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Cracovia: Una ciudad de leyendas

Málaga

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Cracovia: Una ciudad de leyendas | Letra Urbana

Una vuelta por las tres Cracovia: la comunista, la judía y la antigua.

Paseo por una enorme plaza medieval (Rynek Glówny), oigo una trompeta, una melodía que suena desde una torre y va rotando por sus cuatro costados. De pronto, en mitad de una nota, termina la canción, se ha parado en seco. Observo la Basílica de Santa María con dos torres diferentes, es desde la más alta donde toca el trompetista. Estoy en Cracovia, ciudad de leyendas. En este mismo párrafo hay dos, la primera explica el motivo de la diferencia de altura, la segunda cuenta por qué se interrumpe la melodía. Símbolos de la ciudad, merece la pena descubrirlas. No seré yo quien lo haga, pero si intentaré sembrar el interés por ellas.

Tenía ganas de conocer Cracovia. Coleccionaba notas desde hacía tiempo, la curiosidad fue en aumento empujada por mis amigos Luis y Javi. El joven jubilado y el alegre cosmopolita. Ambos habían estado en la antigua capital de Polonia pero en años y estaciones diferentes, y los dos venían igual de encantados como yo estoy ahora y fueron ellos los que me dieron el impulso definitivo para visitar Cracovia y sus alrededores. De hecho utilicé algunas de sus sugerencias en la organización del viaje.Pasamos por el edificio sede de la fábrica de Schindler (redescubierto por Spielberg).

Yo estuve el pasado verano con mis dos Inmas. La ciudad nos recibió con un día magnífico. Sin demora comenzamos el recorrido. Vimos una boda en la iglesia de la Universidad (Anny), recorrimos el Colegio Mayor y sus alrededores y comimos en una Pizzería recomendada por Javi, Boscaiola. Quisieron darnos una mesa en la entrada, pero pedimos que nos instalaran en uno de los salones subterráneos puesto que sabíamos de la bonita decoración, del aire íntimo y del ambiente romántico de la zona baja.

Después de un relajante almuerzo salimos al exterior. La tarde se tornó lluviosa. Permaneció 24 horas seguidas casi sin parar. Ni en invierno ocurre esto en Málaga desde hace años. Así que, en lugar de ofuscarnos, nos pertrechamos lo mejor que pudimos y continuamos la visita en ese primer día, acabando en la zona del castillo, en la colina de Wawel. Allí bailamos imitando a Gene Kelly en Bailando bajo la lluvia.

A la mañana siguiente teníamos la excursión a Auschwitz. El día continuaba lluvioso e hizo que la atmósfera se integrara en el recorrido al lugar más macabro y vergonzante del último siglo en Europa. Recuerdo aquellos instantes con un nudo en el estómago y una gran emoción al llegar a Birkenau, un manto de silencio cubrió el momento tras la explicación del guía junto a un vagón de carga del tren que trasladaba a los judíos a las cámaras de gas, ahí estábamos el grupo de turno imaginando trágicas escenas. Alguien posó en el peldaño de subida al vagón una rosa, mi hija realizó una preciosa instantánea, que merece la pena contemplar por su significado. Pero esta visita a Oświęcim (localidad donde se encuentra) es punto y aparte y motivo de otro tema más amplio por la gravedad del mismo.También es imprescindible una visita a las Minas de Sal de Wieliczka, Patrimonio de la Humanidad desde 1978.

Cracovia se despertó ante mis ojos de una forma diferente el tercer día, la borrasca pasó por completo, así que pude contemplar con gran luminosidad la zona del castillo por la que paseamos antes de hacer la ruta por el Vístula en un pequeño catamarán. Esa mañana fue productiva, y la siguiente. Vimos echar bocanadas de fuego al Dragón (expulsado de su colina por el príncipe Krakus para poder asentar a su pueblo, según otra de las leyendas), pisamos las estrellas del Paseo de la Fama que corre paralelo al río, descubrimos un bar muy peculiar, centrado en Harry Potter en la Calle Grodzka donde probamos la cerveza de mantequilla mientras podías disfrazarte con las vestimentas de los personajes que Rowling ideó, visitamos la iglesia de San Pedro y San Pablo, con sus doce Apóstoles en la entrada (en realidad son once y María Magdalena), recorrimos su enorme cripta (Piotr Skarga) pero no pudimos comprobar el experimento del alambre del péndulo de Faucolt (programado para los jueves).estatuas de bronce que van apareciendo por toda la ciudad: matemáticos como S.Banach y O.Nikodyn (en Planty) Finalmente comimos en Miod Malina, los famosos pierogis, aunque ni yo, el más osado en estas lides culinarias, me atreví con el zurek (esa sopa ácida servida dentro de un pan). Visitamos algunos bares de leche (abiertos en la época comunista y donde se sirve típica comida polaca barata) pero no llegamos a consumir nada.

 

Cracovia puede dividirse básicamente en tres: la comunista, la judía y la antigua. La primera zona no la visitamos. Como estarán comprobando nos centramos básicamente en el Casco Antiguo, con un enorme atractivo patrimonial. Recorrí la ciudad medieval con mis dos Inmas, haciendo compras en la calle Florianska, en el antiguo edificio del mercado (La Lonja de Paños) y en la calle Grodzka. En el Barrio Judío estuvimos visitando algunas sinagogas (Kupa, Tempel, Isaaka), disfrutando del ambiente bohemio, los alrededores de Plac Nowy, los rincones con encanto y también trágicos, sobre todo al llegar a Podgórze (antiguo gueto). Pasamos por el edificio sede de la fábrica de Schindler (redescubierto por Spielberg). Acabamos en una enorme plaza, contemplando el Memorial de las Sillas, un monumento conmemorativo a los héroes y víctimas del Gueto.

En el recorrido, como buenos turistas, hacemos fotos a estatuas de bronce que van apareciendo por toda la ciudad: matemáticos como S.Banach y O.Nikodyn (en Planty) o un miembro de la Resistencia polaca como Jan Karski (junto a la sinagoga Remuh). Debo confesar que no conocía nada de la primera pareja, aunque sí había leído de los intentos de Karski por informar a las grandes potencias del Gueto de Varsovia y los campos de exterminio nazis. Personajes inmortalizados en la ciudad donde vivieron ¿sospecharían ellos que estarían tan solicitados?

Ha salido un artículo largo, aun así me gustaría acabar con la última mañana. Alguien comienza a soltar burbujas gigantes en la Plaza del Mercado, a través de ellas vuelvo a contemplar la torre del Ayuntamiento (donde subí el día anterior), la famosa cabeza inclinada (Eros atado) del escultor Igor Mitoraj o las calesas con sus hermosos caballos y sus cocheras ataviadas con trajes regionales. Esas imágenes a través de las pompas de jabón dejaron un recuerdo poético que unido a nuestras vivencias, su encanto y la posibilidad de ir descubriendo sus leyendas recomendaría sin duda una estancia en Cracovia a cualquier viajero que se precie.

Artículo por:

Antonio Villalba Moreno

Antonio Villalba Moreno
Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Málaga. Vive en Málaga y trabaja como Técnico de Gestión en la Gerencia de Urbanismo de la misma ciudad. Colabora escribiendo en algunos periódicos digitales locales y en la Revista El Reverso. 

7 comentarios

  • jorge says:

    Me encanta haber leído este artículo, seguro que voy e imito en parte el tour de Antonio, entran ganas de ir ya, gracias Antonio por recrear también tus paseos por Cracovia

  • Rafael López says:

    Qué buen artículo, Antonio. Me has recordado mi visita a esos mismos lugares de hace tres años. Deliciosa tu narrativa, me encanta. Un breve apunte, el nombre del físico francés se escribe Foucault.

  • Andrés Rueda says:

    Al leer esta vivencia, tan ilustrativamente descrita, supone un regocijo para todos los que somos ” amantes del viajar”. A quienes disfrutamos de esos momentos felices y enriquecedores que nos ofrece el salir fuera, cambiar una idea a veces equivocada o preconcebida de un determinado lugar no visitado, es un aliciente más. He de reconocer que hasta ahora Cracovia es una gran desconocida para mí y el primer pensamiento que siempre he tenido al nombrarla ha sido el terrible pasado tras la ocupación nazi. Nuestro autor Antonio, me ha hecho ver que esta ciudad es muchísimo más, y me ha transportado a esa ciudad de una riqueza patrimonial, cultural, social y de leyendas que nunca había oído. Para los que apreciamos el ambiente e historia romántica de las ciudades es un atractivo añadido. Además, iniciando este comentario en una cafetería del aeropuerto de la ciudad condal hace unas horas, interrumpido por el vuelo, y finalizando en el sofá de mi casa torremolinense, ha sido más placentera la lectura por compartir la vivencia del autor y al mismo tiempo “viajando”, como un romanticista del XIX. Espero ir a esta ciudad polaca y disfrutar, conocerla y vivirla al igual que lo ha hecho con los suyos nuestro queridísimo escritor. Gracias Antonio.

  • José Carlos Villalba says:

    Perfecto para el recuerdo (al artículo me refiero) y también para los viajantes incompletos como yo.

  • Sandra González says:

    Me ha encantado la descripción tan amena y atractiva que ha relatado mi amigo y compañero Antonio sobre Cracovia. Es una ciudad que no conozco y que sin duda, y más después de haber leido este artículo, me ha despertado un enorme interés. Gracias por ilusionarme con tu escritura.

  • Jorge Muñoz Estrada says:

    ¡¡Qué bonito!! Me parece que voy a cancelar mi suscripción a la revista de Viajes de National Geographic y me quedo con los relatos de Antonio, que son muchos más amenos y con sentimiento. La visita a Auschwitz es una de las grandes ilusiones de mi vida, tenemos que profundizar en esos silencios que cuentas … ¡¡Muchos besos!!

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