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Alternativas frente a las tendencias individualistas y la biologización generalizada en nuestra cultura.

Buenos Aires

Por Carina Rodriguez Sciutto

Alternativas frente a las tendencias individualistas y la biologización generalizada en nuestra cultura. | Letra Urbana
Kristina Tripkovic

Los síntomas son productos sociales que inciden en distintas modalidades caso por caso, pero cada cultura tiene límites respecto a qué tipo de padecimiento son posibles.

Entrevistamos a Alfredo Eidelsztein, psicoanalista, quien viene siguiendo y estudiando rigurosamente algunas tendencias de la cultura contemporánea. Su trabajo agrega una perspectiva valiosa para entender algunas consecuencias de vivir en un mundo individualista, donde a la hora de pensar en los problemas humanos notamos que el padecimiento aparece cada vez más bajo la forma del dolor físico, anclado en el cuerpo, y se le atribuye una causa biológica. Alfredo Eidelsztein, cuenta con una trayectoria consistente como clínico, autor y docente. [1] Actualmente dicta un Seminario Internacional, donde en 2017 trabajó el tema “Ciencia y psicoanálisis” y ahora desarrolla “Lacan: la crítica a Freud desde el psicoanálisis”. Sus estudios e investigaciones le permiten sostener que hay una alternativa a la visión biologicista- individualista del sufrimiento humano y que cada uno de nosotros es incidido, tomado con mayor o menor pasión por las cosas que “se piensan”, que piensan por nosotros, en nosotros. Se supone que los psicoanalistas observan lo que pasa en la época. ¿Cómo podemos entender al sujeto de hoy? El término sujeto se utiliza frecuentemente como sinónimo de individuo, ciudadano y ser humano. Es el uso más universal del término, en el sentido de universal y antropológico. El psicoanálisis opera con una concepción del sujeto que no permite establecerlo en la actualidad. La pregunta de cómo podemos entender al sujeto hoy, supone compararlo con el de ayer, y es un procedimiento que en psicoanálisis no se realiza. No hay, desde la perspectiva del psicoanálisis, la posibilidad de establecer cómo son los adolescentes o el padre hoy o ayer. Eso correspondería a otras disciplinas como la antropología, la sociología e incluso la psicología, que sí es una disciplina fuertemente comparativa. La psicología es comparativa de los modelos de normalidad, ya que cree disponer de un modelo de padre normal, madre normal, niño normal, y compara a cada uno de los sujetos en función de ese modelo. En psicoanálisis se considera cada caso en forma particular y se procede a su operación mediante el establecimiento de la historia y la estructura.[destacado class="qright"]La psicología es comparativa de los modelos de normalidad, ya que cree disponer de un modelo de padre normal, madre normal, niño normal, y compara a cada uno de los sujetos en función de ese modelo. [/destacado] El asunto del que se trata en ese caso sería el sujeto, que no se compara con ningún otro caso porque el concepto de sujeto no corresponde al de individuo. En un caso determinado el tema que una persona trae, el sujeto que una persona trae a análisis, puede ser su relación de pareja, la relación con sus padres, la relación con los hijos, la relación con su jefe, entonces el tema ya no coincide con la persona que consulta, sino con el análisis de las relaciones que esa persona plantea desde su punto de vista y la interpretación del analista. Es importante establecer la diferencia entre los modelos teóricos de Freud y Lacan. El sujeto del psicoanálisis de Freud se caracterizaba por ser el individuo con propiedades absolutamente universales, sin límites de tiempo, ni de espacio. El hombre desde siempre es y será en la forma en que Freud la concibió, incluso para todo lugar del mundo. Para Lacan el psicoanálisis surge por una modificación introducida en el mundo occidental por la aparición de la ciencia moderna en torno al siglo XVII, fundamentalmente por los desarrollos de la física a partir de Newton, que establece para Lacan un modo de funcionamiento del sujeto, que Lacan llama “sujeto de la ciencia”. Lacan establece para el psicoanálisis coordenadas teóricas que en términos generales serían aplicables solamente a sujetos de Occidente, tal como se conciben a partir del surgimiento de la ciencia moderna. En la actualidad aparecen predominios de ciertas enfermedades en el área de salud mental como la ansiedad/angustia, depresión, ADHD, ataques de pánico, autismo, etc. ¿Cómo se explican esas tendencias? ¿Existe un condicionamiento social de la aparición de estos síntomas? ¿Existen nuevos síntomas determinados por una cultura o un momento dado histórico? Según el modelo teórico en que yo me baso, todo lo que sería aproximado a lo que en la pregunta aparece como “enfermedades”, prefiero usar el concepto de estructuras clínicas, efectivamente los consideramos como producto del funcionamiento y desarrollo de la cultura y de la sociedad. Esto me permite articular con la respuesta anterior ya que, si el sujeto es el sujeto de la ciencia, si tiene coordenadas témporo-espaciales; los padecimientos sobre los que tenemos que operar también tendrán coordenadas témporo-espaciales. Histeria, masoquismo, sadismo, efectivamente son planteados como problemas clínicos a partir del siglo XVII. Lo que se considera síntoma o padecimiento excesivo en una sociedad, corresponde a su estructura ideológica, política, religiosa, y económica, y diverge mucho en las épocas e incluso en las latitudes. Indudablemente los padeceres son productos sociales que inciden en distintas modalidades caso por caso, pero cada cultura tiene límites específicos respecto de qué tipo de padecimiento son posibles. Hay estudios que indican que hubo culturas donde no existió la esquizofrenia, ya que cuando aparecían casos que diagnosticaríamos así, se los tomaba como manifestaciones divinas, chamánicas o de brujerías; y así concebidas efectivamente funcionan distinto. [destacado class="qleft"]Valorizamos mucho más el dolor del cuerpo que otros dolores, lo que hace que los conflictos se manifiesten cada vez más como corporales.[/destacado]No puedo decir nada de las tendencias, salvo que me parece indudable que el padecimiento en Occidente cada vez más se manifiesta en forma individual y con padeceres corporales. Esa es una tendencia que atraviesa todos los cuadros clínicos, se sufre mucho más en forma individual mientras que antes se sufría grupal o colectivamente, y por otra parte al sufrimiento lo encontramos cada vez más como dolor físico. Estos padeceres anclados en el cuerpo biológico suelen tener un considerando social mucho más validado que los padeceres espirituales, morales, o abstractos. Valorizamos mucho más el dolor del cuerpo que otros dolores, lo que hace que los conflictos se manifiesten cada vez más como corporales. Hoy existe una tendencia a pensar una causa biológica para todo lo que le pasa al ser humano. ¿Cuál es su lectura sobre esto? ¿El psicoanálisis se mantiene al margen de estos criterios biologicistas? En psicoanálisis habría que distinguir entre los distintos modelos teóricos y las prácticas que realiza el conjunto de los psicoanalistas. Mi impresión es que en la sociedad occidental cada vez más se registra el padecer como padecer corporal, y la causa se la asocia insistentemente con problemas biológicos, neurocientíficos, genéticos, fisiológicos, hormonales. Internamente en psicoanálisis existe también una gran mayoría de colegas que suponen que la causa fundamental de los malestares proviene del cuerpo biológico. Todo Occidente está atravesado por una doble tendencia, a partir del surgimiento de la ciencia moderna, está regido indudablemente por lo abstracto, tanto a nivel de la ciencia en su formalismo matemático, como también en el uso de algoritmos para la realización de las más diversas tareas, Google, Facebook, Netflix, Yahoo, son algoritmos. Con lo cual la base real, del principal movimiento que caracteriza a la vida occidental es lo abstracto, y quizá como consecuencia la ideología que se fue desarrollando, es que la gente cree cada vez más en aquello que es visible y palpable, lo que podríamos llamar las sustancias tridimensionales. Se supone que algo existe, si es visible y palpable. Entiendo que la función social del psicoanálisis, su responsabilidad histórica es oponer a esta versión biologicista- individualista una visión que sostenga, por una parte, una noción de sujeto que sea distinta del individuo en la medida en que se establece entre varios, y por otra parte, que ese establecimiento entre varios no requiera realmente de la operación de los cuerpos biológicos. Como esto está tan poco pensado en la actualidad, voy a ofrecer algunos ejemplos. Alguien puede sufrir enormemente a causa de que siempre supo que su madre quiso un hijo, que no tuvo, de su primer novio. Para ese sujeto, el hermano que le ha quitado el privilegio a los ojos de la madre, es uno que nunca nació. A pesar de lo cual la madre siempre vivió con reminiscencias del novio con el cual no tuvo ese hijo que hubiese sido perfecto, por el amor que se tenían. En esta pareja el hijo que han tenido no es para nada como aquel que no existió tridimensionalmente pero que sí tiene una existencia contundente absoluta. Un ideal de una realización no satisfecha también puede doler y signar una vida en torno a un afecto de duelo doloroso, y es una idea incluso no realizada. Consideremos la depresión que puede causar la pérdida de un honor, de la patria, de la dignidad, de la sinceridad. Se supone que si algún neurocientífico leyese o escuchase esto que estoy afirmando diría que no hay problema, ya que el honor, la vergüenza, la dignidad, reposan y se originan en el cerebro. Si bien esta idea tiene hoy un consenso casi absoluto, se le podría oponer que hay algunas culturas que tienen el problema de la vergüenza, mientras que hay otras que carecen de ese problema. Hay sociedades de vergüenza y otras de culpa. Las sociedades en las cuales los psicoanalistas trabajamos se caracterizan por la culpa, pero no toda sociedad y cultura está marcada por la culpa como la occidental de proveniencia judío-cristiana. Los griegos antiguos carecían de culpa, lo cual se podría estudiar, no puede ser del cerebro porque no hay diferencias estructurales significativas entre el cerebro de los griegos de hace 500 años y nosotros. [destacado class="qright"]La idea de que uno piensa lleva inexorablemente a que es el cerebro de uno el que habilita ese pensamiento. Si uno lo reflexiona con cuidado, se verifica que las sociedades piensan, y que cada uno de nosotros es incidido, tomado, adherimos, con mayor o menor pasión a cosas que se piensan. [/destacado]La culpa proviene de la cultura. En este sentido es evidente la diferencia, por ejemplo, entre Japón y Argentina. Mi impresión es que es esa la función social del psicoanalista, en contrastar los argumentos, poder sostener en Occidente ideas claras y bien argumentadas de que el origen puede estar perfectamente en una estructuración ideativa, que ni siquiera hace falta que haya sido reflexionada en el cerebro de nadie. Hay cosas que se piensan, y se piensan con muchísima contundencia en grupos, clases sociales, países, provincias, que estrictamente hablando no surgieron en el cerebro de nadie. Me gusta para estos problemas también ofertar otro ejemplo que puede servir para introducirse en la diferencia y es algo que yo denomino los descubrimientos simultáneos. Si uno revisa la historia de la ciencia, dónde la mayor parte de los grandes descubrimientos están asignados a un científico, se termina descubriendo que una cantidad enorme de los más importantes descubrimientos de la ciencia y de la tecnología de los últimos siglos fue realizada simultáneamente por dos, tres, cuatro o cinco; tengo casos de seis y hasta siete científicos, que en distintos países y en distintas lenguas, arribaron en la misma época, en el mismo año, al mismo descubrimiento. Hay que admitir que en esa sociedad científica se venía planteando el problema, no que se creó en el cerebro de los científicos, y que estaban adviniendo soluciones de tal manera que varios pudieron simultáneamente tomar de eso que se venía planteando para brindar la solución. La idea de que uno piensa lleva inexorablemente a que es el cerebro de uno el que habilita ese pensamiento. Si uno lo reflexiona con cuidado, se verifica que las sociedades piensan, y que cada uno de nosotros es incidido, tomado, adherimos, con mayor o menor pasión a cosas que se piensan. Usted trabaja mucho con el concepto de inmixión de Otredad, de Lacan. ¿Podríamos relacionarlo con el problema del sujeto y esta cuestión de que no existen científicos que piensan en forma individual? Durante varios años Lacan propuso en su enseñanza la idea de que el sujeto con el que él opera, para analizar los casos y para concebir los problemas en psicoanálisis, es algo así como el conjunto articulado de la posición de varios individuos. En la lógica del psicoanálisis, cada caso sería de esa mezcla de individuos planteada desde un punto de vista. Por ejemplo, se podría pensar en muchos sentidos que gran parte del trabajo clínico en cada caso, es el análisis y resolución de los conflictos planteados en varias generaciones de una familia, desde la perspectiva de uno de sus miembros. Aunque sea planteado desde la perspectiva de uno de los miembros de una familia, no disminuye la potencia de afirmar que el conflicto es de la familia y de varias generaciones. En qué medida y cómo participan todos estos personajes en la estructura e historia del caso, he ahí la propuesta que ofrece Lacan con ese término inmixión. En español no existe, inmixing es en inglés, e indica ese tipo de mezcla de elementos tal que el resultado impide establecer qué es de uno y que es del otro. Para nosotros que somos tan biologicistas e individualistas en general en Occidente, creemos que la sociedad es un sistema de individuos, tal como Norbert Elías metaforizaba como si fuésemos bolas de billar chocando sobre la mesa. La propuesta de Lacan en torno a la lógica de inmixión de otredad sería algo así como el resultado de ponerle por equivocación un sobrecito de sal al café en el restaurante, que se arruinó por el motivo de que ya no se puede separar. Con lo cual, en cada caso, qué es de uno y qué es del otro es imposible de establecer porque cada caso es la conjunción de esos factores. Hay una gran diferencia teórica en las corrientes del psicoanálisis signadas por Freud y por Lacan. Para Freud el inconsciente es el resultado de impresiones internas de vivencias individuales, por eso genera la idea de algo interno que hay que poner o expresar en palabras. Para Lacan el inconsciente está estructurado como un lenguaje, esto es que los elementos son los términos de un lenguaje, y sus leyes las leyes del lenguaje. A partir de esto se habilita el trabajo sobre la inmixión de otredad ya que, si el inconsciente está estructurado como un lenguaje, la pregunta por lo individual, lo interno y lo biológico puede ser pensada tal como se lo haría con el lenguaje. Cada uno de nosotros respecto de su lengua materna, ¿la posee internamente o habita en ella como si ella lo entornase externamente? [destacado class="qright"]la función social del psicoanálisis, su responsabilidad histórica es oponer a la versión biologicista- individualista una que sostenga una noción de sujeto que sea distinta del individuo, en la medida en que se establece entre varios…[/destacado]Es evidente que esto es una mala forma de plantearlo, ya que la lengua materna es algo propio, aunque cambia, se renueva, permuta permanentemente sin que nosotros tengamos nada que ver y sin que nosotros lo creamos o lo podamos impedir. Se reproduce esta ambigüedad de sentir que el inconsciente es algo interno, que uno pone en palabras, cuando en realidad podría pensarse que uno en cada caso habita en una especie de universo que sería el inconsciente estructurado como un lenguaje y que eso nos habla. Planteado en términos de Lacan podríamos decir que el psicoanalista sería como un personaje disponible, dispuesto a sumergirse en ese universo planteado por cada caso, y que es capaz de interpretar lo que allí hay, sin que por eso tenga que adivinar lo que hay en el interior de nadie. Plantea que Freud tiene una idea específica sobre qué es el inconsciente y cómo existen eventos en el mundo material que producen efectos que quedan registrados allí. ¿Podría contarnos cómo es su propuesta de cómo entender la teoría del trauma y el concepto de inconsciente? El concepto de trauma es fundamental en el modelo teórico de Freud, que está basado en una fundamentación biológica. Para él se nace como tabula rasa, en blanco, y se empezarían a registrar internamente, en una cierta materialidad neuronal, los eventos que se empiezan a sufrir, a vivir, clasificados como vivencias satisfactorias e insatisfactorias. Los componentes de ese registro son el contenido, el de memoria del suceso X, el del suceso Y, del suceso Z, que Freud los llama representaciones, y como su modelo es biológico-neuronal, está acompañado por un monto de energía. La mecánica de este sistema es que estas energías se pueden desplazar de una representación a otra, y que pueden condensar varias en una. Ésas son las dos grandes leyes del inconsciente freudiano, condensación y desplazamiento, que remiten a la derivación de las cargas entre las representaciones. Sostiene además que la excitación no debe superar cierto nivel. Freud plantea que hay mecanismos que el cuerpo dispone para que esto sea preservado, a pesar de lo cual puede suceder que provenga del exterior un estímulo de una potencia notablemente elevada que genere una sobrecarga. Esa sobrecarga quedaría marcada como enormemente displacentera y para Freud en eso radicaría el trauma, representaciones de vivencias excesivamente cargadas que harían como núcleos en torno a los cuales las vidas de los seres humanos repetirían una y otra vez. Si uno revisa las coordenadas de lo que es traumático, en las sociedades empiezan a aparecer objeciones evidentes al planteo de Freud. Lo que puede ser traumático en forma absoluta para una sociedad, puede no serlo uno o dos siglos después. Apareció en el diario de hoy una estadística con estudiantes en Argentina, donde se hacen algunas preguntas que reflejan el estado de situación de la ideología en los jóvenes. La sorpresa es que más de la mitad respondió que si los motivos lo ameritaban, no les parecería mal una dictadura no democrática. A los que padecimos la feroz dictadura militar en Argentina, eso nos escandaliza. Lo cual demuestra claramente que lo traumático que puede ser una dictadura asesina, depende mucho del contexto social y cultural. Para muchos de mi generación puede ser tremendo, lo que para un joven de dos o tres generaciones después puede ser adecuado, pertinente e incluso conveniente. Otro ejemplo, si una mujer descubre que su marido es bígamo puede sufrir una tremenda crisis, pero si descubre que tiene siete mujeres y catorce hijos, seguramente caerá en un shock absoluto y sentirá que ya no entiende nada de nada, lo que será un trauma en su vida. Si uno toma un avión hoy, puede ir a una sociedad donde eso se practica como absoluta normalidad, incluso que puede ser muy bien visto. Lo que planteo es que lo traumático no corresponde al monto del estímulo, tal como es requerido por el modelo biológico de Freud. [destacado class="qleft"]Un evento en la historia puede tener muy poco impacto en el momento, y posteriormente cambiar el significado por el contexto en el que es leído, y ahí aparecer lo traumático.[/destacado]En el sistema de Lacan, como el inconsciente está estructurado como un lenguaje, en lugar de representaciones propone operar con significantes. Su definición de significante es que un significante en cuanto tal no significa nada; sólo significa en los contextos donde ocupe un lugar en relación con un conjunto de significantes. Con lo cual en vez de representaciones que son marcas de eventos (Freud), en el inconsciente para Lacan hay significantes de la lengua. Esto implica que no nacemos como tabula rasa ya que el lenguaje que habitamos nos preexiste. Por otra parte, en lugar de ser-energía o monto de afecto el concomitante, como era para Freud la representación; para Lacan es el significado. El significado de un término radica en una inmixión de valores de una historia particular, de una sociedad y una cultura. Con lo cual, si algo es traumático para un caso es porque el contexto lo establece como posible, y el contexto significa la ideología, la política, la cultura y el lenguaje. El contexto es los otros en el sentido de sociedad, la historia es la de esa cultura e ideología y lo que es el lenguaje, el propio que en esa sociedad se puede decir. Con el concepto de monto del afecto a Freud se le presenta un problema argumentativo. ¿Por qué en una guerra, en la trinchera, una vez que cae una bomba, se ven más afectados los que no están lastimados que los que sí están, y sufren más neurosis traumáticas los que están indemnes que los que salen heridos? ¿Por qué no hacen neurosis traumáticas todos los que salen indemnes? Otro ejemplo, ¿por qué de los catorce niños violados en una institución por un cura, uno se suicida y los otros trece no? Obviamente no corresponde al evento traumático ya que todos sufrieron la misma agresión física y moral, sino que en cada caso el contexto en que cada persona lo vivió en la inmixión de otredad en que estaba sumergida, en algunos casos era tolerable, y en otros no; se ve también que por social se entiende que está constituido por la familia. Con lo cual el trauma queda disuelto también como evento histórico en sí mismo. En Freud si hay trauma, hubo un hecho en la historia de la persona donde un suceso fue acompañado con una cantidad de energía desmedida. En el modelo de Lacan, incluso eso puede variar. Un evento en la historia puede tener muy poco impacto en el momento, y posteriormente cambiar el significado por el contexto en el que es leído, y ahí aparecer lo traumático. En psicoanálisis todavía tiene el mayor predicamento el modelo freudiano, con lo cual muchos psicoanalistas se abocan en las llamadas “neurosis traumáticas” a una búsqueda de hechos violentos en la infancia de esa persona, y muchas veces lo que se termina haciendo es inventar ese hecho para que el modelo teórico cierre y con resultado clínico nulo. Lacan plantea que la potencia traumática de un evento depende de la estructura del fantasma y no de ese evento en sí mismo, el fantasma se constituye en el campo del Otro. En su modelo teórico las cosas en sí mismas no dicen nada. Psicoanálisis y neurociencias. ¿Cuál es su opinión respecto a las teorías que están circulando como por ejemplo Mindfulness? Todas las teorías que hacen hincapié en las neurociencias son hoy las que tienen mayor predicamento. El paradigma más exitoso para pensar los problemas humanos hoy en Occidente es el modelo neurocientífico. Este modelo parte del axioma de que todo lo que sentimos, padecemos, pensamos, los seres humanos provienen de la actividad cerebral. Sostiene que sin cerebro no hay pensamiento, sensaciones o afectos. La primera deducción es que, si proviene del cerebro entonces la vida no sería tan distinta a la vida de cualquier mamífero, ya que todos tendrían una estructura cerebral parecida. Entre la rata, el chimpancé y el hombre la diferencia sería de cantidad, como si fuéramos desarrollos de sofisticación. Así se cree que hay lenguaje entre los animales, pero que el lenguaje humano sería solo más sofisticado y desarrollado, con más elementos. Es un paradigma notablemente exitoso. Por ejemplo, hoy apareció en el diario que existe el instinto maternal y paternal, que se operó en el cerebro de ratas y se verificó una zona donde la dopamina funciona de tal manera que machos y hembras por ese premio de dopamina, tienden a cuidar a sus crías. Entonces, los científicos concluyen que en los seres humanos sería lo mismo, criamos a nuestros niños porque nuestros cerebros, como el de las ratas, es premiado con dopamina. Colecciono artículos de diario donde las neurociencias explican cosas sorprendentes como demostrar que votar a partidos de derecha o de izquierda es algo producto de la genética. El biologicismo moderno y una mala concepción de la ciencia han hecho que autores importantísimos en Estados Unidos como Pinker, Willson y otros sostengan que estudios morales no deban ser practicados por las ciencias sociales, sino por la biología porque la moral es producto del cerebro. Yo sostengo que se verifica que las categorías de bien, de mal, de vergonzoso, de izquierda o derecha, de buen o mal padre son conceptos culturales, productos culturales. ¿Qué es una buena madre, qué es el instinto materno? Una buena madre en Esparta era la que preparaba a su hijo desde el nacimiento para la guerra y que esté dispuesto a morir por su ciudad. Los grandes líderes religiosos, políticos o sociales, ¿efectivamente ejercen su enorme influencia vivos? En Occidente, ¿Cristo influenció más cuando su cerebro tenía movimiento eléctrico o cuando dejó de tenerlo? Mahoma y Alá ¿están más vivos ahora o hace 700 años? Marx, Mao, Perón, Evita, ¿están vivos o muertos? Es difícil admitir que las cosas pasan por los cerebros; el nazismo, se originó en el cerebro de Adolfo Hitler, ¿o se cocinó a fuego lento en la sociedad y cultura alemana durante décadas? ¿Lo creó Hitler o él fue un elemento catalizador de un proceso social y cultural? Es interesante ver que hubo muchísimos movimientos socialistas en Europa en esos mismos años; el socialismo de Hitler fue un nacionalsocialismo, pero también estuvieron los socialismos comunistas. La idea de socialismo ¿de la cabeza de quién surgió? Para concluir, entrando más específicamente en la clínica psicoanalítica, muchos pacientes pueden estar atravesando situaciones de “soy una vergüenza”, “soy una porquería”, “soy feo”, “soy tonto”, incluso “soy inteligente”, “soy hermosa”. Lo más ingenuo de nuestra sociedad es pensar que él o ella piensan eso, con su cerebro, y que consecuentemente proviene de su interior. A veces, desde la posición de interlocución que da el dispositivo, social y cultural del psicoanálisis, alcanza con preguntar: “¿pero eso quién lo dice?”, “¿quién lo piensa o quién lo dijo?”, para verificar que fue otro, incluso otros, los que lo pensaron y o los que lo dijeron. Y la persona, que estaba convencida que lo pensaba ella misma, al consultarle correctamente descubre que no piensa eso. Incluso, y quizás puede ser el elemento más interesante, el que ella sea tan fea, más fea que su hermano, es algo que ella cree y sufre y ve en el espejo, pero consultada puede revelarse que eso proviene de la madre o el padre. Pero tampoco podemos caer en la ingenuidad que fue el cerebro de la madre, o el interior de la madre. Si uno va más allá puede llegar incluso a interrogar, ¿pero, su madre se lo dijo? -Ah… no, ella nunca lo dijo. Yo lo interpreté. ¿Y de dónde lo interpretó? - Lo interpreté por las miradas que ella compartía con mi padre cuando estábamos en la mesa con mi hermano. Con lo cual eso que ella piensa, que nunca pensó, y que fue atribuido a la madre, tampoco la madre necesariamente lo pensó, nunca lo dijo. Eso se construyó en un conjunto de supuestos, de miradas, de historias, en el seno de esa familia de cuatro, que a su vez participaba de una familia ampliada, de una clase social, de una ciudad; con lo cual eso se produjo en inmixión de otredad sin que necesariamente se le pueda atribuir, y quizás no convenga atribuírselo, a ningún cerebro. Se trata de hechos de discurso y los discursos no pueden ser reducidos ni a lo cerebral ni a lo genético de nadie. ¿Quién dice lo que dice, el que lo enuncia o el que lo interpreta? Allí está la cuestión.
[1] Es miembro de Apertura Sociedad Psicoanalítica. Es autor de El grafo del deseo; Modelos, esquemas y grafos en la enseñanza de Lacan; La pulsión respiratoria [col.]; Las estructuras clínicas a partir de Lacan [vol. I y II]; La topología en la clínica psicoanalítica y Otro Lacan. En imprenta (pronto a aparecer): El origen del sujeto en psicoanálisis. Varios de estos textos han sido traducidos al inglés, italiano y portugués. Ha escrito, además, alrededor de 200 artículos en revistas especializadas en psicoanálisis. Ejerció la docencia universitaria durante 30 años. Ha dictado cursos y seminarios de posgrado y doctorado en sociedades científicas y universidades de Argentina, Uruguay, Chile, Colombia, Brasil, Bolivia, México, Costa Rica y España.

Artículo por:

Carina Rodriguez Sciutto

Carina Rodriguez Sciutto
Psicoanalista. Graduada en Psicología en la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Licensed Mental Health Counselor en el estado de Florida (USA), donde trabaja en práctica privada y en la difusión del psicoanálisis. Carina trabajó como psicoanalista clínica en São Paulo, Brasil (2009-2016), donde dictó cursos, organizó conferencias y participó como miembro en diversas agrupaciones de psicoanálisis. Actualmente es miembro de Apertura Sociedad de Psicoanálisis (Buenos Aires) y NAAP (N.Y.). 

4 comentarios

  • Mariana says:

    Muy buena entrevista! Con respecto al nazismo, Alfredo recomendó en una presentación de Apertura la película “La cinta blanca”. Muy buena película para ver cómo se fue gestando el nazismo en la sociedad. Recomiendo.

  • Renato de Freitas Nunes says:

    Muito interessante a entrevista. Acredito que o Alfredo é hoje o grande transmissor da teoria de Lacan. Mais que isso, Alfredo nos desperta para uma posição ativa frente a obra de Lacan.

  • Tony J. Lafont says:

    Alfredo es el Maradona del psicoanálisis.

  • Eduardo Coli says:

    La palabra puede no pertenecernos, en tal sentido siniestramente no obedecernos, pese a que actué y se manifieste por medio y a través de nuestro cuerpo, y pensados creídos pensamientos, sentimientos. Es doloroso y torturante esto cuando nos damos cuenta, que otros seres por medio de la palabra están usurpando y saqueando nuestras vidas. Cuando ella no se corresponde ni responde a nuestra vida y a nuestro mundo, pero lo que no se rinden, y se dan cuenta de lo dramático de esto, y se resisten a ser meros y simple difusores como voceros de otras voces, pueden llegar a hacerse de ella, de su fuerza y poder.
    En tanto la palabra como medio, vehículo, envase, piénsese en los libros, puede traernos el ser y la vida de otros a nuestro ser y vida, en tanto que nosotros, o algo original de nuestra experiencia, puede ir, viajar, trasladarse, desplazarse al ser y la vida de otro, a veces sin su consentimiento, ni permiso. Siendo la palabra en tal sentido, el medio transcendental por el que fugan escapan, como inmortalizándose, de alguna manera, las intenciones de los otros, que hacen carne y habita, como hospedaje de espíritus siniestros, en nuestro cuerpo y mente.

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