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Cortázar sin barba

Cuando el mito superó al escritor. Entrevista a Eduardo Montes-Bradley
Miami

Por Mónica Prandi
Cortázar sin barba | Letra Urbana

Una puesta en perspectiva de Cortázar que confronta el mito con la trascendencia de su obra.

Julio Cortázar fue  uno de los escritores más reconocidos de su tiempo. Su manejo del cuento breve y la poesía dieron lugar a una nueva forma de hacer literatura en América Latina. Un estilo que escapa de la linealidad del tiempo, transitando entre lo real y lo fantástico, lo incluyó dentro del realismo mágico.

Eduardo Montes Bradley

Eduardo Montes Bradley

En el 2014, recordando que se cumplen 100 años del natalicio del autor, 30 de su muerte y 50 de la publicación de Rayuela, se han editado y reditado sus libros y biografías. Conversamos en Miami con el escritor y cineasta Eduardo Montes-Bradley, autor de Cortázar sin Barba, cuando vino a participar de la velada sobre Cortázar, que Letra Urbana organizó en Books and Books.

Eduardo Montes-Bradley lleva a cabo un trabajo documental, crítico y riguroso que culminó en la producción de varios libros y películas biográficas sobre la vida de escritores, compositores e intelectuales. Entre ellos, se ocupó de Jorge Luis Borges, de Osvaldo Soriano, de Osvaldo Bayer, de Julian Bond y realizó el más completo ensayo biográfico sobre Julio Cortázar.

El sentido del humor permeó la charla mientras Montes-Bradley enfocaba ciertos ángulos y contextos, para dejarnos conocer su pensamiento sobre Julio Cortázar y la trascendencia de su obra.

Cuando habla del tema, y aclarando que no le gustan las comparaciones, no puede dejar de reconocer la diferencia que hay entre muchos escritores latinoamericanos y la inmensa mayoría de los escritores de los Estados Unidos. “Hay un fenómeno muy interesante y es que los escritores de los Estados Unidos surgen mayoritariamente de la academia. De allí salen  escritores con gran proyección literaria y muy poca calle. En cambio nosotros generamos escritores con muchísima calle, excepto Borges, y  una inmensa proyección literaria. Muchos de ellos no tienen ni siquiera el secundario terminado, pero eso no es algo que se cuestionen.”

Eduardo Montes-Bradley inició su relación a la literatura desde muy chico, invisiblemente alentado por su propia familia. En Buenos Aires, su casa era frecuentada por escritores y poetas. Recuerda con nostalgia aquellos momentos de su vida entre las letras, y le da a estas experiencias la importancia de haber trazado sobre él una marca de interés por la literatura, la música y los pensadores. A la vez, señala que carga con la paradoja de no sentir un apego especial al objeto libro. “Creo que hay una falsa adhesión al conocimiento a través del objeto libro. Es algo que yo no tengo, y lo estoy cuestionando severamente en los últimos años. Hay países donde no se lee mucho pero tienen impresionantes ferias del libro, donde concurre la gente a comprar y hacer firmar el ejemplar por los autores, lo que queda casi dentro del fetichismo. En un país como Estados Unidos, la feria del libro no es un fenómeno ni tan frecuente ni tan popular. Aunque, la feria del libro de Miami, quizás sea una extensión del fenómeno de Latinoamérica.”

Montes-Bradley, nació en Córdoba, se mudó en los primeros años de su infancia a Buenos Aires y vivió allí hasta poco después de que se impusiera el gobierno militar en 1976. En 1978 dejó la Argentina para mudarse con su familia a Nueva York, donde pasó los primeros años de su emigración.

La barba es quizás uno de esos únicos puntos de coincidencia que la revolución pop latinoamericana tuvo con la revolución pop norteamericana…La intensa realidad política que golpeó a su país durante su adolescencia lo destinó a un compromiso y una observación aguda sobre los contextos, lo que fue otra de las improntas de su vida. El cruce entre política y estética está siempre presente en la obra de Montes-Bradley y además, percibe muy bien este entrecruzamiento en la vida de los personajes a quienes interroga y desmitifica en su trabajo. Permanece siempre atento a cómo se balancean estas dos cuerdas y va sacando sus conclusiones. Uno de los puntos que cuestiona es por qué se espera que los escritores latinoamericanos respondan sobre política. Y afirma que, “La idea de unir el compromiso político y la literatura es  muy sartreana, tiene un origen mediterráneo, francés, católico que impregnó toda la cultura latinoamericana”.

Cortázar supo transgredir las leyes de la narración creando extraordinarias situaciones con las que reflejó la condición del hombre. Pero, luego de su viaje a Cuba hubo un giro en su obra que quedó plasmado en El libro de Manuel. A partir de ese momento usó los recursos literarios, como él mismo dijo, “dejando que la historia se cuele por las ventanas” y volviéndose un escritor políticamente comprometido.

Montes-Bradley toma a Cortázar sin barba, así lo dice el título de su libro que está a punto de salir en la tercera re edición, por Suedamericana. Ese rasgo de la fisonomía del escritor llega a partir de la frase “París bien vale una máscara”. Recuerda que “Se pusieron de moda las barbas en América Latina, al igual que en Berkeley, sólo que tomaron otro color. Hace unos años escribí un trabajo que se llamaba Con la pelvis de Elvis y la cara de Guevara, era una comparación entre el movimiento pop musical de los Estados Unidos y el movimiento pop político. Nosotros no nos podemos permitir el lujo o de tener una cultura pop que no sea política, el placer por el goce mismo no está permitido en una sociedad tan pacata y cristiana. La barba es quizás uno de esos únicos puntos de coincidencia que la revolución pop latinoamericana tuvo con la revolución pop norteamericana. Pero muy distantes, porque uno es el desprendimiento del conservadorismo, como Allen Ginsberg, y el otro es la suscripción a una serie de valores muy estrictos, como la revolución cubana. Y, curiosamente siendo Cortázar un libertino, él suscribe todo eso. ¿Por qué lo hace? Es uno de los grandes enigmas.”cada vez se habla más de Cortázar y menos de su literatura, hasta que desaparezca.

El recorrido que Eduardo Montes-Bradley realizó por la vida y los textos de Cortázar hace que tenga muy ubicadas las contradicciones de su historia; las argumenta y no se abstiene de tomar posición al respecto. “Muchas de las cosas que se dicen sobre su vida no son ciertas. Lo del nacimiento accidental en Bruselas, es un ejemplo, y tampoco es cierto que el padre los abandonó. Fue la madre de Cortázar la que se inventó ese abandono”.

 

En sus análisis no falta ni la sagacidad ni la sátira para dar cuenta de qué está hecho un mito. “Para ser un mito en América Latina, en particular un mito argentino, hay que tener madre pero no padre. Por ejemplo, Gardel, Maradona, Evita y Cortázar, tienen madre pero el padre desapareció o no existe. Hay Madres y Abuelas de plaza de Mayo, no hay padres ni abuelos de Plaza de Mayo”, dice Eduardo Montes-Bradley.  Y agrega que “Es lo que de alguna manera también justifica el peronismo, el paternalismo, la figura del padre solapada”.

El apoyo de Cortázar a la revolución cubana fue acorde a los ideales y mitos que regían aquél momento. Pero, Montes-Bradley, coincide con los que opinan que esta incorporación a la aventura revolucionaria contó más como un gesto de simpatía que como un valiente y real compromiso. Por otra parte, agrega que este vuelco hace que “Cortázar pierda el tren entre los escritores latinoamericanos que perduran”.

…La gente ya no fuma como en esa época, esos lugares ya no existen. Rayuela ahora es ilegible.Eduardo-Montes Bradley está convencido de que hoy no hay adhesiones a Cortázar dentro de los escritores de su generación: “… nadie lo rescata y por eso cada vez se habla más de Cortázar y menos de su literatura, hasta que desaparezca.”, afirma. No duda en anunciar la desaparición de la obra de Cortázar porque, en su opinión, la escritura no alcanza a trascender verdaderamente al escritor; incluyendo en este vaticinio, a los maravillosos cuentos que Cortázar dejó como legado, ya que asegura que “eso es lo mejor que tiene, pero no pueden volver a leerse”.

cortazar-sin-barbaEl examen, La banda y los cuentos de Bestiario son los que Montes-Bradley destaca como sus preferidos dentro de la producción de Cortázar. “Todos los escritores argentinos deberían seguir escribiendo cuentos. Borges nunca tuvo que escribir una novela, no le hacía falta y las de Cortázar son absolutamente prescindibles, excepto como marcas de una época, como lo es Rayuela. Con esa novela se puede entender cómo percibía un argentino a París en 1962, como parte de un estudio antropológico. Pero no es un fenómeno literario, sino una sucesión infinita de marcas que ya no existen. La gente ya no fuma como en esa época, esos lugares ya no existen. Rayuela ahora es ilegible”.Rayuela, en cuanto a una novela desestructurada, es un mito porque eso ya había existido

Eduardo Montes-Bradley, reconoce que el poderío de Cortázar residió en el uso del lenguaje. Un ejemplo de ello es cuando Julio Cortázar deja de hablar como un intelectual enciclopedista de principio de siglo, suprime el usted y comienza hablar sin eses. A propósito de ello, nos comparte una anécdota de algo que ocurrió el día en que Cortázar murió: “Fueron muchos de sus amigos a la casa y un pícaro se llevó el casete de la grabadora del teléfono. Ese casete es genial porque detrás de  cada “habla Julio, deje su mensaje”, aparece la voz de distintos personajes que lo habían llamado. Por ejemplo, habla un intelectual francés y Cortázar le contestaba como un intelectual francés. Después llama un militante cubano y él le contesta como militante cubano. Después llamó alguien del sindicato de camioneros de la provincia de Santa Fe para hacerle un homenaje y él le contesta en esos términos. Cortázar encontró que el lenguaje cambia y se transforma en una estrategia de supervivencia. Cortázar está preocupado por sobrevivir él y se olvida de que su literatura es la que no lo va a sobrevivir.”

Lo fantástico en la literatura es contemporáneo para dos o tres generaciones de principios del siglo XX. El surgimiento de los temas de misterio, aviación y ciencia ficción fue una respuesta a la dura realidad victoriana, española o francesa y han sido una influencia para Cortázar. Pero el autor de Historias de cronopios y famas, también protagonizó una época donde se impulsó un fuerte movimiento de la lingüística, del estructuralismo y del deconstruccionismo, que sin duda estimularon los juegos de lenguaje, los neologismos y las homofonías que se encuentran en su obra. Pero a la hora de considerar su estilo,  Montes-Bradley lo pone en una perspectiva aún más amplia, notando que esos recursos literarios fueron ya usados anteriormente. Señala que Macedonio Fernández lo había hecho con más legitimidad y mayor espontaneidad, quizás por ser quien era y por la extracción de clase de dónde venía; y Rayuela, en cuanto a una novela desestructurada, es un mito porque eso ya había existido. 

Nosotros no escribiríamos o hoy tal como hablamos si no fuera porque Cortázar rompió con ciertas consignas.“Tristán Shandy, ya en el siglo XVII, había rechazado las convenciones narrativas. De pronto en la secuencia de la lectura de su novela hacía aparecer una página en blanco u otra que estaba escrita al revés. Creo que eso es más interesante y desestructurado que lo que hizo Cortázar, porque no tiene el atrevimiento de decir cómo leer la novela. En Rayuela están dadas las instrucciones para leerla. Desde el punto de vista lógico, ¿qué diferencia hay entre leer los capítulos 1,2,3,4 o leer el 9,7,12 y 11, si están ya indicados? Es una convención. Si nosotros sabemos que el 7 viene después del 9, es  lo mismo que saber que el 2 viene después del 1, entonces es una novela estructurada, no se está cambiando más que las convenciones”.

Pero, reconoce que Cortázar hace algo interesante que es imponer la decisión de escribir como hablamos. “Nosotros no escribiríamos o hoy tal como hablamos si no fuera porque Cortázar rompió con ciertas consignas”.

Pero las palabras no lo son todo. El cineasta necesita valerse de una imagen cuando el ensayo no es suficiente. “Para mí son importantes las imágenes, los sonidos, trato de transmitir algunas cosas en tres dimensiones”, afirma Montes-Bradley. Entonces, para pintar lo que no cambia con el cambio, condensa uno de los puntos más icónicos de la ciudad de París y la indiferencia que estampa el criterio selectivo que Cortázar tenía para referirse a la realidad. “Hay una imagen que tengo siempre presente: Cortázar parado en el Puente del Alma, en París, viendo pasar a dos cadáveres de unos argelinos, castrados, que eran militantes del movimiento de liberación nacional de Argelia protestando la invasión norteamericana en Vietnam. Cortázar jamás abrió la boca sobre estas cosas. Nunca dijo nada acerca de la resistencia argelina, ni sobre la represión francesa en el norte de África ni sobre la intervención de Francia en Vietnam. Su antiyanquismo era absolutamente conservador. Yo digo esto con énfasis y tengo esta imagen en mi cabeza pero no creo que Cortázar haya sabido esto”.

Las conclusiones sobre Julio Cortázar están establecidas sobre un exhaustivo trabajo de investigación que Montes-Bradley llevó a cabo con el total apoyo de Aurora Bernárdez, la primera mujer del autor de El final del juego. Reconoce que ella le brindo hospitalidad, fotografías, películas, habilitándole un acceso completo a todo el material disponible. Lo que el cineasta y escritor extrajo de estas fuentes quedó reflejado en el libro Cortázar sin barba, que escribió junto a Carlos Álvarez Garriga, y la película Cortázar, apuntes para un documental, que produjo en el 2007. Pero, “resultó que Aurora se sintió traicionada porque cree que transgredí lo que es literario. Ella está tratando de que se hable de la literatura de Cortázar pero no de él. Aurora hace lo imposible por salvarlo como escritor y, creo que si no fuera por ella ya nos hubiésemos olvidado de Cortázar, porque de su literatura ya no se habla más.”

Le comento que efectivamente, tratando de preparar este evento recordatorio de Cortázar, me había encontrado con varios escritores que reconocían que hacía tiempo ya no lo leían, pero a la vez no dejó de parecerme algo curioso que ya no les tentara la idea de volver a hacerlo. Creo que ciertos momentos de la obra de Cortázar podrían ser muy bien releídos para reencontrarnos con un elemento lúdico, con otra lógica que la razón, lo cual caería muy bien en medio de la cultura hiperrealista en la que vivimos. A lo que Montes-Bradley responde, “Seguramente. Pero eso se hace con Borges, por ejemplo. El lugar que ocupa Carlos Fuentes, Vargas Llosa y aún Isabel Allende, son los exponentes de la literatura latinoamericana que tienen el lugar que Cortázar no ocupó. El mito superó al escritor”