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A la sombra de los grandes: Mujeres en el arte

Miami

Por Batia Cohen

A la sombra de los grandes: Mujeres en el arte | Letra Urbana
Shakuntala - Camille Claudel

Amantes y musas, drama y tragedia: Artemisa Gentileschi, Camille Claudel, Frida Kahlo, Gabriele Münter, Françoise Gilot, Lee Krasner y otras tantas, recién reciben reconocimiento.

Mucho se ha escrito sobre la discriminación de la mujer, de la falta de mención de las grandes artistas en la historia del arte. Innumerables páginas se han llenado de argumentos con nombres de artistas mujeres. Algunas, en su tiempo, tuvieron algún prestigio y otras se van desenterrando de dentro de los anales de la historia. Las más contemporáneas se matan a codazos para llegar a la meta de la fama y el reconocimiento.

Pensemos en Artemisia Gentileschi (1593– c.1656), quien fue la primera mujer aceptada en la prestigiosa Accademia di Arte del Disegno en Florencia, y que sus clientes fueron destacados miembros de la sociedad en esa época. Su obra queda oscurecida a través del velo de los eventos que sucedieron en su vida. Al profundizar en su biografía resalta el terrible evento de su violación. El público conoce más el drama de los acontecimientos que subsiguieron, mucho más que sus composiciones pictóricas. Aunque no podemos generalizar, esto mismo sucede en varios casos; se explotan los acontecimientos catastróficos que la mujer artista ha sufrido y se estudian mucho menos las características que la hacen una gran artista. Los cuadros de Artemisia son el epítome de la fuerza del chiaroscuro que había sido desarrollado por Caravaggio. La energía en sus cuadros, creada por la iluminación focal, nos muestra escenas alegóricas dentro de una composición teatral y dinámica. Sus temas abarcan mitología y religión, y en muchos casos se centran en eventos violentos. Esto mismo ha producido estudios que relacionan sus composiciones con el hecho de que en su temprana juventud fue sexualmente violada; escenas como la de Judit, la heroína que decapita a Holofernes, o Salomé con la cabeza de San Juan Bautista son mencionadas como respuesta a sus traumas sexuales. Y aunque Artemisia fue reconocida en su tiempo como gran pintora, su posición como mujer artista la hizo seguir a su padre Orazio quien tenía una carrera renombrada como pintor en la corte de Carlos I de Inglaterra. En los años 1970’s, con el auge del movimiento feminista, Artemisia fue usada como pancarta propagandista y analizando la cuestión de mujeres artistas, subsiguieron artículos y estudios dedicados a mujeres artistas como Gentileschi.Camile luchó por crear arte que fuera independiente de la influencia de Rodin, no obstante, durante su vida siempre fue relegada a ser la musa del gran escultor.

La explotación de la vida de mujeres artistas es clara cuando estudiamos la vida de Camille Claudel (1864-1943), de quien se han escrito numerosos artículos, novelas y se han producido películas que exaltan su sufrimiento, su locura y su relación con August Rodin. Sin embargo, dejan de lado su maestría, y su talento como escultora innovadora y revolucionaria. Sus piezas creadas a la sombra del gran maestro están llenas de energía y sensualidad. Hoy se estudian como piezas que entran en un diálogo con las de Rodin, como si unas fueran la respuesta de las otras. Rodin, entra en conversación con Claudel, un beso aquí, un abrazo allá, un retrato de uno es el espejo del otro. Rodin toma a Claudel como modelo e inspiración y sus obras cargadas de erotismo son mundialmente famosas; mientras que Claudel, plasma en obras como “Shakuntala” (1905) (conocida con otros nombres como “El Abandono” o “Vertumnus y Pomona”) o el “Waltz” (1905), su idealizada pasión por el escultor. Camile y Auguste en sus obras se vuelven uno, la sensualidad de la obra de ambos se desarrolla durante su idilio, ese amor pasional que explota, donde las curvas femeninas se mueven, se entrelazan, donde los cuerpos despiden sensualidad. Camille Claudel es la modelo del maestro, es su asistente, y se convierte en colaboradora del trabajo de Rodin.  Claudel encuentra el tiempo para trabajar en sus propias obras, esas esculturas íntimas que nos hablan de amores legendarios, de Shakuntala quien espera a su amante, de esta mujer que baila rítmicamente un vals, pero también esa dama desesperada que ruega, que se arrodilla ante la negación del amor (Edad Madura, 1898). Camille se convierte en la medusa atormentada, degollada por Perseo, es ella quien grita en agonía (1899, 1902). Sin embargo, Rodin, encumbrado como el precursor de la escultura moderna, opaca la obra intimista de Claudel, esas figuras de pequeña escala que nos muestran el otro lado del arte y la sociedad, el chismorreo de las mujeres en el baño (1897), la soledad de una mujer sola frente a la chimenea de su casa (Sueño de chimenea, 1899, 1905); esas son las imágenes autobiográficas de Camille que no logramos ver en Rodin, esa mujer que busca el calor del hogar, que pensativa se sienta frente al fuego, mientras la obra de Rodin se despliega de unas puertas que no dejan pasar a nadie, son las Puertas del infierno (1880), el portón sellado del que se derivan la mayoría de sus obras. Rodin, crea el famoso monumento a Balzac en su bata de casa (1891-97), intimando en el hogar del escritor, recreando el momento de creatividad genial del famoso autor, pero Rodin no se retrata a sí mismo, no es una introspección personal, mientras que la obra de Claudel hace referencias constantes a su vida, a sus pasiones, y a su sufrimiento. El recién inaugurado museo en Nogent-sur-Seine (2017) dedicado a la trayectoria de Claudel, finalmente hace justicia a su obra; esculturas como Aurora o el busto de Rodin se pueden apreciar en su totalidad. Camile luchó por crear arte que fuera independiente de la influencia de Rodin, no obstante, durante su vida siempre fue relegada a ser la musa del gran escultor que en forma tangencial también era escultora. Más de cien años han pasado desde la creación de Shakuntala y todavía hoy la mayoría del público no conoce esta obra de gran envergadura.

Es el dolor, la pasión, la infidelidad las que la hacen el centro de atención, su obra se vuelve el resultado de las circunstancias que vivieron.Las mujeres artistas se han relegado a ser compañeras, esposas y amantes de los grandes, siempre recibiendo las migajas del reconocimiento y la fama. Frida Kahlo, mientras vivió, fue la esposa de Diego Rivera, pintaba para sí misma, como terapia. Realizó alrededor de 55 autorretratos, André Breton la invitó a unirse al movimiento surrealista, Frida rechaza la oferta anunciando “yo no pinto sueños, pinto mi realidad”. De carácter fuerte, Kahlo invirtió su pasión desaforada en el muralista, llevándola a admirarlo por sobre todas las cosas. Las tórridas relaciones amorosas tanto de Diego como de Frida hacen que su idilio tenga las características perfectas para una película de Hollywood. El sufrimiento físico de Frida, sus múltiples operaciones a raíz de un accidente que sucedió en su juventud y su creatividad, hoy se reencuentran con el mercadeo. Frida Kahlo hoy ha vuelto a nacer, es la eterna estudiosa de su propio ser, pintora de su propio análisis psicológico, dibujante de sus miedos, sueños y pesadillas. Se pinta a sí misma al lado del gran Diego Rivera, le da la mano al maestro, en este retrato de pareja, él lleva la paleta y los pinceles, él es el artista, ella es la esposa, recién casada, ella ve a Rivera como el muralista que ya es famoso, Frida pinta en lienzos pequeños, volvemos al intimismo, a la introspección, a la Frida que hoy conocemos a través del morbo. Su imagen es reproducida por doquier, sus enigmáticas cejas, sus tradicionales trenzas y su vestimenta folclórica la hacen un icono fácilmente reconocible. Pero ¿qué hay de su obra? No se le puede reducir a un simple reflejo de su desconsuelo. Diego Rivera, era el maestro, a quien se le asignaban trabajos en los muros de edificios importantes, desde el Palacio Nacional en la ciudad de México, hasta el Rockefeller Center en Nueva York. Frida lo siguió a California, a Detroit y a Manhattan. Sin chistar, Kahlo era la esposa, la contraparte de Rivera y su arte personal era el resultado de su energía interna. Frida fue una mujer fuerte, que luchó por su independencia, que tuvo sus propios amoríos, que sus convicciones ideológicas y políticas la llevaron a apoyar (y muy probablemente ser la amante) a León Trotsky. Hoy ella es la internacionalmente conocida. Los murales de Diego no se pueden vender y solo se aprecian en las paredes de México, San Francisco y Detroit, la obra de Rivera raramente viaja, y en cuanto a los cuadros de Frida se han revalorado, se exhiben constantemente y se aclaman mundialmente.

Pero, es el escándalo en muchas ocasiones, lo que hace que estas mujeres grandiosas sean reconocidas, es el dolor, la pasión, la infidelidad las que la hacen el centro de atención, su obra se vuelve el resultado de las circunstancias que vivieron, pero no es justo que su obra se reduzca a lo anecdótico únicamente. Y aunque a veces la obra no deja de ser autobiográfica, la maestría lo sobrepasa; los colores, la línea, la composición y la técnica explora reinos escondidos detrás de las sombras. Estas artistas reducidas a ser consortes asomándose tras bambalinas, han sido disminuidas, enmarcadas dentro del ámbito de sus parejas que fueron más famosos. La obra de estas mujeres se ha considerado como el dialogo, el argumento y la plática como respuesta o residuo de la obra de sus compañeros.

Wassily Kandinsky, quien en 1910 hace la primera obra de arte puramente abstracta, encuentra a Gabriele Münter como discípula de su recién inaugurada escuela de arte, rápidamente Gabriele se convierte en su amante. Recorren juntos los Alpes y desde el primer verano de su relación amorosa Gabriele describe su aprendizaje bajo las instrucciones de su profesor: Wassily le enseña a usar la espátula en vez del pincel y a realizar un impasto expresivo el cual aplica con gran avidez. Münter pinta la campiña a la par de Kandinsky; se concentra en los colores brillantes y expresivos. Gabriele se deja llevar por Kandinsky quien la introduce al camino de la Teosofía, la comunicación universal intrínseca en el ser humano y le muestra como ésta puede ejercerse en el arte. Durante este periodo, espiritualismo y conocimiento van de la mano en la obra de ambos. El color se vuelve etéreo, las formas son comunicación universal, los conceptos humanos son la meta por alcanzar, para ellos el arte puede llegar a abrazar y transmitir las verdades absolutas de hombre. En sus cuadros buscan la naturaleza, la universalidad humana y el sexto sentido. La pareja admira el arte de los niños por su pureza anímica, se trata de recuperar las tradiciones tudescas, de tomar técnicas antiguas del folclore alemán como el pintar al reverso del vidrio semejando vitrales, o utilizar la tradición de los grabados en madera, sin dejar de explorar materiales nuevos como el linóleo. Kandinsky recurre a su pasado cuando trabajó en la región del Vologda, Münter se inspira en las artesanías locales de Bavaria. Wassily confía en Gabriel; la deja aconsejarle. Un día mientras Kandinsky trabajaba en un cuadro, después de horas pintando, de pronto pierde la inspiración, la creatividad del pintor cesa abruptamente, Kandinsky ya no puede seguir, y Münter le anima y le sugiere repetir una palabra, como un mantra, como una plegaria en donde el ritmo acompaña la calma, Kandinsky sigue las instrucciones de su amada, y de pronto una explosión de energía creativa surge, el cuadro relacionado con el caos del Diluvio estalla en color, en relaciones complejas de cacofonías diáfanas que contrastan con pigmentos densos, las líneas y curvas pertenecen a otro mundo, a otro tiempo y a otro espacio, la pintura se comunica con el alma, y finalmente, la composición genera sentimientos obtusos que no se pueden racionalizar.Gabriele es parte del grupo Blaue Reiter, de donde nace el expresionismo alemán, pero no es a ella a quien veneran, es a Wassily, a su maestro, a su amante.

Münter escoge el paisaje, los árboles, el cielo, una casa en medio de la blancura de una escena invernal. Kandinsky despega, se eleva hacia un espacio filosófico de sinestesia; los colores, los sonidos, la música y las formas se confunden en su obra, el amarillo con la trompeta y utiliza el negro para cerrar la composición musical. Münter pinta su entorno; su hogar, las plantas que le rodean, y el firmamento al cual vuelve suyo y personal. Kandinsky y Münter viajan juntos a Túnez, sus obras son casi idénticas. Se colocan en una esquina de una callejuela de paredes blancas, donde la luz está marcada de forma concisa, las sombras diagonales son el indicio de la hora del día, los caballetes están colocados en el mismo ángulo, la perspectiva adquiere la misma intensidad en los lienzos de los dos artistas, y aparece la luz extrema del Mediterráneo, impuesta frente a nuestros ojos. Sin embargo, Gabriele la vuelve personal: incluye dos figuras humanas, mientras que Kandinsky plasma el espacio concentrándose en las sombras crudas sobre la pared. En la obra de Wassily, el color toma el liderazgo, la línea se vuelve independiente y el dibujo se vuelve accesorio del color y Gabriele sigue pintando paisajes con una fuerza abrasadora. Durante los años que Münter y Kandinsky conviven, los dos pintan con el mismo brío, los pigmentos lucen autóctonos, la viscosidad de los óleos se convierten en relieves táctiles. Queremos tocar la obra de ambos, la espátula marca horizontales y verticales que sobresalen dando relieve al lienzo. En los cuadros de la pareja, los árboles parecen danzar en un sitio idílico donde el color estilo fauvista predomina sobre la forma, Münter y Kandinsky pintan en coro, al unísono. En el pueblo de Murnau son uno, viven y pintan juntos, trabajan a la par. Su relación amorosa traspasa los límites bidimensionales de la pintura, palpitan en las pinceladas, en el color y en la energía apabullante de sus composiciones. En un autorretrato de 1908, Münter se presenta como pintora, en su mano lleva la paleta y los pinceles, sus ojos ven de frente con una mirada dulce pero inquisitiva, su cuerpo nos transmite su ansia de ser reconocida como artista, de no ser simplemente la amante de Kandinsky. Gabriele es parte del grupo Blaue Reiter, de donde nace el expresionismo alemán, pero no es a ella a quien veneran, es a Wassily, a su maestro, a su amante. Münter desdeña su propia obra, no le da la importancia que debería, un lienzo a medio pintar es reusado por Kandinsky, la obra de Gabriele queda como parte de la historia del lienzo, y solo cuando se excava, cuando se busca debajo de las capas de escombros, como si fuera parte de la arqueología donde salen a la luz culturas anteriores, es entonces cuando se encuentra: un estudio de rayos X de la obra de Kandinsky revela la obra anterior de Münter; el famoso Wassily sobre la casi desconocida Gabriele, la abstracción del uno borra el paisaje de la otra. Al final Kandinsky abandona a Gabriele, la historia se repite en estas parejas de artistas; la infidelidad y los innumerables amoríos son parte de la misma fórmula: el poder, el arte, la fama del hombre… el intimismo, el enfrentamiento con una realidad, la idealización de un amor tórrido y pasional pero que se convierte en muchas ocasiones en algo pasajero.

Gilot se trata de reinventar, pero para eso tiene que romper todas las barreras, no ser un apéndice de Pablo, ser ella misma, no seguir los pasos de nadie.Es imposible hablar de todas las grandes artistas en este artículo, mujeres que no han tenido la fortuna de tener la misma fama de sus compañeros, sin embargo, podemos mencionar a Sonya Delaunay que a la par de su esposo Robert fundó el movimiento artístico conocido como Orfismo, pero que, a pesar de su excelente colaboración y empuje, es más conocida por su aportación al diseño textil, lo cual la hace ser relegada al ámbito limitado de las artes aplicadas.

Podemos mencionar a Anni Albers que junto con su esposo Josef fue miembro de la Bauhaus. Sus diseños innovadores y transformadores dentro del arte, la arquitectura y el diseño industrial hoy se revalúan. Pero no olvidemos que en la misma escuela de la Bauhaus su acceso a diferentes departamentos estaba restringido y sólo podía participar en los talleres asignados a mujeres como era el de tejido. Su contribución al diseño industrial es inconmensurable dándole un giro radical, bajo su creatividad, el diseño textil se convirtió en parte integral de la expresión artística, valorando su funcionalidad dentro de un ámbito creativo y no puramente decorativo.

Nos preguntamos acerca de la obra de estas artistas y surge Françoise Gilot ¿Quién conoce su obra? ¿Por qué sabemos su nombre? Fue la amante, musa y madre de los hijos de Pablo Picasso. Pero, sus cuadros… ¿dónde están?, ¿qué estilo tienen? La joven artista, cuarenta años más joven que Picasso, solo podía ser su sombra. Gilot se hartó, se independizó, se reveló y Picasso no lo pudo tolerar. El genio la conoció casi al final de la segunda guerra mundial, cuando el mundo se hallaba en caos. El sesentón, reconocido artista, encontró el amor, no por primera, ni segunda vez… su amor a la vida renace con nuevas composiciones, con colores intensos y figuras que danzan. Su obra se vuelve fluida y ligera al comenzar su amorío con Françoise. Gilot le da dos hijos, Claude y Paloma, se vuelve madre, pero quiere ser reconocida como artista, se quiere deslindar del maestro, del encumbrado fundador del cubismo. Gilot se trata de reinventar, pero para eso tiene que romper todas las barreras, no ser un apéndice de Pablo, ser ella misma, no seguir los pasos de nadie. La vida familiar es complicada con el español y Françoise logra deshacerse de la cuerda que la ata a Picasso, se lleva a los niños y le da la estocada final al viejo toro cuando escribe sus experiencias con el andaluz. De Gilot, no se escucha más, unas pocas exhibiciones en galerías pequeñas, y es todo. El peso de Picasso es demasiado y su sombra es sólida e impenetrable. Françoise Gilot quedó para siempre rezagada en la esquina de los olvidados, como un capítulo en la vida del grande, como la mujer del maestro, la musa e inspiración temporal del genio, y la madre de dos de sus hijos.

El sensacionalismo es muchas veces el motor de la fama de estas mujeres artistas. Elaine Fried, más conocida como Elaine de Kooning (nunca usó su nombre de soltera para darse a conocer en el mundo del arte) retrató a sus contemporáneos; pintó a sus amigos y amantes cargados de una gran sexualidad. Elaine capta la esencia de la persona, sus cuadros no tratan de representar las facciones particulares en el rostro, sino el aura de lo que el protagonista es.  Su esposo Willem de Kooning es conocido por presentar a la mujer en forma grotesca y primitiva con una expresión cruda; en contrapartida, Elaine presenta una imagen de masculinidad que explota en el lienzo, los hombres retratados son presentados como ella misma los describe, como objetos sexuales, Elaine se revela en contra de convencionalismos artísticos y sociales. Al principio de los años ’60 Elaine de Kooning fue contratada para retratar al presidente de EU, John F. Kennedy, sin embargo, nunca llegó a tener la fama de su esposo.  Willem y Elaine tuvieron una relación con grandes altibajos, separados por largos espacios de tiempo, tuvieron épocas de reconciliación y de amistad. Luchan constantemente contra el alcoholismo; sus desamores e infidelidades los mantuvieron al margen uno del otro. Elaine logra separarse de la sombra de Willem, su obra es en principio una reacción a la de su marido, conocido por sus mujeres deformes, con grandes labios que provocan reacciones encontradas, pero ella finalmente encuentra su camino, cambia su estilo y su tema y pinta figuras que son ráfagas de dinamismo y color.No podemos decir que estas circunstancias surgen a causa del maltrato de esposos o amantes que opacan a sus parejas, o del mercado financiero que se vuelve injusto; son mas bien un resultado social, a raíz de una cultura instaurada hace siglos.

No podemos dejar del lado el tema del mercado, donde todavía hay mucho que recorrer. Las obras de los artistas varones alcanzan precios mucho más altos que los de sus contrapartes femeninas. En el 2006 una de las obras de las serie de Women de Willem de Kooning rompió el récord, la obra en cuestión alcanzó el precio de $135.5 millones USD, y después en el 2015 su cuadro Interchange se vendió por $300 millones USD, mientras que las obras de su esposa Elaine, no sobrepasan unos miles de dólares (en el 2012 el retrato de Aristodemos Kaldis se vendió por menos de $5,000 USD, y en el 2017 su obra Bull Abstraction se vendió por $56,000 USD). Lo mismo se puede hablar de Jackson Pollock y su esposa Lee Krasner. Las obras de ambos son parte del legado del Expresionismo Abstracto, movimiento artístico que revolucionó el desarrollo del arte mundialmente. En 1949 la revista “Life” publica un artículo donde nombran a Pollock como el artista vivo mas importante de Estados Unidos, lanzándolo al estrellato inmediatamente. Sin embargo, su muerte trágica en 1956 sella su lugar en el pedestal de la fama. Lee Krasner, sigue su carrera artística, constantemente reinventándose, creando estilos diferentes y nunca adhiriéndose a una sola fórmula de representación. Lee se destaca por esto pues a diferencia de la mayoría de los artistas contemporáneos quienes muchas veces inventan una técnica o forma de realizar imágenes y repiten la misma receta el resto de su vida, logrando así que su obra sea fácilmente reconocible y más comercial, ella está en constante búsqueda, no se detiene, elabora y se desenvuelve en cientos de formas.  Las obras de Krasner han ido subiendo de valor, pero al igual que otras mujeres artistas no llegan a tener los mismos precios que sus contrapartes. En el 2017 su obra Shattered Light de 1954, se subastó por $5,487,500 USD, pero comparada con la obra de Jackson Pollock Number 4, de 1951, no tiene proporción, pues esta última se vendió en el 2012 por $40. 4 millones USD.

Muchas parejas de artistas siguen luchando contra esta desigualdad, inclusive después de la muerte. No podemos decir que estas circunstancias surgen gracias al maltrato de esposos o amantes que opacan a sus parejas, o del mercado financiero que se vuelve injusto; es mas bien un resultado social, a raíz de una cultura instaurada hace siglos que apenas abre un pequeño agujero por donde se vislumbra la luz. Christo conocido por sus árboles, parajes, edificios e islas envueltas en telas de colores brillantes, firma desde el año 1994 como Christo y Jean Claude, promueve la colaboración de su mujer, la adula con ese gesto. Pero después de todo el conocido es él, Christo es nombrado y adulado por sus artilugios que cubren puentes, caminos, valles y hasta lagos. ¿Sabemos dónde empieza el trabajo de Christo y dónde se mezcla el de Jean Claude? El nombre de Jean Claude ahora aparece en todos lados, solo en forma retroactiva vemos el nombre de Jean Claude. El público aclama a Christo, lo reconoce y relega a Jean Claude a la tangente. Inclusive ella decía que se convirtió en artista por amor a Christo, y que, si él hubiese sido dentista, ella habría escogido también esa carrera. Su relación simbiótica fue el motor de su arte. Jean Claude murió en el 2009, pero su obra sigue viva a través de Christo quien sigue creando y en memoriam sigue firmando sus trabajos con el nombre de los dos.

Hoy revaluamos a estas mujeres artistas, las honramos, pero, aunque no lo queremos, aunque luchamos por la igualdad, ellas siguen estando un paso más atrás que sus parejas. Después de varias generaciones, después de lograr el sufragio, después del movimiento feminista, de los grandes logros para que todo se equitativo, de pelear por un ideal, del movimiento #MeToo, la sociedad misma no deja que ellas tengan el lugar que les corresponde en la historia y también en el mercado. Desgraciadamente todavía no podemos hablar de artistas en general y seguimos teniendo que nombrarlas “mujeres artistas” y ellas siguen limitadas a estar la sombra de los “grandes”.

 

Adendum: Mientras estoy terminando este artículo, las buenas noticias propulsan un nuevo empuje en cuanto a esta cuestión. La casa de subastas Sotheby’s ha nombrado como su representante para lanzar la venta de arte titulada “The Female Triumphant” en Nueva York, a Victoria Beckham, la famosa Spice Girl quien promocionará este importante evento dedicado a las artistas mujeres dentro del ámbito de los Grandes Maestros (29/01/2019). Con esto vemos como, en este mundo de cambios, de revaluación y de posibilidades, (que no deja de ser un mercado sujeto a la oferta y demanda) existe la oportunidad de igualdad.

Artículo por:

Batia Cohen

Batia Cohen
México-Miami. Diseñadora Gráfica. Historiadora del arte. Doctora experta en Estudios Mesoamericanos. Autora de Una amapola entre cactus.Ha escrito artículos en revistas especializadas e impartido cursos de arte prehispánico en Florida International University (FIU). Actualmente es profesora de arte en el instituto para adultos Osher (OLLI) en Miami. 

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