ART BASEL WEEK-MIAMI BEACH- 2012

Por Letra Urbana


                                  

                                                                            Gisela Savdie
La sensación que queda después de la semana de Art Basel Miami Beach es una especie de éxtasis mezclado con frustración. Éxtasis, por la experiencia estética y visual sentida pero frustrante debido a que la cantidad de eventos que acontecen simultáneamente producen un estado de ansiedad tal que impide absorber y digerir con calma lo que se observa. Sabiendo de antemano esta limitación, me concentré en visitar la feria principal, hacer un recorrido por el barrio de Wynwood, y las ferias NADA y Untitled, por el arte emergente que representan.

A pesar de que la curiosidad consume, y muchas veces queremos saber el precio de una obra que llama la atención, la visita a las ferias resulta tanto mas agradable si no se indaga por  los precios de las obras. Como han comentado varios críticos de arte, los precios que se están pagando por ciertas obras están cambiando el significado de las mismas, y las están ubicando en otro contexto. Según Sarah Thornton en su articulo titulado “10 razones fundamentales para no escribir sobre el mercado del arte”, “el poder del dinero ahoga el significado de la obra”.

Sin embargo Art Basel se considera todo un éxito en la mayoría de las publicaciones y es un hecho que la feria y sus satélites han cambiado en los últimos diez años la imagen de la ciudad.

Con el problema de la recesión, el arte se ha visto obligado a depender de los inversionistas particulares, y esto, según comentarios de la familia Rubell, una de las mayores colecciones privadas en la ciudad, es lo que mantiene el arte vivo en este momento. Sin embargo la dependencia del  bolsillo privado tiene sus bemoles y el arte se ve sujeto a grandes arbitrariedad que cuestionan su valor. Es así como sucede que un artista considerado de mediana categoría puede de un momento a otro elevar sus precios enormemente dependiendo en manos de cual coleccionista cae e igualmente, un artista reconocido puede perder valor o permanecer ignorado  porque no logró caer en el rango visual de los que tienen ese poder de compra.

En la feria principal en el Convention Center, donde participaron unas 250 galerías que representaban artistas establecidos y emergentes, varias obras llamaron la atención. A manera de contradicción con lo mencionado anteriormente y con los personajes allí presentes, se aparecía imponente un espejo en cuya superficie tersa y finamente pulida  se plasmaba la frase de Primo Levi, “la vergüenza de ser un ser humano”. Era la cara del arte comprometido socialmente que golpeaba con fuerza y finura, parte de la obra de Kader Attia, Nothing has Changed,. Según expresó el galerista que maneja la obra, el artista muestra que la situación social de injusticia y maltrato a través de la historia sigue siendo la misma. La tortura como método de coerción se utilizaba en la edad media de la misma manera que se usa hoy en día en muchas cárceles del mundo “civilizado”. Attia se vale de referencias históricas que mezcla con documentación actual para mostrar que la situación se perpetua.

Letra Urbana conversó también con la Galería Casas Riegner de Bogotá, donde la artista Leyla Cárdenas mostró lo que podría llamarse una seccional de un cuarto inspirado en una casa de 1880 que fue demolida en Bogotá como parte del proceso de renovación urbana. La artista utiliza en su instalación materiales originales de la construcción.

Por otra parte la artista Laura Lima representada por la galería A Gentil Carioca, utiliza el cine como elemento de inspiración para su instalación con cajas y marcos de madera, cada uno de los cuales representa una secuencia cinematográfica.

Alrededor de Art Basel, se vienen creando año tras año nuevas ferias de arte, y no hay sitio mas representativo de la transformación de la ciudad que el barrio de Wynwood, que se ha venido convirtiendo gracias al espíritu visionario del empresario Tony Goldman en un  mosaico de galerías que abren día a día y de grafiti que invade sus paredes. Este genero, que cada año recibe mas reconocimiento, ha contado con artistas como Shepard Fairey, Roa, Nunca y Ski entre otros, que año tras año han venido participando en lo que hoy en día es un sitio obligado de visita para locales y turistas.

En el Fairchild Tropical Garden se encontraban las esculturas monumentales de John Chamberlain, junto con obras de Jorge Pardo y Cristina Grajales. El colectivo cubano-español ”Los Carpinteros” montó una original instalación en la playa conocida como Güiro, inspirada en el instrumento musical del mismo nombre, donde el espacio recreaba una cárcel, el bar tender era el carcelero y los clientes eran los prisioneros. Ha habido muchas obras de arte donde la interacción con el espectador se da muy a menudo, pero esta obra merece un lugar especial.

La feria NADA, la única feria dirigida por una organización sin animo de lucro,  se destacó una vez mas por la presentación de artistas y talentos importantes pero poco reconocidos, en un ensamblaje montado en el hotel Deauville, que respiraba mucha energía joven con ideas muy concretas y por fuera de lo establecido. Otra feria nueva con el original nombre de Untitled también produjo la misma vibración.

Por ultimo las zonas de Midtown y el Design District también tuvieron sus ferias,  Art Miami, Art Asia, Red Dot, Scope y muchas mas, y en el rio se inauguró por vez primera el Miami River Art Fair organizado por Nina torres Fine Art, donde se aprecio arte de todas partes del mundo, acompañado de esculturas monumentales a lo largo de la rivera.

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