmas y temores que colorean a la parentalidad contemporánea, dio charlas públicas sobre el tema, escribió un libro, un blog, fundó el movimiento Free Range Kids, hizo un reality show, generó una nueva ley que contempla la seguridad de los niños sin privarlos de que desarrollen su independencia y Co-fundó la asociación sin fines de lucro Let Grow.

Lenore, junto a los profesionales que la acompañan actualmente en esta misión, reconoce la enorme presión que existe desde cada rincón de la sociedad norteamericana para mantener a los niños cerca, para no dejarlos mover solos o que hagan algo sin supervisión. También reconoce la rigidez del sistema a la que los chicos quedan sometidos cuando se considera que ser buen padre es llevar a un hijo “…en el auto a karate el lunes, Kumon el martes, ajedrez el miércoles, sin permitirles que pongan sus pies en el pavimento para ver algo o hacer un amigo”.nos hemos convencido de que la única forma en que vemos la infancia es a través de la lente del trauma.

Lenore en esta entrevista ha compartido muchas anécdotas impactantes, a veces divertidas y a veces increíbles. Pero, a partir de la interpretación que ella da a estos excesos, a los que incluso llega a considerar “abusos” porque deja a los chicos “prisioneros” del sistema, entiende que algo está muy mal. Lo bueno es que Lenore no solamente lo piensa, sino que lo dice, toma el riesgo de avanzar propuestas y convierte sus ideas en acciones en la comunidad.

Vivimos en una cultura donde los niños están super controlados, siempre supervisados y con muchas restricciones sobre ellos. ¿Qué te motivó a tener una actitud diferente con tu hijo?

Creo que sabes que soy reportera. Toda mi vida fui curiosa acerca de la gente y los vecindarios y, durante 14 años, estuve como periodista de un diario. Hablando con extraños, perdí el gen del “temor a los extraños “, si es que alguna vez la tuve.  Esto no significa que no tuve temor por mi hijo. Quiero decir que ahora que es más grande, aún me preocupo por cómo manejan los autos las tablas de skate, todo eso me vuelve loca. Pero nunca tuve temor de que salgan al mundo, de que hablen con la gente y que hagan su camino.

Suena a que te dejaste llevar por cierto sentido común…

Sí, pero ya ni siquiera lo llamaría sentido común. Muchísima gente piensa que sentido común es, por ejemplo, no dejar nunca a sus chicos esperar en el auto, ni siquiera cinco minutos mientras bajas a recoger una pizza. Entonces el sentido común significa diferentes cosas para cada persona, y creo que mucha gente tiene ideas que son absolutamente sin sentido.

En cierta forma, mi sentido común es casi estadístico. Me refiero a que las posibilidades de que la causa de la muerte de los niños sea un accidente de auto son definitivamente mucho más altas de que se mueran por hablar con desconocidos o por caminar hacia la escuela, por esperar unos minutos en el auto. Esas no son las cosas por las que yo temo, porque la probabilidad estadística de que suceda es muy pequeña.

¿Podríamos decir entonces que la sobreprotección está relacionada con una cierta desconexión entre padres e hijos?

Diría que probablemente sea lo opuesto. Pienso que es una desconexión entre los padres y su propia infancia. Cuando doy mis charlas siempre les hago dos preguntas a la audiencia. Una es: ¿qué es lo que a usted absolutamente le encantaba hacer cuando era chico y que usted no le deja hacer a sus propios hijos? Y la gente comienza a hablar sin parar, quiero decir que les tengo que decir algo así como: “Hey, la otra mitad de la conferencia todavía está por venir! “
La semana pasada tuve una frustrante discusión acerca de esto exactamente, donde un muchacho al final se acercó a mí y se jactaba de todas sus aventuras de niño. Luego dije, “bueno, ¿y qué hay de tus propios hijos? “ Él dijo que tiene dos niños de nueve y seis años y viven en frente al Central Park, pero nunca dejará que sus hijos vayan allí porque pueden ser raptados por cualquier persona, en cualquier momento. Entonces le pregunté, “¿por casualidad, usted sabe que de toda Nueva York – que a propósito estadísticamente es bastante segura, aunque tiene una reputación bastante diferente – la zona de Central Park es la más segura de toda la ciudad?“. Eso no le importó para nada a él, lo único que le importaba, y esto es lo que me sigue cautivando y fascinando, es que realmente nos hemos convencido de que la única forma en que vemos la infancia es a través de la lente del trauma. Algo terrible les sucederá a los niños, morirán o estarán tan heridos emocional, física o psicológicamente, que nunca serán lo mismo y todo por culpa nuestra. Ya ni siquiera podemos ver a un niño que hace algo normal, o que una mamá deje a su hijo esperando en el auto literalmente 20 segundos mientras ella deja un paquete y alguien le dice: “usted no sabe que esos 20 segundos su hijo se puede ahogar, o se puede caer, o lo pueden raptar…“. Si pensamos que los intervalos de 20 segundos son demasiado peligrosos para que nuestros niños sobrevivan sin nuestra vigilancia estamos en un momento muy histérico y entonces, la desconexión es entre la realidad y los padres.

En ese contexto, donde es obligatorio “no dejar a un niño desatendido o sin supervisión”, ¿de qué manera alentó usted el mensaje a confiar en los niños?

Comencé Free Range Kids (Crianza Libre) cuando dejé que mi hijo viajara solo en el metro, hace 11 años, y en este último año empecé una organización sin fines de lucro que se llama Let Grow Project (Proyecto Deja crecer).
Al cabo de 10 años de hablar con la gente y hacer mi blog me di cuenta de lo loco que se ha vuelto nuestro país y no importa cuanta gente esté de acuerdo conmigo, incluso aquellos que intentan cuestionar el sistema están atrapados en el mismo. No puede ser solo uno el que envía a su hijo al parque, porque no hay nadie en el parque con quien jugar.

Si pensamos que los intervalos de 20 segundos son demasiado peligrosos para que nuestros niños sobrevivan sin nuestra vigilancia estamos en un momento muy histérico y entonces, la desconexión es entre la realidad y los padres. Creo que, así como Free Range Kids cambió mucho este tipo de conversación y la mentalidad, Let Grow se dedica a cambiar el comportamiento. Estamos tratando de hacer esto con ayuda de otras personas, en grupos, porque uno no puede estar solo, así que estamos haciendo estas dos iniciativas en las escuelas y parecen estar funcionando, son muy populares en todos los aspectos. Lo que es genial es el proyecto Let Grow donde los maestros les dicen a los niños que vayan a casa y hagan una cosa por su cuenta que aún no han hecho; puede ser pasear al perro, hacer la cena, ir al supermercado, caminar a la casa de un amigo, andar en bicicleta o ir a la biblioteca. Estoy segura que se trata de algo que tu hiciste de niña todo el tiempo y eso es algo que yo también hice. Pero, esos momentos que fueron hitos se cubrieron tanto del polvo del miedo que ni siquiera puedes verlos, están enterrados bajo capas de terror, por lo que el proyecto Let Grow aleja parte del polvo de estos hitos para que los padres prueben. Una vez que vean a su hijo pasear al perro o que regresan a casa desde la casa de un amigo, que van al supermercado, son ellos, los padres, los que más cambian.

Lenore Skenazy

Los niños están orgullosos y se alegran de que sus padres confíen en ellos, se entusiasman y quieren hacer más. Pero son los padres quienes finalmente ven que sus hijos son capaces, competentes y seguros, eso es algo que hasta ahora no sabían porque nunca habían permitido que sus hijos quedaran fuera del alcance de su vista. Ocurre entonces, que si toda la escuela lo está haciendo, y un par de niños van al parque solos y unas madres se jactan de que mi hijo hizo una torta o hizo la cena completa, eso ya comienza cambiar la comunidad y empezamos a ver a los niños afuera nuevamente.

A finales del año pasado, la directora de una escuela me contó que dos semanas después que ellos habían hecho el proyecto Let Grow, cuando manejaba de regreso a la casa por la ruta de siempre, vio a un niño en skateboard, a otro patinando y dos niños en bicicleta. En los 17 años que llevaba como directora del colegio primario en ese vecindario nunca había visto un chico afuera sin sus padres. Quiero decir que esto puede ocurrir muy rápidamente, ¡uno dice “hazlo”! y lo hacen, y luego se vuelve algo normal. Así que, Let Grow está dedicado a alentar a los padres para que cambien el comportamiento, que luego continuarán después de que lo hagan por primera vez. Cuando tu hijo comienza a caminar no le dices que vuelva a gatear, no tiene sentido; una vez que tu hijo anda por ahí tampoco tiene sentido decirles “tienes que estar en el auto conmigo, no confío en nadie, no confío en ti, no confío en el mundo”.

Por un lado está eso, y por el otro el Let Grow Play Club, un espacio que está abierto antes y después de la escuela para que los chicos de distintas edades jueguen juntos y libremente, sin ninguna intervención de un adulto. Solo hay alguna persona mayor en caso de que haya algún hueso roto o algo así, pero los niños son los que deciden qué es lo que van a hacer, proponen su propia diversión y deciden si una pelota fue adentro o afuera, ellos buscan sus propios argumentos.

Todo esto es porque afuera casi nunca hay oportunidad para que los niños de hoy realmente jueguen. Ellos hacen actividades organizadas, habrá un payaso en la fiesta de cumpleaños y luego un entrenador en el pequeño lago; pero no habrá una oportunidad para que se les ocurra un loco juego nuevo, para descubrir qué tan grandes son sus equipos o para tener algún tipo de dirección normal sobre sus propias ideas. Cuando la escuela está abierta, los padres confían en eso, porque no están enviando sus hijos a un parque, los están mandando a la escuela en la que confían, hay un adulto cerca y los chicos estarán desconectados de sus aparatos electrónicos.así como Free Range Kids cambió mucho este tipo de conversación y la mentalidad, Let Grow se dedica cambiar el comportamiento.

Peter Gray, uno de nuestros fundadores, dice que el juego de edades mixtas es algo que desapareció de nuestras vidas, que los chicos jueguen hoy todos juntos parece un experimento extraño. Sin embargo, a lo largo de la historia los chicos de todas las edades siempre jugaron juntos. Así es como los más grandes aprenden a lanzar la pelota un poquito más suavemente a los más pequeños y empatizan. Y los más pequeños no quieren verse como bebés enfrente de los mayores, así que incluso si están a punto de llorar se aguantan las lágrimas. Todas estas habilidades sociales y emocionales se activan cuando los niños juegan, y eso no ocurre cuando los chicos están en una actividad que un adulto organiza y resuelve para ellos.

Éstas son las dos grandes cosas. No es realmente sencillo decirles a los niños que vayan a casa y hagan algo por su cuenta o que jueguen, ambas cosas desaparecieron de la infancia en los Estados Unidos actualmente, y la forma más sencilla que hemos visto para traerlas de vuelta es alistando a las escuelas para ponerlas en marcha.

Tengo un par de preguntas al respecto. ¿De qué manera trata el miedo y la inseguridad de los padres contemporáneos que impiden dar más libertad y confianza a los niños? ¿Cómo son los programas especiales que tiene Let Grow Projet para hablar con ellos o con los padres?

En Let Grow prácticamente estamos haciendo un par de cosas. La más importante es impulsar estas iniciativas escolares porque puedo hablar con los padres sobre los temores, sobre el hecho de que la tasa de delincuencia hoy en día es más baja que cuando ellos estaban creciendo. Si tomamos a la tasa de 1963, cuando estos padres jugaban en la calle estaban menos seguros de lo que hoy están sus hijos. Pero, hablar del tema me ha llevado a ninguna parte y después de 10 años me siento cansada. Según lo que he visto, lo único que realmente supera los temores de los padres es presionarlos para qué den a sus hijos cierta independencia que quizás no se sentían preparados para darles.
Tuve un programa de televisión que llegaba a las familias de todo el mundo y no era tan popular, así que nunca llegué a una segunda temporada, se llamaba World’s Worst Mom (La peor mamá del mundo). Los productores encontraron 13 familias de padres extraordinariamente sobre protectores. Una madre todavía alimentaba en la boca al niño de 10 años con una cuchara, otra le permitió a su hijo de ocho años tener una patineta, pero él tenía que pararse en ella sobre el pasto y por eso obviamente no lograba hacerla rodar; luego otra mamá llevaba con ella al baño de mujeres a su hijo de 13 años cada vez que tenían que ir a un baño público, ella pensaba que se iba al baño de los hombres sería asesinado o al menos violado. Estos padres eran el colmo, y aun así no eran un ejemplo de la idea de no permitirle a sus hijos hacer nada porque ellos están muy preocupados. Mi trabajo era sentarme con la mamá mientras enviaba al niño a buscar pan, o quedarme con ambos padres mientras enviaba el niño al parque a patinar. También estuve sentada con la mamá mientras dejaba al niño aprender a andar en bicicleta. Y, al hijo de la mujer que lo había estado alimentando en la boca le di una bicicleta, que su madre nunca le había permitido montar, y aprendió a andar. Al finalizar esta visita a los padres, que siempre duraban cuatro días, esos papás no podían recordar porque habían tenido tanto miedo. Esa madre que no dejaba que su hijo anduviera en bicicleta, y aún lo alimentaba en la boca, ¡terminó enviándolo a un campamento de ciclistas nocturno, este verano! Y la mujer que había temido que su hijo se le perdiera de vista o que alguna vez se lastimara, porque si alguna vez necesitaba usar una curita eso probaría que era una madre abusiva, logró al menos que sus hijos vayan al baño en una parada de descanso cuando estaban de vacaciones. Estas mamás me escribieron para agradecerme después de que se apagaron las cámaras  y contarme que ahora dejaban que sus hijos hagan todo tipo de cosas por su cuenta, que ellos estaban muy felices y ellas no solo se sentían mucho mejor, sino que ni siquiera entendían ya lo que antes les sucedía.

el juego de edades mixtas es algo que desapareció de nuestras vidas, que los chicos jueguen hoy todos juntos parece un experimento extraño.A mí también me tomó mucho tiempo entenderlo no soy psicóloga ni terapeuta, solo soy una persona que piensa que hemos ido en una dirección equivocada en términos de la percepción que tenemos de nuestros hijos y nuestro país. Lo que ocurrió es que la realidad tomo el lugar de estos números exagerados, que estaban tan fuera de control, y no se pudo sobrevivir la realidad confiadamente.

Entonces de acuerdo con su comprensión, ¿cree que los padres actuales tienen un mayor temor de ser señalados como malos padres?

Sí. Creo que ser padres hoy ya no se trata de lo que solía ser, de lo que muchos hicimos: casarse, tener hijos, criarlos y alimentarlos. Ahora es algo así como “Oh, ¿está usando este método para ponerlos a dormir? ¿Y está usando ese método para enseñarles a leer? ¿Y qué les está leyendo y qué les está dando de comer? “. Todo se volvió muy intenso porque hay muchas maneras en las que parece que podemos hacerlo mal, aunque yo creo que son muy pocas, pero supuestamente si dices “eres un buen chico” en lugar de decir “buen trabajo” cuando haga su cama, de repente los has estimulado para siempre.

Se percibe que hay tantas trampas, que criticamos intensamente lo que sea que estén haciendo los demás. Por otra parte, esto lo hacemos también en público, porque ahora tenemos redes sociales, y el resultado es que a los padres no solo les preocupa que puedan lastimar a sus hijos, si no también que alguien piense que ellos no lo están haciendo suficientemente bien. Y como resultado de esos supuestos peligros, la forma predeterminada de criarlos es estar con ellos cada segundo y observar cada cosa que hacen.

¿Usted cree que esta visión radicalmente sobreprotectora está también relacionada con las expectativas de que los chicos sean excelentes en todos los campos?

Creo que a los padres les preocupa que, si sus hijos no sobresalen en algo, o quizás en todo, no tendrán una buena vida. Realmente hemos hecho algo para que los padres se sientan así, al menos la clase media o la clase media alta, no estoy segura exactamente dónde está el punto de quiebre, quizás también les pase a los padres de la clase trabajadora. Pero el temor es que, si no te va bien en la escuela primaria, no te irá bien en la secundaria, no entrarás a una buena universidad y estarás muerto de hambre. ¡Así que todo empieza tan joven!

La directora ejecutiva de Let Grow, mi amiga Tracy, estuvo el otro día en una clase de tenis para niños. Tracy dijo allí algo así como: “Oh, el tenis es un gran deporte para los niños, se puede dejar y volver a retomar “. Tracy misma regresó a jugarlo después de 25 años, y estaba hablando de eso con uno de los padres. Este hombre que tenía un niño  de cinco años le dijo que jugar al tenis también se ve muy bien en una solicitud para la escuela de medicina. Pienso que, en realidad jugar al tenis no es algo que se vea especialmente bien en la solicitud de la escuela de medicina, a nadie le importa si su hijo juega al tenis o no. Pero, este papá siguió diciendo que hay que comenzar con una meta en mente. Y esta es la perspectiva desde donde debemos mirar a nuestros chicos y pensar qué es lo que estarán haciendo en 20 años; y será mejor que eso lo hagan desde ahora porque si no se quedarán fuera del mapa en un futuro. Eso está poniendo a los padres muy ansiosos. A esto hay que agregarle que el mercado constantemente nos está diciendo “¿No le está yendo bien a su hijo?”, entonces venga obtener este programa o use a este especialista en lectura, o … La pregunta sobre cómo le va a su hijo puede recaer sobre cualquier cosa. ¿Necesitan conseguir mayor excelencia?, venga a organizarse de manera orgánica; ¿necesitan una nueva clase después de la escuela?; ¿necesitan observarlos cada segundo?
Cada aspecto de la vida de los chicos se reescribe como un desastre que puede suceder, a menos que se los inscriba en una clase especial, o se les compre un juguete en particular, o se use cierta aplicación, o se contrate una persona especializada para ayudarlos a no fallar o a sobrevivir.Acabo de escuchar esta mañana que hay un nuevo dispositivo que se creó pensando en el viaje escolar a casa. El comercial decía que lo que podría salir mal en ese recorrido es suficiente para mantener a un padre despierto toda la noche. Creo que no es así. Cuando mis hijos están en el autobús no me preocupo de que algo les pase, pero ahora se supone que hay que preocuparse y entonces los niños deben tener el nuevo rastreador GPS que te avisará cada vez que esté o salga del autobús. Cada aspecto de la vida de los chicos se reescribe como un desastre que puede suceder, a menos que se los inscriba en una clase especial, o se les compre un juguete en particular, o se use cierta aplicación, o se contrate una persona especializada para ayudarlos a no fallar o a sobrevivir.

Por un lado, está la sobreprotección parental pero, también los chicos tienen miedo de moverse solos, aunque a la vez experimentan una gran alegría cada vez que dan un paso. ¿Cuál es la manera que has encontrado para acompañar este proceso?

Como te decía, estamos tratando de hacer esto en línea con la comunidad y también en las escuelas, donde hay una comunidad integrada. En línea, solo estamos tratando de hacer que todos hablen entre sí. Alguien puede preguntar si está loco porque quiere que su hijo de siete años camine solo hacia la escuela y otro que ya es parte de la comunidad de Let Grow, cualquiera puede serlo porque es gratuito, le contesta que no cree que esté loco, que esa misma persona tiene una niña de siete años que va caminando a la escuela y está muy feliz.

Estamos tratando de crear una comunidad donde la gente no se sienta abrumada por los miedos que se nos están imponiendo. Cuando comienza a haber una comunidad es mucho más fácil decir que es una locura que nadie permita a sus hijos de 13 años ir solos a la escuela caminando.

Por otro lado, en la escuela, un niño que está asustado, por ejemplo, para hacer un recado por su cuenta, y la tarea que tiene en su mano es hacer algo solo el jueves después de la escuela, entonces quizás si otro amigo está caminando hacia el parque tal vez los dos caminen juntos, o se anima a hacerlo si un amigo camina hacia el parque y le cuenta que fue divertido. Solo estamos tratando de volver a normalizar la idea de que los niños hagan cosas por su cuenta. Lo hemos hecho algo tan raro e importante que tenemos que trabajar junto con los padres y los niños, y esa es la razón por la que convertirlo en una tarea escolar es algo genial, porque los niños la hacen, así como hacen la tarea de escribir sobre un libro que han leído.

Ayer tuve una conversación con una madre de Inglaterra sobre su hijo que tiene nueve años, quien en un momento estaba demasiado asustado de quedarse solo esperando en el auto mientras ella pagaba la gasolina. Eso fue un shock para esta mamá porque se dio cuenta de que ella quería que su hijo sea cauteloso, pero no quería que su hijo pensara que el mundo era tan peligroso como para creer que en el tiempo que a ella le llevara pagar la gasolina, algo terrible iba a suceder.

Con Let Grow alentamos a los niños a que atraviesen la puerta, nada cambia el comportamiento excepto pasar por allí. Hubo una gran controversia hace unas semanas con un mensaje que un estudiante de escuela secundaria puso en una de las redes sociales. Decía que los estudiantes con ansiedad no deberían ser forzados hacer presentaciones delante de la clase, porque eso era algo horrible para ellos. El mensaje se retwitteó como cien mil veces y las personas decían que en efecto eso era realmente cruel, ¡cómo las escuelas se atreven esperar que los chicos hagan algo que les produce miedo y ansiedad! Pero, la mejor manera de lidiar con la ansiedad no es decir “Oh, esto es demasiado para ti, no hay que hacerlo”. La forma de lidiar con la ansiedad es hacer que lo hagan y que luego se den cuenta de que eso no era tan malo como pensaban. En psicología hay una terapia que se llama de exposición, que consiste en que si le tienes miedo a los perros hay que comenzar por tener la foto de un perro, luego tienes que ir a ver al perro al otro lado de la calle, luego tener un perro a tu lado, y finalmente acariciar al perro. Entonces, resulta agradable acariciar el perro y el miedo se ha ido. Pero, si tienes miedo a los perros, ni siquiera te dejaré encender la televisión porque podría haber una exposición canina, tampoco podrás leer el periódico porque hay una foto de un perro en la página 17, y no hablemos de los gatos porque eso puede llevar hablar de los perros. Toda tu vida estará organizada para evitar a los perros y eso termina dando mucho trabajo. La única forma en la que el miedo obtiene menos poder es lidiando con él, confrontándolo. Los chicos tienen que caminar hacia el perro, hay que ir a la tienda, hay que jugar a fuera, hay que lidiar con un amigo que está discutiendo contigo y tiene que resolverlo él mismo, no los padres.
Si continuamos insertando la supervisión de los padres y los adultos entre los chicos, el mundo se les volverá aterrador. Los niños van a pensar por qué existe esa capa de protección entre yo y el mundo, y se van a convencer de que seguramente la necesitan. De esa manera nunca tienen la experiencia de tener miedo y luego finalmente poder reírse de ello. Cuando trepas a un árbol, estarás un poco asustado, pero la próxima vez que se subas llegarás un poco más alto porque fue emocionante tener éxito en algo que da un poco de miedo. Ésa es la propia recompensa. Pero, no hay recompensa si le hubieran dicho que todo es demasiado para él. Por eso hay extraordinarios niveles de ansiedad entre los niños de hoy, es la gran preocupación entre los educadores. No tengo las estadísticas conmigo ahora, pero los niveles de ansiedad están fuera de los promedios y el suicidio ha aumentado. Odio insistir en esto porque no quiero reemplazar al miedo con miedo. Sólo digo que es genial sentir que puedes manejar las cosas, y si nunca se te permite hacerlo, ¿cómo tienes este sentimiento?

Para concluir, reflexionemos sobre esto que comenzó como una motivación personal te ha hecho avanzar de tal manera que se ha convertido en la ley Free Range Parenting (Ley de crianza libre)…

Sí, sí, la ley de Utah…

¿Sólo en Utah?

Sí, hasta ahora solo en Utah. En el invierno estaré hablando en Texas y me recuerdas que también estoy tratando de trabajar con algunas personas que también están interesadas en Connecticut, Illinois e Idaho. Creo que la gente del país no quiere tener que pensar dos veces sus decisiones diarias como padres. Les preocupa que alguien llame al 911 y diga que vio a un niño desatendido o esperando solo en el auto mientras su mamá bajó un minuto a comprar unas estampillas. No podemos quitarles la libertad a los padres y a los niños solamente porque alguien con un teléfono puede abrir un caso sobre ellos. La ley de Utah no dice que los padres pueden ser abusivos o negligentes con sus chicos, eso es en contra de la ley; pero si no hay ninguna evidencia de abuso, dejar simplemente caminar a los chicos hacia la escuela o salir jugar, esperar brevemente en el auto, regresar a casa a esperar a que los padres vuelvan de su trabajo, eso no es evidencia de ningún tipo de abuso o negligencia, y no requiere ningún tipo de seguimiento de parte de las autoridades.

 

Traducción María Pilatti

Artículo por:

Mónica Prandi

Mónica Prandi
Fundadora y Directora de la revista digital Letra Urbana. Psicoanalista. Lic. en Psicología, Argentina. Master of Science in Psychology, USA. Licensed Mental Health Counselor, en el Estado de la Florida. Se dedica a la práctica clínica privada en la ciudad de Miami. Actualmente investiga y divulga las ideas y teorías que contribuyen a entender las transformaciones que observamos en el hombre contemporáneo, bajo los efectos de la globalización. 

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