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A la escucha del malestar de los jóvenes

Lausanne

Por Patricia Gimenez
A la escucha del malestar de los jóvenes | Letra Urbana

¿Qué es lo que aqueja a la sociedad suiza en su sistema escolar? Un recorrido por algunos aspectos de la situación histórica y actual de ese país nos introducen a conocer cómo los niños que a una temprana edad no alcanzan a adaptarse al sistema educativo, quedan privados de las mejores opciones del futuro profesional. Una propuesta que ajusta para estos niños el método de Balance-Portafolio de Competencias, destaca cómo el reconocimiento de los recursos propios abre una nueva vía.

…en la escuela, el niño o el adolescente que no está dentro de la norma, (ya sea por “más” inteligente o por “menos” inteligente) tiene problemas. La noción de  inteligencia en tanto resultado de un test QI está muy presente en la sociedad suiza y tiene consecuencias sobre las posibilidades de aprendizajes a las que el niño tendrá acceso.

El “problema de los jóvenes” se encuentra en los titulares de los diarios suizos desde algunos años. En Suiza franco parlante el número de adolescentes que pide a gritos poder insertarse en el mercado laboral para no quedar “excluidos” del sistema aumenta cada año. Estos jóvenes se encuentran desmotivados y sin formación para hacer frente a las crecientes exigencias laborales; han vividos diferentes rupturas durante su escolaridad obligatoria y la sociedad no les ofrece soluciones.

El pacto de 1291 marca los orígenes de la Confederación Suiza. Es un acuerdo que tiene como objetivo fortalecerse ante el peligro externo y en el mismo cada quien conserva sus costumbres, acepta las que son diferentes, sin mezclarse. Este país está fundado bajo el respeto hacia los otros, en las leyes que lo garantizan, en la autonomía y el valor del trabajo. Esta estructura no parece dejar mucho espacio a la expresión de lo diferente, a la expresión del malestar, “las debilidades y el sufrimiento no se muestran”.

¿Qué lugar para la diferencia?

La historia de Suiza está marcada por la llegada de personas provenientes de diferentes continentes y países por variados motivos: el exilio, la guerra, el hambre, el deseo de progreso. Generaciones y generaciones de diversas culturas y religiones co-existen en el mismo suelo.

La modalidad que este país encontró para poder tratar con estas diferencias fue la de crear reglas muy claras a respetar que permitieran la “cohabitación”. Las leyes son las garantes de estas reglas de la misma manera que la educación.

Los criterios de evaluación incluyen por una parte, la manera en la cual el alumno aborda el trabajo escolar y, por otra, la manera en la cual respeta las reglas de vida en la escuela.

La expresión cotidiana y que los niños pronuncian fácilmente “j’ai le droit de…” (tengo derecho a…), marca claramente que en Suiza no se hace lo que no se debe hacer. Se respetan las reglas y en ese mismo sentido también es mal visto y sancionado lo que queda excluido de ellas.

Así, en la escuela, el niño o el adolescente que no está dentro de la norma, (ya sea por “más” inteligente o por “menos” inteligente) tiene problemas. La noción de inteligencia en tanto resultado de un test QI está muy presente en la sociedad suiza y tiene consecuencias sobre las posibilidades de aprendizajes a las que el niño tendrá acceso.

En este país la escolaridad obligatoria comprende 9 años de estudios y transcurre desde los 5 a los 15 años de edad. Durante este proceso está previsto un ciclo de orientación de 24 meses (entre los 10 y 11 años) para evaluar las capacidades y el potencial del alumno. De esta evaluación dependerá el futuro escolar y profesional de una persona.

La evaluación de las capacidades del niño durante el ciclo de transición define la vía secundaria a la cual tendrá acceso. Esta última, a su vez, determinará las posibilidades profesionales para el futuro.

En efecto, la vía “baccalauréat” posibilita el acceso a cualquier formación deseada, mientras que la vía “générale” solo a ciertas formaciones y estudios denominados de “aprendizaje”. Finalmente, la vía a “option” solamente da acceso a ciertos oficios. Aunque el sistema prevé “pasarelas” de una vía a la otra, en la práctica pocos alumnos tienen esta posibilidad.

La adolescencia constituye una etapa donde varios cambios a nivel psíquico y físico tienen lugar. Los adolescentes están en la búsqueda de ellos mismos, aún no están listos para decidir sobre su futuro profesional. Esta situación es aún más complicada para aquellos que vienen de culturas diferentes donde el proceso de la adolescencia implica también la construcción de la identidad cultural.

Al final del ciclo de transición, los maestros y el Consejo de clase evalúan: el grado de adquisición de los objetivos establecidos, los progresos realizados durante el curso, la capacidad de adaptarse a nuevas condiciones de aprendizaje, la actitud frente al trabajo escolar en general, los proyectos e intereses personales.

Los criterios de evaluación incluyen por una parte, la manera en la cual el alumno aborda el trabajo escolar y, por otra, la manera en la cual respeta las reglas de vida en la escuela.

A veces, tener malos resultados escolares no quiere decir que el alumno no es capaz de aprender sino que puede ser síntoma de otra cosa. En ciertos casos, la actitud del niño frente al trabajo escolar responde a reglas diferentes de las que se dictan en la escuela y el niño se encuentra prisionero entre dos discursos diferentes: el de los padres y el de los profesores.

Finalmente, en algunos casos, el alumno necesita tiempo para asimilar estas reglas y esto no significa que no podrá devenir un excelente profesional en el futuro. ¿Por qué sancionar a un niño que necesita más tiempo o que atraviesa un período de cuestionamiento, a la edad de 10 u 11 años, privándolo de adquirir las herramientas necesarias para su educación?

Así, estos niños se encuentran ante la exigencia de elegir un proyecto “realista” al comienzo de la adolescencia.

La adolescencia constituye una etapa donde varios cambios a nivel psíquico y físico tienen lugar. Los adolescentes están en la búsqueda de ellos mismos, aún no están listos para decidir sobre su futuro profesional. Esta situación es aún más complicada para aquellos que vienen de culturas diferentes donde el proceso de la adolescencia implica también la construcción de la identidad cultural.

De esta manera no es sorprendente que los alumnos muestren una gran desmotivación por el trabajo escolar en los primeros años de estudios secundarios, desinterés que es traducido como: “no pude tener acceso a una mejor vía de estudios, entonces no soy capaz de nada”.

Lo que permite proyectarse hacia el futuro es la convicción acerca de las propias capacidades y de que éstas son reconocidas por los otros. El fracaso escolar o la orientación hacia una vía secundaria poco valorizada socialmente marcan profundamente la imagen que el joven tiene de él mismo.

Frente a un sistema escolar exigente y a un mercado laboral que lo es aún más, los jóvenes deben poder adquirir herramientas para su futuro. Esas herramientas son las cualidades, competencias y saberes que adquieren durante toda su vida y a través de las experiencias. Pero esos recursos no pueden valorizarse si la persona no toma conciencia de ellos.

Lo que permite proyectarse hacia el futuro es la convicción acerca de las propias capacidades y de que éstas son reconocidas por los otros. El fracaso escolar o la orientación hacia una vía secundaria poco valorizada socialmente marcan profundamente la imagen que el joven tiene de él mismo.

Entonces, ¿cómo facilitar el recorrido escolar de estos niños a fin de maximizar sus posibilidades de aprendizaje?

“La escuela es el lugar donde los niños, que no corresponden a la imagen que los enseñantes esperan de ellos, pueden devenir marginales y jamás obtener logros”. [1]

¿Qué lugar hay para que el niño exprese este malestar?

Un trabajo que permita al niño construirse psíquicamente facilitará la entrada a los aprendizajes. De ahí la importancia de crear un espacio que posibilite la relectura, la reconstrucción de la propia historia.

Ésa es la apuesta, y en ella el marco metodológico del “Balance-Portafolio de competencias” nos da algunas pistas para el trabajo. Se trata de una metodología pensada y creada para valorizar las capacidades desarrolladas por la persona “adulta” a lo largo de sus experiencias de vida. Este método reúne aportes de corrientes que trabajan con la historia de vida como proceso de formación y, con el análisis de experiencias en todos los aspectos de la vida. La hipótesis del “Balance-Portafolio….” es que las competencias y las capacidades sólo se pueden comprobar en la acción, y propone el análisis de esas acciones para identificar los propios “recursos”.

 

“La escuela es el lugar donde los niños, que no corresponden a la imagen que los enseñantes esperan de ellos, pueden devenir marginales y jamás obtener logros”.
La metodología está centrada en la lógica del actor y del autor, como así también del reconocimiento, a diferencia de las herramientas clásicas donde el acento está puesto sobre el experto y su evaluación. Se valoriza el proceso, la experiencia vivida por la persona y el proyecto a realizar. Implica reconstruir la propia historia, re-apropiarse de sus etapas y reconstruirse subjetivamente. Este tipo de trabajo tiene por objetivo la autonomía de la persona por la comprensión de su entorno y de las influencias sobre su historia, lo que posibilita la capacidad de autoformarse y responsabilizarse de las elecciones realizadas.

Este proceso favorece la toma de consciencia, el reconocimiento de los elementos identitarios individuales y en comunidad, destacando los valores propios que van formándose en este interjuego entre los recursos personales y las experiencias vividas. El participante retoma “las riendas de su historia”, encuentra el hilo conductor y se ubica en un entorno social, histórico y cultural. Dicho de otro modo, se trata de darle un lugar al “sujeto” para que pueda ser agente de su deseo.

Y en este sentido la adaptación de este tipo de trabajo para ser utilizado con niños y adolescentes brinda un marco que posibilita la expresión del malestar sin ser sancionado socialmente, y abre un espacio a una escucha diferente que apuesta a la construcción subjetiva.

Se sostiene la apuesta que hace lugar a la historia personal, familiar y cultural del niño, posibilitando el intercambio. Reencontrar en la propia historia y en los recursos que se poseen lo singular de cada uno, abre la puerta al futuro y a la construcción de proyectos.

Reencontrar en la propia historia y en los recursos que se poseen lo singular de cada uno, abre la puerta al futuro y a la construcción de proyectos.

Los niños y los adolescentes llegan pidiendo ayuda para encontrar un trabajo o una formación que les permita ser aceptados socialmente. Demanda que, como sabemos, es demanda de otra cosa.

A medida que el tiempo pasa, me encuentro cada vez más llevada a intervenir entre los límites de la clínica y la orientación profesional. Es en esa frontera donde la capacidad de escuchar tiene un rol determinante para que el malestar pueda ser expresado y tramitado de una manera un poco más aceptable para la sociedad suiza.

A l’écoute du mal-être des jeunes, Titular del diario Le Courrier, publicado el 31 de marzo en Neuchâtel, Suiza.

[1] Claude Mesmin: " maître de conférences" en psicología clínica y patología ; y en psicología del desarrollo y la educación. Investigadora del Centro Georges- Devereux y Gepela, Francia.

Artículo por:

Patricia Gimenez

Psicóloga, Psicoanalista, Suiza. 

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