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Abuso sexual y maltrato infantil

Bogotá

Por Astrid Álvarez de La Roche
Abuso sexual y maltrato infantil | Letra Urbana

La intervención en asuntos de maltrato y abuso necesita de elementos legales y de sanción para marcar una clara posición de parte de la sociedad en general. Sin embargo, la posibilidad de cortar con el círculo de repetición inconsciente que alcanza en ocasiones a ser transmitido de generación en generación, depende de un cambio de posición subjetiva radical. Lo anterior no es sin un trabajo particular: aquel que considera el lenguaje como herramienta que permite una elaboración, pero a la vez comporta el riesgo de eternizar la posición de objeto que la víctima ha ocupado para el Otro-abusador. Por eso, es un trabajo de detalle, de cada sujeto. Lo anterior constituye el centro de la perspectiva que orienta nuestra labor, y que encontramos en la obra de teatro "Luna", de reciente estreno.

En el contexto nacional, en que se incrementan las denuncias y casos de abuso infantil en sus diferentes modalidades, así como las tasas de violencia intrafamiliar, encontramos una producción cultural colombiana presentada con una institución que trabaja desde hace seis años con población infantil y juvenil cuyos derechos han sido vulnerados.

En el contexto nacional, en que se incrementan las denuncias y casos de abuso infantil en sus diferentes modalidades, así como las tasas de violencia intrafamiliar, encontramos una producción cultural colombiana presentada con una institución que trabaja desde hace seis años con población infantil y juvenil cuyos derechos han sido vulnerados.                        La puesta en escena de la obra de teatro La Luna, además de permitir recaudar recursos para el funcionamiento de la institución, ofrece a los asistentes elementos claros para reflexionar y actuar respecto al problema del abuso sexual infantil, al transmitir de manera creativa y artística, aspectos concretos, con perspectiva ética clara, y un rico simbolismo e interpretación.  ¿Qué aprendemos a través de Luna?  Entre varios elementos, destaco los siguientes:  1. Que el evento traumático no muestra sus más fuertes consecuencias en lo inmediato. Es en virtud del recuerdo, con efecto retroactivo, que el niño sufre los resultados particulares de la experiencia.  2. Cada persona, de acuerdo a su historia y las herramientas psíquicas, emocionales y sociales con las que cuenta, puede construir una manera de elaborar, superar, eso horroroso que le ha ocurrido.  Que el evento traumático no muestra sus más fuertes consecuencias en lo inmediato. Es en virtud del recuerdo, con efecto retroactivo, que el niño sufre los resultados particulares de la experiencia.    3. En esta elaboración es fundamental el recurso simbólico, aquel que provee el lenguaje, que son símbolos, elementos con los que la persona construye su realidad, las realidades en las que habita. Es con lo simbólico que el niño imagina, juega, se re-crea, cubre el dolor que le traen ciertas experiencias vitales grabadas. Lo simbólico es hermano del sueño, de aquella escena que el soñante edifica, y en la que deseos y angustias, posibles e imposibles, se toman la vida, se hacen una vida.  4. La obra, que en sí misma tiene estructura de ficción, de mito, de sueño-realidad nos acerca un elemento clave: El Oso. Se trata del amigo imaginario, lo más íntimo de la protagonista, y al mismo tiempo lo más ajeno.    ¿En qué sentido es importante el Oso? Es el centro de aquello que mueve a la joven, que en-causa su deseo vital, que suple en cierto modo la función de lo que se esperaría de un adulto (padre, madre, tutor, etc.).  El Oso hace reaccionar a Luna para que desdramatice lo que siempre le impidió crecer, y que repetía de manera inconsciente en las malas experiencias que ella misma reproducía, bien fuera en sus pesadillas y miedos, en su tartamudeo, o en los desordenes de su vida ya de adulta. El Oso (que justamente es eficaz por no serlo, "no es un oso") da la pauta para que la joven "suelte" el elemento que la pone en el lugar virtual del agresor (la pistola), mientras que ella se da otra oportunidad, no ya como "víctima de", sino como responsable de la existencia que tiene frente a sí, lo que paradójicamente la alivia, le permite perdonar, crecer.  En este sentido, el Oso como "buen símbolo" (distinto a lo que implicaban las órdenes, imperativos, juegos y engaños de los abusadores), permite la ruptura del ciclo inconsciente de sufrimiento en que el sujeto-niño se encuentra inmerso, dando paso a condiciones dignas y renovadas de existencia, en donde un exceso ha sido extraído.  En nuestro trabajo diario constatamos que aquellos niños con dificultades en su comportamiento, afectivas o de pensamiento, que han experimentado una situación de maltrato/abuso, sufren justamente de una alteración asociada al recurso simbólico, que no es déficit.  Por eso, una parte esencial de nuestro trabajo se centra en enriquecer y hacer más precisa la capacidad para jugar, para soñar, para usar el lenguaje como medio de crear un mundo mejor, menos "animal", menos "autista".  Se trata de que cada niño pueda enriquecer y relanzar su proyecto vital, en medio de parámetros de cuidado y respeto hacia sí mismo y los que lo rodean, entre otros elementos, que implican una perspectiva especial acerca de lo simbólico en la estructuración del psiquismo.  Los niños que acogemos en la Asociación Hogar Niños por un Nuevo Planeta cuentan con recursos físicos y humanos especiales. Con esto, ofrecemos a cada niño, de acuerdo al caso particular, elementos para superar y responder a los retos de la vida diaria.  Así, cada niño puede hacerse un ciudadano comprometido con su ruta de vida personal, luego de la dura experiencia de haber caído como objeto para Otro-abusador.  En nuestro trabajo diario constatamos que aquellos niños con dificultades en su comportamiento, afectivas o de pensamiento, que han experimentado una situación de maltrato/abuso, sufren justamente de una alteración asociada al recurso simbólico, que no es déficit. Por eso, una parte esencial de nuestro trabajo se centra en enriquecer y hacer más precisa la capacidad para jugar, para soñar, para usar el lenguaje como medio de crear un mundo mejor, menos "animal", menos "autista".    El psicoanálisis lacaniano ofrece una orientación clara en el diseño e implementación de intervenciones en casos de abuso y maltrato, en la infancia y contextos familiares. Considerando el evento, introduce la dimensión subjetiva en el sentido del efecto que dicha experiencia ha tenido para cada quien.  Sin culpar, encuentra modos en que cada individuo puede darse cuenta acerca de las  circunstancias en que ha sido víctima de Otro-abusador, con lo que cada quien construye modos de prevenir y resolver lo producido allí.  En esta línea, si bien lo simbólico permite la elaboración, se entiende la necesidad de limitar su multiplicación, dado que en nombre de significantes vemos aparecer ciertos mandatos que dan ocasión a grave sufrimiento en repetición. Por eso la importancia de develar, en cada quién, cuáles son los significantes que determinan sus alegrías y tristezas, en fomento de una ética subjetiva particular.  Se trata de un trabajo de humanización y dignificación constante, ético y responsable, que devuelve derechos y oportunidades vulneradas.

La puesta en escena de la obra de teatro La Luna, además de permitir recaudar recursos para el funcionamiento de la institución, ofrece a los asistentes elementos claros para reflexionar y actuar respecto al problema del abuso sexual infantil, al transmitir de manera creativa y artística, aspectos concretos, con perspectiva ética clara, y un rico simbolismo e interpretación.

¿Qué aprendemos a través de Luna?

Entre varios elementos, destaco los siguientes:

1. Que el evento traumático no muestra sus más fuertes consecuencias en lo inmediato. Es en virtud del recuerdo, con efecto retroactivo, que el niño sufre los resultados particulares de la experiencia.

2. Cada persona, de acuerdo a su historia y las herramientas psíquicas, emocionales y sociales con las que cuenta, puede construir una manera de elaborar, superar, eso horroroso que le ha ocurrido.

Que el evento traumático no muestra sus más fuertes consecuencias en lo inmediato. Es en virtud del recuerdo, con efecto retroactivo, que el niño sufre los resultados particulares de la experiencia.

3. En esta elaboración es fundamental el recurso simbólico, aquel que provee el lenguaje, que son símbolos, elementos con los que la persona construye su realidad, las realidades en las que habita. Es con lo simbólico que el niño imagina, juega, se re-crea, cubre el dolor que le traen ciertas experiencias vitales grabadas. Lo simbólico es hermano del sueño, de aquella escena que el soñante edifica, y en la que deseos y angustias, posibles e imposibles, se toman la vida, se hacen una vida.

4. La obra, que en sí misma tiene estructura de ficción, de mito, de sueño-realidad nos acerca un elemento clave: El Oso. Se trata del amigo imaginario, lo más íntimo de la protagonista, y al mismo tiempo lo más ajeno. ¿En qué sentido es importante el Oso? Es el centro de aquello que mueve a la joven, que en-causa su deseo vital, que suple en cierto modo la función de lo que se esperaría de un adulto (padre, madre, tutor, etc.).

El Oso hace reaccionar a Luna para que desdramatice lo que siempre le impidió crecer, y que repetía de manera inconsciente en las malas experiencias que ella misma reproducía, bien fuera en sus pesadillas y miedos, en su tartamudeo, o en los desordenes de su vida ya de adulta. El Oso (que justamente es eficaz por no serlo, “no es un oso”) da la pauta para que la joven “suelte” el elemento que la pone en el lugar virtual del agresor (la pistola), mientras que ella se da otra oportunidad, no ya como “víctima de”, sino como responsable de la existencia que tiene frente a sí, lo que paradójicamente la alivia, le permite perdonar, crecer. En este sentido, el Oso como “buen símbolo” (distinto a lo que implicaban las órdenes, imperativos, juegos y engaños de los abusadores), permite la ruptura del ciclo inconsciente de sufrimiento en que el sujeto-niño se encuentra inmerso, dando paso a condiciones dignas y renovadas de existencia, en donde un exceso ha sido extraído.

En nuestro trabajo diario constatamos que aquellos niños con dificultades en su comportamiento, afectivas o de pensamiento, que han experimentado una situación de maltrato/abuso, sufren justamente de una alteración asociada al recurso simbólico, que no es déficit.

Por eso, una parte esencial de nuestro trabajo se centra en enriquecer y hacer más precisa la capacidad para jugar, para soñar, para usar el lenguaje como medio de crear un mundo mejor, menos “animal”, menos “autista”.

Se trata de que cada niño pueda enriquecer y relanzar su proyecto vital, en medio de parámetros de cuidado y respeto hacia sí mismo y los que lo rodean, entre otros elementos, que implican una perspectiva especial acerca de lo simbólico en la estructuración del psiquismo.

Los niños que acogemos en la Asociación Hogar Niños por un Nuevo Planeta cuentan con recursos físicos y humanos especiales. Con esto, ofrecemos a cada niño, de acuerdo al caso particular, elementos para superar y responder a los retos de la vida diaria.

Así, cada niño puede hacerse un ciudadano comprometido con su ruta de vida personal, luego de la dura experiencia de haber caído como objeto para Otro-abusador.

En nuestro trabajo diario constatamos que aquellos niños con dificultades en su comportamiento, afectivas o de pensamiento, que han experimentado una situación de maltrato/abuso, sufren justamente de una alteración asociada al recurso simbólico, que no es déficit. Por eso, una parte esencial de nuestro trabajo se centra en enriquecer y hacer más precisa la capacidad para jugar, para soñar, para usar el lenguaje como medio de crear un mundo mejor, menos “animal”, menos “autista”.

El psicoanálisis lacaniano ofrece una orientación clara en el diseño e implementación de intervenciones en casos de abuso y maltrato, en la infancia y contextos familiares. Considerando el evento, introduce la dimensión subjetiva en el sentido del efecto que dicha experiencia ha tenido para cada quien. Sin culpar, encuentra modos en que cada individuo puede darse cuenta acerca de las circunstancias en que ha sido víctima de Otro-abusador, con lo que cada quien construye modos de prevenir y resolver lo producido allí. En esta línea, si bien lo simbólico permite la elaboración, se entiende la necesidad de limitar su multiplicación, dado que en nombre de significantes vemos aparecer ciertos mandatos que dan ocasión a grave sufrimiento en repetición. Por eso la importancia de develar, en cada quién, cuáles son los significantes que determinan sus alegrías y tristezas, en fomento de una ética subjetiva particular.

Se trata de un trabajo de humanización y dignificación constante, ético y responsable, que devuelve derechos y oportunidades vulneradas.

Artículo por:

Astrid Álvarez de La Roche

Psicologa, Analista, Bogota. 

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