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Burn Out: ¿Ponerse las pilas?

Buenos Aires

Por Juan Vasen
Burn Out: ¿Ponerse las pilas? | Letra Urbana

Un fenómeno que afecta por igual a los niños y a los adultos.

¨Cuando uno se desliza sobre hielo quebradizo
la única salvación está en la velocidad
¨.

                                                                                     Milton

Bajo este nombre electromecánico se engloban formas de sufrimiento y agotamiento de quienes, desoyendo señales corporales de alarma, acceden a exigencias sociales superiores a sus posibilidades de respuesta. Ante el agotamiento la frase de aliento en español suele ser ponerse las pilas, lo contrario al Low Battery, en inglés.

Los chicos y jóvenes en las escuelas, y los adultos en sus trabajos corren con la lengua afuera intentando alcanzar objetivos superiores a sus fuerzas. Lo cual es algo diferente a un estímulo, a lo que puede significar el deseo, y queda entonces más cercano a una obligación agobiante.

A esas subjetividades aceleradas y exigidas se las califica con un término deshumanizado: burn out. Algo así como quemado y expulsado.

Como profesionales, docentes y padres esto nos plantea preguntas. En este artículo intento mostrar la escena actual y las diferentes perspectivas para encarar una respuesta.

Una escena de la publicidad:

                Se abre la puerta del consultorio y sale un adolescente muy serio seguido de quien parece un experimentado profesional. La madre del joven le pregunta, ansiosa, al psicólogo:

            -Y, ¿cómo anduvo ese test vocacional? ¿Qué tenemos, un futuro ingeniero como el padre?

            -Bueno, Ramiro después te va a contar.

            -¿Qué te debo?

            -Bueno del Test en sí son 600 pero ya que estaba le hice otras cosas…Había un tema ahí con el Superyó, ¿vos no notaste nada?

            -Nnno…

            -Bueno le arreglé eso son 400 más.  Después encontré unos miedos que no eran originales. Esos se los cambié y le puse los originales: el fracaso, la muerte … pero eso es barato, son 200 más.

            -Pero yo te los traje por el test nomás…

            —Si pero, si  te lo  doy así en un mes me lo traés de nuevo. Con esto hasta los 30 te olvidás. Además, calculá: se te rompe el Superyó, eso te termina rompiendo el Ello, al Yo le tenés que cambiar los objetivos, la personalidad. Termina haciendo catarsis por ahí. Vos hacéme caso a mí, llevátelo así. Y mira de vez en cuando la figura paterna que anda medio suelta…

Mientras se cierra el diálogo aparece en la pantalla la propaganda de un taller mecánico acompañada de la siguiente explicación:

                       ¨Por suerte los psicólogos no son como los mecánicos.¨

                       ¨Por suerte nuestros mecánicos no son como los mecánicos¨

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¿Seguro que no es así?

En un vasto estudio desarrollado sobre el funcionamiento de los subterráneos japoneses se pudo detectar que cada convoy demoraba un segundo más de lo imprescindible en cada estación por la conversación de las mujeres. La eficiencia llama a silencio. Trasladada al campo médico esta premura se suele expresar de este modo, “Prefiero que los pacientes no me hablen mucho, porque si me hablan mucho me confunden el diagnóstico”. Lo importante no es escuchar sino juntar elementos para clasificar. Tenemos entonces un problema con el tiempo y con nuestra idea de lo que es comprender y reparar subjetividades.Desde una perspectiva centrada en lo bió-genético y su abordaje técnico, que  desmenuza en funciones cada vez más sofisticadas nuestras aptitudes y debilidades, podríamos ilusionarnos con terapéuticas sofisticadas y de curso rápido.

Desde una perspectiva centrada en lo bió-genético y su abordaje técnico que desmenuza en funciones cada vez más sofisticadas nuestras aptitudes y debilidades podríamos ilusionarnos con terapéuticas sofisticadas y de curso rápido. Bastaría cambiar cual repuestos, unos miedos por otros, inflar al yo como si fuera un neumático pinchado o ponerle líquido refrigerante a un superyó recalentado para recuperar la funcionalidad. Por esta vía entonces se abre para psicólogos y psiquiatras la posibilidad de hacer carrera como mecánicos del alma corriendo el riesgo de atragantarnos de engranajes que pretenden ser visibilizados en neuroimágenes.

En cambio, contactar con lo frágil, demorarse en la comprensión de lo herido, acompañar la cicatrización de una piel psíquica lastimada requieren pausa, tiempo y alegría.

Tiempo es lo que nos falta

La época es una influencia fundamental, un contexto clave en la estructuración de nuestra contextura subjetiva. Lo social hoy incluye dispositivos productores de la subjetividad esperable: la del hijo, la del alumno, la del trabajador, la del consumidor sobre todas, y prácticas de subjetivación que ¨rompen los moldes¨ y abren a diversidades.

La aceleración de los ritmos de la vida urbana que marchan al compás de un marcapasos casi cocaínico, motorizado por la predominancia de los ciclos del capital financiero sobre el productivo genera angustia, desorientación y una nostalgia que idealiza el pasado y dificulta la comprensión del presente en padres y maestros y dificultades en los chicos. A veces tenemos la ilusión de que antes todo era más claro, bueno o malo, blanco o negro y que el piso no se movía bajo nuestros pies.

no es sólo una cuestión de aceleración, sino que la desorganización de la narrativa “genera un movimiento sin guía alguna, sin dirección, un zumbido indiferente a la aceleración”Pero no se trata sólo de aceleración, porque según el filósofo Byung- Chul Han, “la verdadera aceleración presupone un proceso con una dirección”.[1] En cambio, el debilitamiento de las dimensiones narrativas en la post modernidad [2] genera además un desequilibrio del cual se pretende escapar con velocidad, como si se tratara de hielo quebradizo.

Lo que se ha debilitado es esa intención narrativa y en lugar de abrir una pausa de escucha a nuestros personajes, la sociedad tiende a relanzarlos para que la vida no pierda el ritmo. Cállate y goza. Entonces no es sólo una cuestión de aceleración, sino que la desorganización de la narrativa “genera un movimiento sin guía alguna, sin dirección, un zumbido indiferente a la aceleración”. [3]

Lo que falta según este autor es “una experiencia de la duración”. Él destaca la dificultad promedio de demorarse, cercana al saboreo, bien diferente del fast food que engulle. Y afirma que es la experiencia de la duración y no el número de vivencias lo que hace que una vida sea plena.[4]

No alcanza con la pausa aun cuando ésta se hace necesaria, porque la aceleración conlleva un empobrecimiento semántico del mundo, debido en parte a la eliminación de los intervalos que se oponen a la instantaneidad. Sin intervalos que ordenen y articulen “no hay más que yuxtaposición o un caos de acontecimientos desarticulados y desorientados”.   Una sucesión de presentes atomizados que quedan vacíos de narratividad. Han afirma que los átomos de ese presente no desprenden aroma.

“Es un error suponer que la masa positiva de datos e información que hoy crece hasta lo monstruoso hace superflua la teoría que la alineación de datos suplanta los modelos. La teoría no puede ser suplantada por los datos”. [5] Toda teoría selecciona y construye sus datos que no son naturales, lo mismo que ocurre con cualquier narración que no es mera sumatoria o almacenamiento sino transcripción. A diferencia de un procesador de computadora al que le falta narratividad, los chicos en sus juegos arman escenas que tienen implícito un guionFreud que usó la metáfora de las capas sucesivas de la Roma antigua enterrada para representar la psique lo decía de este modo. “Por lo tanto lo esencialmente nuevo en mi teoría es la afirmación de que la memoria no es simple, sino que está dada de diversas maneras, está depositada en distintos tipos de signos”.[6]

La diferencia entre nuestra memoria y un archivo es que, dado que el cerebro de un niño gira sin cesar, tal como planteaba Peter Pan, en su movimiento puede hacer y deshacer y jugar con las representaciones del mundo que ha guardado. [7]

El drama de Funes el Memorioso según Silvia Bleichmar, es que no puede filtrar y los datos de su memoria se le abalanzan como trastos, sin diques, de manera permanente porque les falta la historia. Entonces como no puede olvidar tampoco puede ejercer esa selección, reconstrucción y filtrado que implica recordar.[8]

Una computadora puede acelerarse sin problemas, basta cambiar el procesador, porque no tiene ninguna estructura de sentido, ningún ritmo propio porque está reducida a la mera eficiencia funcional.Una experiencia es salir del propio perímetro, cambiar el ritmo y el aliento.

Es por eso que hacer una pausa es condición necesaria pero no suficiente para poder demorarse, en una época en que el disciplinamiento del hombre se forma de acuerdo al ritmo de las máquinas y las computadoras. Aparte de la estrategia de  pausa y demora frente a esta época de prisas, Han propone considerar la posibilidad de que el tiempo recupere su duración y su aroma. Pero, ¿cómo?

El trabajo psicoanalítico con chicos es un espacio donde este drama se escenifica y permite profundizar en la percepción y la sensibilidad. El aroma impregnado de imágenes y de historia da lugar a que “en las profundidades del Ser se abra un espacio en el que todas las cosas se aproximan y se comunican las unas con las otras”. [9]

El encuentro con un chico que sufre suele transcurrir en el reino de la ficción donde la construcción de metáforas es una via reggia de acceso a algunas verdades ligadas a la belleza, también al horror, a la duración y la intensidad, no sólo a la velocidad. Pese a ser filosofo Han formula poéticamente algo que se construye en el espacio amistoso de un análisis cuando dice que “Las metáforas son el aroma que desprenden las cosas cuando entablan amistad”. [10]

A diferencia de un procesador de computadora al que le falta narratividad, los chicos en sus juegos arman escenas que tienen implícito un guion que conduce a un final de juego; mientras que los juegos de computadora siempre tienen un estadio o una vida más que se sobrepone a la muerte del personaje. “El procesador no conoce ninguna narración por eso no es capaz de concluir”, agrega Han.

Es libre el que no se somete completamente a un sistema temporal. Se trata de hacerse disidente de la comercialización actual del tiempo.Los chicos de hoy tampoco. He ahí la causa de una de las dificultades más frecuentes a la hora de pretender que los chicos concluyan sus juegos de computadora para hacer otra cosa. Una clara muestra del impacto de una sociedad que ahora propone sujetividades dependientes -de objetos y prácticas-, y ya no obedientes del saber y poder de las figuras adultas, como antes.

Es en esas escenas de juego con los chicos, cuando la demora puede ser generadora semántica de experiencia, justamente de eso que nos sucede, nos compromete, nos trastorna y nos transforma. Una experiencia es salir del propio perímetro, cambiar el ritmo y el aliento. Más que una actividad que se desarrolla, se trata de una sensibilidad que se potencia. Pero para el filósofo alemán no todo es demora, para él “una vida sin acción está ciega; una vida sin contemplación, sin reflexión está vacía”.[11] Es que la demora aromática no sólo tiene por función detener, sino también re-lanzar.

No podemos sustraernos a lo social de la época, pero podemos evitar que nuestra subjetividad y la de los chicos que nos preocupan se convierta en un espacio unidimensional, de aceleración lineal hecho de neurotransmisores.

Consultado Rüdiger Safransky respecto a los márgenes de libertad que disponemos en cada época dijo: “Escribo mi crítica desde la libertad, es decir describo el sistema-tiempo, o sea el ritmo del tiempo que se halla en diversos ámbitos vitales y laborales, pero siempre con la perspectiva de qué pertenecemos en parte a esos sistemas y, por lo tanto, lo creamos o no, estamos sincronizados. Pero esto no es todo: estamos en el sistema pero siempre un poco alejados del sistema, en caso contrario no podríamos verlo como tal ni describirlo. Pero también somos asincrónicos. Y ese estar fuera es lo que intuimos en nosotros como el tiempo propio, el propio ritmo. El cuidado, la atención al tiempo propio forma parte de la experiencia de la libertad creadora. Es libre el que no se somete completamente a un sistema temporal. Se trata de hacerse disidente de la comercialización actual del tiempo. Del mismo modo que hay diversas verdades también hay diversas velocidades. Una vida es rica si participa de diversas velocidades”.[12]

Como adultos y como profesionales, como padres y maestros está en nuestras manos y es también nuestra responsabilidad, garantizar un margen de disidencia con una sujeción completa al guion temporal de cada época y un acceso a diferentes ritmos, temporalidades y nuevos sentidos que pongan paréntesis y pausa, que fomenten un relato matizado y aromatizado. No se trata sólo del impulso acelerado sino de que se posibilite la escucha, el sentimiento y el pensamiento, que nunca van en una sino en diversas velocidades.

El Burn Out surge cuando esa disidencia no se permite, cuando la carrera no tiene pausa para cambiar el aliento, y la meta es el éxito que nos encandila con sus luces. Escuchar es detenerse y supone aceptar esa demanda de existencia y también de disidencia que Pennac y Melvin formulan. Ellos piden ser considerados más allá de su funcionalidad como soldado o alumno. Más allá de la función que cumplen y de la neurobiología que está implicada en ese funcionamiento. Más allá de sus neuronas e imágenes cerebrales. Y así lo dice Melvin: ¨Quiero existir para usted. ¿Es pretensioso? Si lo es, lo siento. Es lo más auténtico que puedo decirle: Deseo existir para usted.¨

 

[1] Han,B.C: El aroma del tiempo. Herder. Bs. As 2015
[2] Considerada como la época de la caída de los grandes ( y pequeños diría yo) relatos
[3] Han,B.C: El Aroma del Tiempo. Buenos Aires. Herder. 2015
[4] Idem
[5]-Han,B.C: La Sociedad de la transparencia. . Buenos Aires. Herder. 2015
[6] Freud,S: Carta a Fliess. Obras Completas. Tomo 1. Amorrortu.Buenos Aires . 1978
[7] Bekinshtein, P: 100% Cerebro. Ediciones B. Buenos Aires. 2015
[8] Bleichmar, S: La fundación de lo inconsciente .Amorrortu. Buenos Aires. 1990
[9] Han, B.C. El aroma del Tiempo Op Cit
[10] Pennac, D: Mal de Escuela Random House -Barcelona 2008: -¿Qué o quién lo ayudó a usted?-En mi caso, cuatro profesores y mi primer amor. Todos ellos me dieron la sensación de existir, me permitieron creer que podía tener una existencia fuera de la identidad escolar. Esos profesores se dirigían a mí, por alguna razón vieron en mí algo que parecía interesarles. Y eso me salvó. No se preocupaban tanto por el desempeño escolar, y la paradoja es que gracias a eso mismo mi desempeño escolar mejoró mucho”
[11] Nothomb, A: Una forma de vida. Alfaguara, Barcelona . 2010
[12] Safransky,R: Sobre el Tiempo. Katz Editores. Madrid. 2013

Artículo por:

Juan Vasen

Juan Vasen
Buenos Aires. Médico,Psicoanalista y Especialista en Psiquiatría Infantil. Miembro fundador y actual Secretario General de “Forum Infancias” (ex ForumADD).Ex Jefe Resientes del Hospital Gutiérrez, Médico de planta del Hospital Tobar García. Cofundador y actual coordinador del Programa “Cuidar Cuidando”. Autor de vaios libros de su especialidad, entre ellos Fantasmas y Pastillas, La atención que no se presta ,Las Certezas Perdidas, El Mito del Niño Bipolar, Autismos: ¿espectro o diversidad? Familias, maestros y profesionales ante el desafío de repensar las etiquetas. 

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